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domingo, 26 de diciembre de 2010

El padre, La URSS y el desencanto.


Su madre le había contado, años después, que su padre lloró al verla salir vestida como una europea, la primera vez. Los vecinos murmuraron durante más de veinte años. Ellos la habían criado en el desafío, la escuela, la lectura y los mapas de todo el planeta. En 1978, siendo Farah apenas una niña de ocho años, se reanudaron las relaciones diplomáticas entre su país y la Unión Soviética. Farah decidida por la alegría de su padre, conocedora de sus pasiones, por la lectura diaria del periódico de la tarde en su compañía, escribió a la nueva embajada. Una carta de niña política, con letra infantil.
El tiempo transcurría muy lento en aquellos años plomizos de color gris, solo animados por el domingo cuando iban a la iglesia comunista. Fomentaban allí la Teología Liberadora de los años 70 y Farah participaba en muchas de las actividades, leía en público, cantaba en el coro y era tenida por uno de los baluartes de aquella pequeña comunidad casi anarquista.
Andando los meses llegó una carta, un sobre grande, rojo y blanco, dirigido a Farah. Lo abrió llena de sorpresa y vio muchos mapas, prospectos de turismo en la URSS, y folletos de Aeroflot. Les acompañaba una carta del embajador que le agradecía su interés por ellos y le invitaba a conocer su gran país. Sus padres se miraban, entre admirados y asustados del hacer de aquella niña. Farah nunca volvió a ser la misma, sentía que el embajador le había concedido una carta de ciudadana y en el correr de los tiempos eso fue lo que la hizo llegar tan lejos.
Pasaron unos años más, lentos con caparazón y Farah decidió abandonar la enseñanza estatal para dedicarse a pintar y conocer el mundo. Sus padres gritaron y amenazaron pero ella insistía en ir a vivir a la Ciudad capital. En esos días abandonó el vestido tradicional y empezó a usar jeans y otras cosas, ante la desaprobación furiosa de su padre. Ella resistía y continuaba buscando ropas aún más arriesgadas, que la hicieran parecerse a aquellas mujeres soviéticas que podían viajar a la Luna en una nave espacial o trabajar en la industria pesada vistiendo un mono.
Su madre fue convenciendo a la familia de que si Farah no hacía lo que deseaba sería desgraciada toda la vida ya que ella veía un gran potencial en la niña y veía que era muy particular. Al final su padre transigió y Farah preparó su pequeño equipaje de niña-mujer. Se fue al aeropuerto y viajó en compañía de otras dos amigas. Su madre le contó que su padre había llorado mucho para acabar diciéndole: ¿Por que Dios no la hizo así desde que nació? Y su madre respondió con otra pregunta. ¿Así como? ¿Comunista?

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