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martes, 21 de marzo de 2017

Oh, Simbad...



Me acostumbré a perderte, cada vez que llegaba el Monzón.
Te alejabas en tu barco, a enfrentar olas enormes y peces grandes.
Me acostumbré a tus viajes, a esperar, en buena compañía, con el corazón lleno de amor para tu regreso.
Sólo tú sabías enfrentar una tempestad, como la que yo era en aquel entonces.
Recuerdo tu felicidad de celebrar mi raridad, a cada vuelta de tus viajes.
Que felizmente orgullosa me mostraba, contigo, frente a la crítica de todos. Que orgulloso me mostrabas, ingenuo de ti, a tus amigos.
Tu piel oscura, tu andar bamboleante, hecho de olas de mar y de cerveza, espantaban a casi todo el mundo.
Siempre sabía cuando era la hora de tu regreso, sin mirar calendas ni horóscopos.

Hasta que te dije, vete…

domingo, 8 de enero de 2017

De Farah y el cuero corroído.



Se sintió abrumada por el peso de la vida, sin más. De repente.
Le cayó todo el peso del globo terráqueo encima, y fue mujer en un mundo repugnante.
Asqueada, se abandonó a su dolor de cabeza, las náuseas, esta vez reales, y el desamor.
Ella hablaba de un estudio sobre la violencia en los jóvenes árabes. Él hablaba de armas, sabía sus modelos, peso y calibre.
Parecían dos monólogos que nadie escuchaba.
Empezó a enfadarse, y apesadumbrada lo abandonó en la ducha, con una frase que ella sabía lo dejaría desconcertado.
Harta de un juego de dolor interminable, no sabía más que debía hacer. Ni siquiera quiso hacer nada. Hastío era la palabra.
Fingió no estar enfadada, ni decepcionada, cuando él le preguntó. Su cara jamás ha disimulado nada, y cien mil años de historia le cayeron en el rostro esa noche.
Él deambulaba, torpe, por la vida de ambos, sin saber que hacer o decir.
Ella lo despidió en la puerta con una mirada que contenía toda la tristeza del Océano.
Él se resistía a abandonarla, y ella dibujó una sonrisa que sabía lo alejaría.
Él continuó preguntándole, desconfiado, a través del teléfono que era lo que le pasaba, la noche llegó y ella cortó la conversación.

Al día siguiente decidió viajar a visitar a una amiga. Tomaría un avión que le borrase la tristeza de la faz. Habló con su madre y juntas lo planearon todo, quién cuidaría a la loba en su ausencia y algunos detalles más del dinero y más componendas cotidianas, de las que sólo las mujeres resuelven bien.
Deseaba tanto ver los ojos limpios de su amiga, tan amada. Hablarían deseosas, de saber la una de la otra, animadas por el cotarro político y la basura en la que se les había convertido el Mundo. La llamó para decirle que iría a visitarla, y una nueva esperanza, pequeña como la luz de una vela, comenzó a encenderse en su alma.
Su alma. La de las mil batallas, pedazos hechos jirones colgándole, cicatrices que sólo a él le había enseñado.
Miró a su loba dormir feliz, y verla la consoló.
Escuchó a la loba beber agua, con ese sonido familiar, de vida en comunión, sólo con ella.
Afiló sus colmillos, loba también, para comenzar una nueva andadura. Lavó su pelaje que brillaba más tarde con el sol de la mañana.
La conversación con los Tidjaníes le devolvió la fuerza que creía perdida. Hablaron de la Vida, el Alma y la Ciencia. ¡Oh Ciencia amada que no conoce fronteras! Omnisciencia del desierto, al fin. Se declaró observadora de la Baraka y ¡el tidjani la entendía!

Despertó a la mañana después del peso, la angustia y aquel parloteo sobre armas, que aún le rondaba la cabeza.
 Ella supo que sólo era cháchara, y le resultó tan infantil que abominó de aquel hombre. ¿Qué sabría él lo que era asustarse al ser encañonada en cualquier calle de Salvador, Bahía?
Ver la boca pequeña de un revólver plateado y feo, apuntándote.
Contemplar a los verdaderos bandidos blandir sus ametralladoras de culata corta, vigilando su bosque, al que una vez entrabas, salías bandida o cadáver.
Borró aquella presunción, aquella bravuconada de hombrecito patético, con sólo pensar en la valentía de una mujer iraní que afrontaba su historia. Recogió sus cabellos de henna, largos, y comenzó a preparar su hiyab, para emprender su nuevo camino. Mejor así, pensó,  sin que los bandidos observen el brillo del pelaje de una loba que cuida celosamente de su manada.


viernes, 2 de septiembre de 2016

FARAH Y EL AMOR PROLETARIO.



