martes, 29 de mayo de 2018

“Farah y el Antagonismo.”




“…Cuando las gentes viven en oposición y enajenamiento mutuo, como extraños, no puede llevarse a cabo ninguna gran obra en común…” “I Ching, el libro de las mutaciones”, Kuei-El Antagonismo”.



Él lo siguió intentando, con sus teléfonos trucados y sus “no pude leer tus mensajes”.

Ella sabía que era mentira.

Sólo ignoraba lo que no convenía a “su negocio”, a la sazón, ella.
Un negocio construido sobre crueldades y maltrato.

Quién sabe a cuantas mujeres más, además de a ella.

La acosó por un día entero.

Ella recordó como él cultivaba “su tupé”. Secador de pelo, signo bélico.
Ni escribir ni hablar sabe.

Eso ahondó el Antagonismo  de “los discursos paralelos”.
De hombres y mujeres.
Verdad respuesta con violencia, al verse descubiertas miles de tretas que van urdiendo.

A diario.

La humilló una respuesta amiga, y eso aumentó su soledad.
Sus ganas de dormir y despertar en un mundo nuevo.
Su hambre no hacía más que aumentar y corrió al Mercado.

Rodó por las tintorerías, y tropezó con las amigas.

Parque, fronda.
Libros y pájaros, tropicales.
Sonidos de ranas y cotorras.
Todas hermanas.
Lo masculino seguía versando en exabruptos.


Las hermanas antagónicas, la mayor y la menor.
La mayor obtuvo el Pasaporte con el permiso del Padre.
Franco era así.
La menor tuvo pasaporte militar. Libre.

Allá dónde obtuvo el visado colocó una mina con espoleta.
Las mujeres explotaban en rebeliones, tras el paso de la hermana menor.

Brasil, Marruecos.
Mujeres.


Las dos hermanas alejadas de la moda.
Armadas con pinceles y aquarellas.
Lápices y cámaras de fotos.

Tardes de Dictadura alisaron sus pelos africanos.
Aviones caros, Guerra del Líbano.

Alaska y los Pegamoides arruinaron su relación.
Empezaron a desentenderse, durante largos años.
Un fondo abisal, lleno de peces coloridos, se abrió entre ellas.


Antagonismo.
Familia y Revolución.

Reunidas, las hermanas, años después por la muerte, el duelo, y las ropas insensibles de los difuntos.

Echaron a caminar al encuentro.

Esta vez en aviones baratos.

Nunca se tomaban de las manos, las hermanas, pero hablaban de corazón a corazón.
Relataba, la hermana menor, sus desastres y tragedias.
Escuchaba emocionada, la hermana mayor.

Unidas por los páramos de color mostaza, volcánicos.
Vidas para siempre antagónicas.
Por el discurso paralelo y segregador de los hombres.

A trompicones y sustos.
Las marcaron, cual ganado Masai.
Un océano y miles de kilómetros de tierra las separaban.
Una en Europa. Otra en África.

Corazones divididos.
Acosadas las dos por el discurso paralelo de los hombres.
Soñaron en los páramos volcánicos, con arena del Sáhara en suspensión.



-Antagonismo:

sábado, 26 de mayo de 2018

Farah, la Sura y los Genios.



Lo vio entrar al tren, acompañado de una mujer, y adivinó que era su pareja.

Por la forma de acompañarla al asiento, por su aparente sumisión al paso femenino.

Ella no lo reconoció al entrar.

Ojos gastados tras lentes rosas, mientras conversaba con dos mujeres cubanas, las tres en la plataforma anterior a los asientos.

Mientras hablaban sobre el precio del transporte, sintió una mirada clavada en su nuca y se giró.

Lo vio mirándola.
Parecía rogar con terror.

Que ella no montara una “escena”, por descubrir, a golpe de puerta automática, sus mentiras.
Sólo una mente burda y estafadora como la de él podía imaginar tal cosa.

Ella se sorprendió, sólo a medias, siempre lenta, educada para la frialdad glacial en ese tipo de situaciones, desde su infancia de abuso.
Se sorprendió aún más, al comprobar lo poco que le dolía, quizás por esperado.
La cara de terror del hombre la hizo girarse, sacándolo de su ángulo de visión, su especialidad.

Se acercó a la puerta del vagón, mujer Fulani del Sahel.
Permaneció de espaldas al terror masculino, observando la ciudad pasar a ritmo de vértigo.

Llegó por fin a su parada, y se bajó.
Sin mirar atrás, fingiendo que no le importaba.


El hombre de Egipto le habló de “las seculares diferencias entre hombres y mujeres”.
La dichosa “costilla” de la que según él venimos la mujeres, saltó de entre las palabras y se le clavó en el corazón.
Confirmó, el hombre, aquel golpe de puñal, negando a Darwin.

