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miércoles, 11 de noviembre de 2009

LOS PÁJAROS CONTRA ELLA


Cuando aparecieron dos cernícalos volando delante de su terraza, Farah supo que algo nuevo venía a su vida, e inconscientemente se aterrorizó, al tiempo que se predispuso a aceptar la nueva experiencia.
Años de estudiar los signos le habían hecho amar a aquellos pájaros portadores de nuevas, que más de una vez le habían dado un picotazo en el alma, haciendo jirones de carne ensangrentada su corazón...
Llegó un nuevo mensaje y se sorprendió al ver quién lo enviaba.
 De nuevo sumergida en aquel laberinto de hombres-niño que buscaban su alma de anciana para que les guiase en su andadura, a ciegas por las emociones. Ella había llegado a comprender, que no tenían la culpa de haber sido educados en aquel juego de poder, que muchas veces les restaba inteligencia. Una inteligencia alejada del intelecto, que solo viene del corazón hecho jirones ensangrentados que tenemos las mujeres.
Puro nervio de acero en el caso de ellos, de plata muy vieja en el caso de ellas...

La música de muchos años atrás le acarició el cuello, y se sintió serena y confiada, como decía la cantante, al abrir el mensaje de su correo.
Un hombre-niño solicitaba su perdón por haber sido descortés, extraño, ridículo, explicándole que había sido causado por el amor que sentía por otra persona, y que le había hecho sentirse deshonrado. Sin honor al mentirles a las dos-que cosa tan tierna y tan infantil- pensó Farah, y le perdonó al instante, no sin antes herirle en lo más profundo, conociendo su miedo por la locura y el escándalo, escupido por ella en la conversación.

Se sintió feliz de haber mudado aquella piel hacia años. Feliz en su suerte por ser reptil, avanzó hacia su paquete de cigarrillos. Deseó hacer su maleta con pausa y guardar en ella pocas cosas, las justas para emprender un viaje que le mostrara algo completamente alejado del asfixiante meter la llave siempre en la misma puerta.
Quitó los cabellos que caían en su frente y apuró el humo tóxico que le transmitió el amor por lo letal, atesorado en tantas baladas de adolescencia.

Explicó al triste niño deshonrado que seria más fácil ser amigos, hablar sobre lo lúdico y falto de amor de un encuentro intimo, sin aspirar a ser héroes de novela. Sin corazones desgarrados, sin previos agravios, sin sufrimientos dramáticos, nada de eso era necesario para encontrarse desnudos frente a frente, en la nada, cosa natural en su vida de desierto.
Tan desgarrados como los gritos de los cernícalos. Hablándole al viento para buscar su corriente y volar sin gastar energía, disfrutando del placer de suspenderse en el aire. Por el puro y simple placer de volar, de disfrutar de sus alas sin culpabilidades, algo para lo que estaba completamente preparada.

Mentalmente deshizo su maleta y volvió a quedarse en el universo de la llave. Todos los días la mismísima llave, entrando en la misma puerta, placer descubierto en unos segundos, y que a veces es imposible percibir. Sobre todo cuando uno es un pájaro y solo quiere volar...

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