Pensó en una frase absurda, mientras veía una película recomendada por una arpía clasista.
“Quiero pedir una hipoteca por la casa de Malibú” decía el protagonista a su ex mujer.
“Compraré la momia de Lenin con el dinero para aclararme si soy pan sexual, bisexual o simplemente hetero”, añadió Farah en su fértil imaginación, regada la tarde anterior con una sesión de sexo duro.
Recordó a su amor comunista, por el dolor que sentía en sus pezones, amoratados por la pasión y la locura vivida juntos.
Mezclaron el olor a sexo con sonrisas, y conversaron sobre el Capitalismo y el amor romántico. Sobre Engels y su “amor proletario”, contándole ella que, según este, sólo entre la clase proletaria se podía dar el amor, excluidos los afanes económicos.
Sonrieron ante lo absurdo del planteamiento, entrados en la segunda década del siglo XXI, y se amaron a distancia, sonriéndose con el alma.
Una inyección de creatividad venida del cuerpo de su amor proletario la llenó de energía, y pensó en cuan inútiles eran las teorías, los ensayos y metodologías, cuando dos que se aman se enfrentan desnudos en un mismo combate.
Una batalla más de lo cotidiano que todo lo vuelve anodino, y conversaron sobre la convivencia. De lo imposible que resultaba a ambos, seres solitarios, compartir el espacio con alguien tan avasallador como ella. Todo esto yacía oculto en las frases de su conversación, él rendido, al fin, ante el amor de ella.
 Convencido de que ella, pobre iluso, no quería poseerlo, él sonrió, pensando tal vez que habían llegado a un entendimiento mutuo. En el fondo ella estaba alegre por lo mismo, incoherente, humana e imperfecta. Radiantes los dos por el ejercicio de “¿Quién domina a quién?” que habían puesto en marcha en su cama, se amaban en silencio, sólo mirándose.
Ella pensó en su abrazo, capaz de una dulzura contrapuesta a su forma de morderla y apresarla bajo su fuerza media hora antes, y llena de incertidumbre y muy feliz, se durmió pensando en él, su amor proletario

lunes, 2 de noviembre de 2015

MEJOR SIN TI.



Tenía razón aquella mujer que escribió que, “no es no”. Hacía dos días que se sentía alerta, por todo lo soñado, los signos y un miedo visceral, el único auténtico.
Entendió que cada hombre que intentaba conocer le señalaba el camino que no debía recorrer. Nunca un camino en pos de servir a nadie. Nada de suplantar o tomar como suyo algo que no era. Algo que nunca podría ser. Siempre la mentira por debajo de todo.
Cada uno de los dos hurgó en el historial cibernético del otro. Se investigaron. Se leyeron. Sólo en ese momento comprendió que nada tenía ya qué hacer con aquella gente.
Gente mezquina, que busca gente a la que consumir. Otro dictador, empequeñecido por sus mezquinos deseos. Apenas otro psicópata incapaz de sentir empatía por los sentimientos de ella o de nadie más que de sí mismo.
La sola idea de yacer en compañía de aquel narcisista que lloriqueaba por su juventud perdida, le horrorizaba.
Se confortó con su sueño, en el que el amor de una piel oscura le tendió la mano. La tomó y conoció el auténtico Amor.

Al despertar anduvo hecha un fantasma por toda la casa, hasta que las letras, amigas inseparables de su alma, le ayudaron a decir: ¡Mejor sin ti!

martes, 8 de septiembre de 2015

"VIENTRES LIBRES"



Fue durante los cinco siglos de esclavitud atlántica llevada a cabo por España, que se fue acuñando este título. Lo fue ante el agravio que recibieron las mujeres africanas esclavizadas, siempre en menor medida que los hombres y aproximadamente un 28% en el mayor de los casos, “mandadas a ganar” o “ganaderas”, esclavizadas en plantaciones o al servicio de la prostitución, cuando no en los tres casos simultáneamente.

El resultado de la negativa de los Tratantes de Esclavos españoles, negreros, a que, siguiendo indicaciones de la Corona y otros Estamentos, los esclavos se casaran y tuvieran descendencia, fue este desequilibrio, entre el número de mujeres traficadas y convertidas en esclavas en América colonial española con respecto al número de hombres esclavizados, usados como mano de obra de desecho y remplazo, tal y como figura en los documentos sobre la Trata, que figuran gracias a la obligación de “asentar” el número de esclavos a fin de que la Corona cobrase un impuesto por cada “cabeza” esclavizada.

Fueron variados los reclamos sobre el fruto del matrimonio, prostitución o violación por el Amo con las esclavas, desde la Iglesia hasta recomendaciones hechas por Emperadores y Reyes españoles durante los cinco siglos de Trata esclavista en nuestro país. Los anhelos humanitarios de algunos sacerdotes y obispos, por razones morales, acabaron confinados en Roma, bajo la custodia de una Iglesia que poseía y traficaba, comprando y vendiendo, esclavos.