Se sintió sobrecogida, dos hombres más allá, y recordó su absoluta falta de confianza hacia la mayoría de los hombres.
Argumentaban contra la Verdad con taimados discursos.
Ella, educada en el abuso, busca ansiosa el daño de los hombres.
Lo relaciona con el Placer.
Días de muchos desgarros auguraba el fin de la primavera.

Ramadán.
Anduvo en silencio, ensimismada.
Los Genios apagaron el fuego que calentaba el Hammam de su casa.

Se aprestó a escuchar la voz infantil que leía la Sura del Corán.
Eligió la 113, para desprenderse de tanto sortilegio doloroso.
Recordó el perfume del Benjuí quemado.
Preparó su manto nuevo, esperando la “noche del Destino”, 27 de Ramadán.
La piedra de Alumbre ya estaba preparada para quemarla en la puerta de la casa.

Todo con tal de liberarse de aquellas sombras oscuras, que hablaban de “costillas”, y de “por qué ella no encontraba al hombre adecuado”.
Todo iba a desaparecer, cuando acabara el Ramadán.

Ella la mujer Fulani  de barbilla tatuada, sabía cómo funcionaban aquellas sombras, y como alejarlas.
Se acercan a tu cama de noche.
Acarician tu cuerpo desnudo, apenas eres una niña.
Te educan en la culpa, cosa ajena al Islam, y pretenden manipularte con sus argumentos, tan viciosos como sus vidas.
No lloras, resistes, y el pellejo se te pone muy duro.
Y así comienzas a decir:
“Tomo refugio en el Alba…”

Sigues evolucionando, con sólo cinco versos.
Te acercas a tu corazón y te sacas el puñal.
Una herida más, o dos.
Cicatrizará.


Fulani:

Hammam:

Sura 113:

La Noche del Destino:


martes, 22 de mayo de 2018

MUJERES DEL MUNDO.






Trenes, andén 1.
   Gentes entrecruzadas, miles.

Mujeres. México, Rumanía, para visitar a mujeres de Senegal.
“Cercanías” que te alejan, así son los trenes.
  Te alejan cuando vas.
  Te acercan cuando vienes.


La mañana siguiente se anima.
  Entre panes hechos por mano de mujer rumana.
  Entre flores y plantas de Egipto.


La amiga llora.
  No conoce su futuro ni el de sus cachorros.
Fluyen las palabras.
De corazón a corazón.
Sin barreras.
¿Cómo podría tenerlas el Amor?


Distante, mil-kilométrico.
  Próximo, jugoso, rugoso.
Amor.
Colectivo, de fuerte individualidad.
¡Ay del Amor!


Quien sabe mañana, peruano, brasileño.
  Saharaui o argelino.
¿Quién sabe nada del Amor?

“Es que le gusta mucho jugar”, canta Marisa Monte al Amor.


Lavaron juntas, sus culpas, las mujeres.
  Con solo agarrarse de las manos.
  Cara con cara.
  Hablando casi en susurros.


Lo masculino brutal, dejado en paralelo, para siempre.
En una promesa.
  Secreta, y a voces coreada.
No más abuso, no más fingir que es Amor.


Se curaron a sí mismas, sin saber dónde llegarían.
  No tenían “metas”.
  Sólo mano con mano.
  Hijo con hija, todos adelante.
  Un día más, un minuto más.
Luchando con más o menos intensidad.


Fumó un cigarrillo búlgaro con una mujer rumana, regado con buen café.
Las dos huyeron, mujer.
Mujer mexicana con gorra de “Mickey-mouse”.
  “Compra toda su ropa en USA”.
  Va en avión a comprarla.
Su relato no es honesto, por eso huyen.


Mujer ecuatoriana habla con ojos que lloran sangre.
Todas, nosotras, relatamos la violencia.
Unas con la verdad desgarrada.
  Otras disfrazando el dolor debajo de un ratón infantil.

Mujer canta himno.
Mujer compra chalet.
Mujer compra bebé inseminado.
Todo es dolor y sacrificio.


La música de los aparatos masculinos de demolición, en forma de “pene hidráulico de metal”, se adhiere.
Impregna viscosa mi pensamiento, mientras demuelen un edificio. En tres, o seis días.


Converso con mujer peruana, aeropuerto.
Subo al avión, me alejo, acercándome a las mujeres.






-Marisa Monte: “Vai saber”:




Texto e ilustración originales de Farah Azcona Cubas.


miércoles, 9 de mayo de 2018

“Doña Farah y sus dos maridos.”




Doña Farah era una mujer inteligente, aunque algo desconocida, dado su gusto por los viajes.

Su visión del honor le había garantizado un puesto entre su familia, vecindad y amistades varias, que cultivó en aquella sociedad colonial. Subtropical.

