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sábado, 25 de diciembre de 2010

Farah esperando.

Verano del 2000, Agadir.


Y yo esperando. A que tengas cobertura o enciendas tu teléfono.

Para anunciarte mi llegada y que, como siempre, me des malas noticias, o me digas mentiras o de nuevo estés borracho. Aún así te quiero y lamento que no hayas estado aquí, de nuevo, para evitarme tantos sinsabores e indiscreciones.

Contemplo a los niños jugando en la Plaza de la Esperanza, en Agadir. Esperanza de que me ames, y no sea por vivir en mi casa, para que todo te sea más fácil. Comprendo lo difícil que es estar en tu piel, amor, pero tu felicidad es responsabilidad tuya.

Veo en el horizonte la silueta de la vieja fortaleza de la ciudad, mientras pienso que tu amor me ha quitado la respiración, y no se que decir. Tampoco se que hacer con este amor loco e improbable. Te he comparado con un mundo del que no formas parte, ahora lo sé, conociendo tu ciudad. Tampoco formo parte de aquel mundo, ahora que te amo. La gente se extraña de mi fe y no se que decirles, pues están todos embriagados por el vino de Iblis...

Quieren agredirme porque soy diferente y lo muestro. Los vecinos me compadecen por mis nervios y murmuran a mis espaldas.

Recuerdo a mis amigas y siento su falta. Mi madre continúa teniendo el “poder” de limitar mi vida, aún en la distancia. Todo un juego de lágrimas, amenizado por el “Banco de Casablanca”, para no ser feliz nunca, para menospreciar tu amor y compararte con ideales extranjeros, inalcanzables. Para que salgas siempre perdiendo y yo por efecto dominó, también.

Entonces me sumergiré en el vapor del alcohol y el humo del hashish, esperando a que cualquier borracho del bar me desprecie, me insulte y hasta me amenace y me pegue.

La vida desagradable, vulgar no la perdono, sería una vileza. Toda su fuerza la he condensado en una piedra y la he tirado a la calle. Todas las envidias, maledicencias, malas miradas y humillaciones. Las he arrojado a un callejón inmundo del mercado de Talborjt, mi barrio querido a pesar de los ladrones, drogadictos y todos los que llegan para solucionar su miseria sin solución, a bordo de autobuses destartalados llenos de polvo del desierto, ventanas desdentadas con sucias cortinas negras, teñidas de rojo por el polvo del Harmataán.

El sentido global avanza, sin cultura, arrollándolo todo en una cruzada del Mundo Capitalista. Sin respetar al pueblo, planeando enfermedades globales, sin solución. La muerte es, pues, un viaje a otra dimensión más digna, Sin la esclavitud del dinero, ahora que vivir significa dinero.

Las comunidades religiosas de toda índole me han rechazado, y he inventado una nueva, de un dios natural que habla con los pastores, agricultores, pescadores y con todas las gentes simples que solo quieren vivir. Vivir, amar, viajar, leer y tomar café, té y agua. Comer macarrones, judías negras con arroz y cous-cous, en un mundo imposible, lleno de música histérica y personas amorales, maleducadas sin ética ni principios.

Y yo me pregunto en mi soledad, debatiéndome en mi mini-casa árabe de Talborjt, si esto será la felicidad. Si ésta consistirá en tener todos los recibos pagados y no tenerte a mi lado, amor. Aflora en mí la violencia, el dolor y el llanto de todos los niños maltratados del mundo que solo tenemos de amigo a Jean Genet. Observo como los musulmanes rechazan el mundo de las minifaldas y bermudas por diabólico, suspirando en secreto por tenerlas y ser como ellos. Para por fin ser modernos y ser aceptados.

¿Esto será todo? ¿La naturaleza no señalará el mal con algún signo? ¿Dios en su omnisciencia no habrá previsto para los solitarios otros planetas provistos de atmósfera, agua y comida? ¿La vida no se podrá apurar como un vaso de agua y así pasar a otro estado, planeta o país?

Pienso que mi sed, como decía Clarice Lispéctor, pedía inundaciones. Mi corazón, tan salvaje como el suyo, recibe el alimento del ruido urbano, del ajetreo de un café lleno de turistas que van cargados de maletas, y me siento lejos, muy lejos, en un mundo que ya no existe. El tuyo y mío, que me provoca un dolor de amor mal resuelto, tan viejo como mi alma y duele, amor, duele.

2 comentarios:

  1. Farah hablando en primera persona... y yo me quedo con esto: "Comprendo lo difícil que es estar en tu piel, amor, pero tu felicidad es responsabilidad tuya".

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  2. Si, en primera persona. Se ve que en el año 2000 no había que sacarle las palabras a la fuerza...

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