Durante “El largo discurrir de la Abolición (1865-1886)*1 se discutió primero que nada la “Libertad” del fruto de los vientres esclavos, batalla que se dio en llamar de los “Vientres Libres”, que fue defendida por los Abolicionistas españoles. Durante las Cortes de Cádiz, Amadeo de Saboya y los periodos anteriores a estos dos episodios de la política española moderna, se abre el debate con suerte desigual, con el mismo resultado negativo para las mujeres africanas esclavizadas y sus hijos.
Se desprende de tal situación, que se prolongó por largos años, que el hijo de una esclava era Libre mientras su madre no lo era. Pasemos de largo por los cuatrocientos cincuenta años anteriores en los que no se tuvo tal consideración con los hijos de las esclavas africanas, fruto de su matrimonio con otro esclavo, de la violación de amos, o de su dedicación a la prostitución.
 Y nacieron los primeros africanos libres en América española, hijos de “Vientres Libres”, después de que los anteriores fuesen vendidos, junto a sus madres o por separado, y hablemos de los “Vientres subrogados”, situación que nos viene importada de Estados Unidos, que fue el país que más trabajó en la Abolición de la Esclavitud, al tiempo que se lucraba como ninguno de los residuos de esta.
Del uso de otra mujer para gestar al hijo de una pareja, del género que sea, estéril o fértil, o de un hombre o una mujer solteros, se viene a considerar esta nueva suerte de “Trata de Vientres”, en pleno siglo XXI.
Deberemos considerar el estudio de la Trata esclavista colonial como punto de referencia desde el punto de vista económico, ya que esta es la primera situación, según analiza Marx, en la que se usa “mano de obra esclava para generar un flujo económico constante” mediante la puesta en el mercado del producto elaborado por esclavos, como la misma Trata en sí, dado que se lucra el colonizador europeo con la venta de “armazones” de negros, como ellos denominaban a cada expedición esclavista hacia América.
Pretenden hacernos creer que una madre prestará su vientre mediante una transacción económica, para gestar un hijo ajeno, sin que esto acarree consecuencias. La primera es la Libertad de las mujeres abocadas a tal comercio por escasez de recursos económicos. La segunda es la Trata de Vientres que realizarán de legislarse, como ya se ha hecho en Estados Unidos, en nuestro país las personas que “deseen contratar estos servicios”, como si fuera alguien que viene a limpiarte la casa, te aparca el coche cuando vas a un refinado Club, o atiende tu teléfono en tu despacho, para que puedas dedicarte a tareas más sofisticadas.

De esta suerte continúa el Capitalismo usando seres humanos para generar beneficios económicos o bienes, tal es un bebé subrogado. No se arredra ante lo inhumano de la Esclavitud de africanos en la América Colonial, de lo cual han pasado apenas ciento cincuenta años, para inaugurar un nuevo formato, la Trata de Vientres, exclusivamente femenina, de insospechadas consecuencias y que abrirá un brecha abismal entre las mujeres pobres y el resto de humanos que deseen “Subrogar sus vientres”.

*1 "LA ESCLAVITUD DE LAS ESPAÑAS. UN LAZO TRASATLÁNTICO." José A. Piqueras, Editorial "Catarata", pag. 234

viernes, 7 de agosto de 2015

Yo, Ciudadana.