Al despertar a la juventud, Doña Farah despuntó, por su arrojo, afán de conquista de Derechos y una actitud cosmopolita.

Tenida por “chic” o por “esnob”, dependiendo del ojo que la catalogara.

La frecuentaron hombres libertinos, que abusaron de su honra, escasos o abundantes caudales dependiendo de las circunstancias, y le hicieron añorar un amor inocente y pausado.

Se vio en un dilema “romántico” de primera magnitud en la Escala de Richter.
Un drama construido por su amor a los clásicos de la literatura rusa, y su amor por las grandes Divas del celuloide, que fueron construyendo un propio imaginario extraño.

Extraño porque versaba entre conocer a través de la cartomancia su “futuro amoroso”, mientras yacía en los brazos de hombres aventureros, dados a la bebida y a todo tipo de excesos.

Añoraba Doña Farah, al mismo tiempo, un amor lento, culto y refinado, que sólo encontró en las letras de las cartas y mensajes que, hombres más versados en la palabra, la fueron conquistando.

Se vio así, durante toda su vida, dividida entre la realidad, libidinosa y fallida, como la vida misma lo es, y aquel amor epistolar, el de las palabras, que la hacía crecer en cultura, criterio y calidad personal.

Y de esta manera, se vio Doña Farah atrapada entre dos tipos de “marido”, uno libidinoso y bastante zafio pero real, y otro, cuasi sacrosanto pero que la hacía vibrar de deseo al desafiarla intelectualmente en la conquista milenaria que animaba la vida de las mujeres desde hacía cinco mil años…

La conquista de una propia posición femenina, preeminente y que demostraba la imposibilidad masculina de llevar la vida adelante, llena de guerras y opresiones, la aisló.

Se fue transformando, por mor de todo esto, Doña Farah, en una mujer revolucionaria, imposibilitada de relacionarse ya en su madurez, con hombres más o menos brutales en función de las expectativas del engaño original que estaba siempre bajo la cama de aquellos amores, que a pesar de todo disfrutó. Como víctima y verdugo


lunes, 7 de mayo de 2018

FARAH DO FIM DO MUNDO.





Se anunciaba el Caos, en las noticias y en la televisión.

Se alejó de aquellos aspavientos, acostumbrada a los delirios del Mainstream.

Hablaron a través de los miles de interconexiones que hacían posible una conversación a través de un ordenador.

Aseguró su doliente estado, por caer una y mil veces en las tretas de los “listos”.

Se declaró “idiota”. “Otaria”.

Nunca renunciaría a su inocencia.

Sin llantos ni lágrimas.

Ya era costumbre dejarse envolver por los “listos”, o eso creían ellos.

Ella, la Mujer del Fin del Mundo, pagaba un precio, por disfrutar de aquellos “listos”.

De sus tretas de baja calaña. Sus amores interesados, monoplaza.

Destripados por su propio narcisismo. Imposibilitados, mutilados para el amor.

Al contrario de los “listos” ella no descartaba a ninguna persona. No hacía juicios. No consideraba a nadie “desechable”.

Iba acumulando en su cuenta de la Paciencia.

Uno y mil sinsabores. Tres mil quinientas lágrimas por día.

Lágrimas con ojiva nuclear. De ojos verdosos.

La llave abría monótonamente la puerta, dos veces cada vez.

Los zapatos conducían su cuerpo, arriba y abajo, estrujada por los afanes de “listos” e “idiotas”.

Pasado un largo tiempo, cerró las ventanas de su corazón, como una buena amiga le había sugerido años atrás.

Tardó en aprender la técnica. Las bisagras del corazón están llenas de sangre.

Duelen al cerrarse.

Lo mismo que dolieron al abrirse, desechada la virginidad, aconsejada por Freud.

Vivió su pelo africano, al viento. Con vida propia, sin obedecer.

Sólo se conmovió con el flaquito “teledistante”. “Magrelo

Tendones de hierro, nervios de acero, leones en el alma.

Juntos, separados por miles de kilómetros de océano Atlántico, vieron al hombre generoso.

Ella sólo en la pantalla.

Él había conseguido verlo en persona, muy cerca.

Desterraron el fetichismo. El hombre generoso era un líder.

Aparecía gente en el programa “teledistante”.

Mujeres negras, mujeres pobres.

Dignidades resueltas a través del hacer del Líder generoso.

Tanto, que ahora yacía en la mazmorra.

Por levantar un Bello Monte. “Belo Monte-Canudos.”

Un monte preciado en el que las chicas y chicos iban a estudiar. Por primera vez en siglos.

Un monte lleno de casas humildes levantadas bajo la dirección del líder.

Dónde antes había hambre, había hoy una olla llena de buena comida.
La generosidad era tal, que el comercio florecía.

Las calles se llenaban. El pueblo organizado.

Tal pareciera una nueva “Columna Prestes”, y un juez lampiño, detuvo tamaño paseo de la Democracia.

Insultos, “Unfollows”, “Blocks” iban secando gente. Dejando esqueletos en aquel baile de pirañas.

Se vio lejos, muy lejos en el diálogo con él

Ya era Farah del Fin del Mundo.



-Mainstream:
-Caravana Lula da Silva por el Noreste de Brasil:

-Columna Prestes:

-Belo Monte-Canudos, Brasil:





sábado, 17 de febrero de 2018

Por qué me sumo a la Huelga Feminista del 8 de Marzo.


Las huelgas son, desde los inicios del movimiento de las obreras, armas de combate contra el Poder ejercido en contra de los derechos y contra las Opresiones.

Las mujeres hemos usado ese Derecho a la Huelga desde hace siglos, para reivindicar y conseguir objetivos que iban a favor de todas las mujeres, combatiesen o no.

El Derecho a una jornada laboral digna y bien remunerada, el Derecho al voto femenino lograron objetivos para el conjunto de las mujeres, aunque sólo las que íbamos a la vanguardia de la lucha recibiéramos los palos, mujeres quemadas vivas ante reivindicación de aumentos salariales, y mujeres que quedamos señaladas para siempre por el Poder opresor, o por síndrome de stress post-traumático, después de recibir tortura, vejaciones, humillaciones y violaciones para callar nuestras voces.

Me sumo a la Huelga Feminista del próximo 8 de Marzo, por ideología política, sí esa que hace que muchas mujeres que se han beneficiado de nuestra lucha, para ejercer hoy día sus profesiones, nos rechacen, y digan que “no apoyan la politización del 8 de Marzo”, pues ellas preferirían que les regalasen flores enviadas a sus redacciones de televisiones o despachos de diputadas.

Lucho por las mujeres indígenas que se unirán a la Huelga desde Chile, las Mujeres Mapuche.

Lucho por las Mujeres Sin Tierra de Brasil, que pagan con su vida el hecho de ser pobres en un país en el que la Tierra es una conquista que ellas pagan con sus vidas, las de sus maridos, hijas e hijos.

Lucho por las hijas de las Mujeres, para que hereden una calle segura, en la que poder transitar sin miedo a cualquier hora del día o de la noche.

Lucho por cada Mujer ambientalista asesinada en las naciones hermanas de Latinoamérica.

Lucho por una Revolución, la Feminista, que será tan o más grande que las revoluciones del siglo pasado.

Lucho por cada mujer asesinada por decir “no”, “ya basta” o “a mí no me pegues más”.

Lucharé siempre por las Mujeres de los Barrios pobres, para que puedan alimentar sus vidas y las de sus familias con salarios dignos y Derechos Humanos garantizados, sea en India o en Egipto.

Lucharé toda mi vida por la Libertad de que cualquier Mujer pueda ser nudista o usar velo.

Pero, lo más importante es que lucharé siempre por un Mundo sin Egoísmo, al que podamos acceder por igual a la Educación, al Amor y a la Ciencia.

La Honestidad y generosidad de tantas Mujeres que cayeron en ese combate, para que todas fuéramos un poco más Libres y más Iguales, cada vez, serán mi escudo y mi insignia.

Jamás cejaré en mi empeño de luchar para que no haya Mujeres secuestradas por la Trata, Mujeres obligadas por la opresión a prostituirse.

Iré a la Huelga para que no colonicen nuestros cuerpos convirtiéndonos en incubadoras humanas para bolsillos burgueses.

Y personalmente, Lucharé para que las Mujeres Transexuales no vean secuestrada su actividad y pensamiento político, siéndoles sustituidos por cirugías, documentos y trabajos mal remunerados, disfrazados de “integración”, pues no nos falta ningún pedazo que pueda sernos dado para vivir en Libertad.



sábado, 13 de enero de 2018

“Pequeñas manos, pequeños pies”.



El abrazo de los niños que cuidé y amé con lealtad, salvaron mi vida de un abismo del que llegué a pensar que nunca saldría.

Echo en falta esos pequeños pies, a veces diminutos de bebé.
Aquellas preciosas manos, tan chiquitas, perfectas.

Podía contemplar la Gloria de la vida, acunada en mis brazos, y solía admirarla extasiada, por horas.

Mi vida adulta era terrible, pero no así mi infancia.

Recuerdo el abrazo de mi madre, que luego devolví a mis niños y niñas.

Recuerdo la risa de mi padre, muy contagiosa. Su cariño al dirigirse a mí mientras era, yo misma, una niña. También la devolví a mis niños y niñas.

En los momentos de soledad, me vienen a la mente esas preciosas imágenes, que serán por siempre mías.


Son mi tesoro y eso me llevaré de la vida.


Fotografía: G. Verswijver.