Como Ciudadana globalizada, se me pone el reto de no desintegrarme como mujer ante la emergencia del desastre fingido con el que el Capitalismo, en su versión más horrenda, pretende ilustrar el siglo que se nos viene por delante, y del que apenas llevamos transcurridos dieciséis años.
La Teoría Post-Colonial me ha mostrado una ciudad cruel, en la que ser objetiva me fulminaría de dolor, si me parase en mi subjetivo andar trastabillando por las aceras del Mundo Global.
La muerte de la Democracia representativa es hoy un hecho funesto, constatado ante el colapso de los Estados Nacionales e incluso del supra estado económico de la Unión Europea. Estados vaciados de contenido político en pos de un único objetivo: amasar fortunas virtuales que sólo confunden a la Ciudadanía, nuevamente en forma de propaganda, expandiéndose hasta en el más vulgar noticiero de cualquier televisión del Planeta.
Contamos con muy poco ejercicio honesto del Periodismo. El Activismo político está mal visto, por la ciudadanía apoltronada ante la jornada de final de copa de fútbol o cualquier magazine que destripa a cualquier farándula, delante de sus narices, después de comer.
La Cultura ha muerto a manos de la híper-conectividad. No somos capaces de leer más allá de un titular. Los libros han muerto a mano de las editoriales que sólo quieren rédito económico.
Yo misma, como sujeta política, obligada por mi condición de Ciudadana, voy a la deriva. Mi planteamiento es hoy feroz después de contemplar como las mujeres somos asesinadas, nuestros hijos masacrados, y viendo como el fantasma de una Guerra pavorosa se extiende por todo el Orbe.
Anuncian “nuevas masculinidades”, feminismos variopintos, olvidando sin pudor la lucha de la Ciudadanía Proletaria que le costó a este planeta el sudor, la sangre y las lágrimas de millones de seres.
Se personan cual tutores, en nombre de las prostitutas, para “legalizarlas”. Nos llaman mentirosas por denunciarlo. Hablan de hombres maltratados, de denuncias falsas. Simplemente nos expulsan del lugar al que hemos llegado después de siglos de batalla dura. Gobiernos supuestamente de izquierdas que no contienen una sola Ministra mujer.
El hecho plural de la sociedad barre con cuotas de poder alcanzadas a base de muertas, asesinadas y pisoteadas mujeres, del pasado y del presente. Se sostiene que “la consecución del bien común borrará la desigualdad”, lo que nos retrotrae al principio del siglo pasado, en cuestión de conquistas Femeninas, Feministas sin ningún atisbo de pudor por mi parte al decirlo.
Nuevas formaciones políticas auguran alcanzar Shangrilá, a base de repetir la injusticia del reparto del Poder, y dejarlo en manos masculinas. Las mujeres que conforman estos nuevos Partidos, nos llaman a la cara “anticuadas”. Lo nuestro, el Feminismo, es cosa del pasado, nos dicen en  nuestra atónita cara.
Un torbellino amoral y falto de toda ética arrolla al poder político, convirtiéndolo en mero ejecutor de órdenes bancarias. Países en bancarrota, migraciones forzosas por causa de Guerras interminables, y de nuevo estamos solas.
Solas, las Ciudadanas, ante la ignominia y el desprecio del Poder, que contempla como nos asesinan, torturan y violan, sin ningún pudor.
Vacías promesa románticas envuelven en su manto asesino a mujeres cada vez más jóvenes. Hombres embaucados por la ideología única, convertidos en tristes peleles del Neo-absolutismo con que se nos gobierna, con mano de hierro.

Y por eso hoy, Ciudadanas, os convoco a revertir nuestra situación, y reclamar un Proceso Constituyente para nuestro Estado, que nos coloque en el lugar en el que nosotras decidamos estar, y al Fascismo dónde siempre debió estar: en el abismo de la oscuridad al que nos somete a diario.

martes, 21 de julio de 2015

DE LO INCREÍBLE, LA CIENCIA Y LAS MUJERES.



Hacía días que yacía presa del dolor por su operación. Una cirujana, mujer valiente y de enorme destreza médica, había acabado con sus problemas de raíz, y nunca mejor dicho. Su cara inflamada en uno de sus carrillos, que había adquirido las dimensiones de uno extraordinario, le daba unos latidos profundos, tratados con la Ciencia.
Aquella misma Ciencia dominada por el Capitalismo feroz que dominaba, esclavizaba y asesinaba a miles de personas en un solo día.
En un solo día el Terremoto de Nepal había acabado con seis mil personas y esa loable destreza no había conseguido pararlo. Contempló la Ciencia con pena, por los maravillosos resultados, cuando puesta en manos de una mujer joven y cirujana obraba milagros, y cuando puesta al servicio de la devoradora máquina del Capitalismo arrasaba un país en una sola noche.
“Drones” volando, para vigilar la Franja de Gaza, irrisorio pedazo de tierra que aún mantenía la bandera de Palestina en alto. Una sola bala lanzando a miles de personas a protestar por otra muerte injusta de un afroamericano. Una más, que ciertamente no sería la última.
Desde lo vulnerable de su estado de salud, que lentamente se restablecía, pensó en como varían los tiempos según quién y cómo los maneje…
En manos de una mujer cirujana con interés médico hacía milagros y lo volvía todo lento, quien sabe para que se admirase la labor y belleza del trabajo realizados.
En manos de lo más asesino del Capitalismo, y en sólo cuatro horas, miles de hombres, mujeres y niños muertos. Ancianos enfermos soportando las bombas, incendios y penurias de un ataque bélico. Niños con miembros amputados y quemaduras gravísimas, que marcarían su vida para siempre. Pesadillas y sudores en medio de la noche. Angustia de sus padres por no poder darles el Futuro cierto con el que habían soñado cuando les trajeron al Mundo. Doctoras, cirujanas impotentes, al ver su Hospital bombardeado, sin luz, o desmantelado por el rapaz capricho de gente sin alma que hace de la salud un negocio.

Negoció con su cuerpo y este no le respondía. La Naturaleza seguía su propio tiempo, sus normas no pueden ser desafiadas.