Translate

martes, 13 de diciembre de 2011

GANESH&SHIVA&PARVATI

DURGA

El animal salvaje.


Estaba ahí. Lo tenía delante de sus narices desde el día que nació y nunca lo hubiese visto de no haber sido por su hermana Robberta. El animal salvaje era ella, y ella se había construido su propia jaula, a fuerza de ser como Durga, la diosa guerrera, o Palas Atenea, la que nació de la cabeza de su padre, sin ser parida...
Se liberó al final de su amargo yugo de tristezas adornado con flechas de la Falange española en el documental que había visto el día anterior sobre la masacre de Extremadura, por el Ejército de África y los falangistas. Masacrando a viejas niños de 16 años, niños pastores que contemplaron el asesinato de sus madres.
Jamás podría ser feliz en un mundo así, en el que a nadie le importaban esas cosas, a juzgar por el escaso sonido del timbre de su teléfono de casa.
La falta de afinidad la alejaba cada vez más del mundo, y ya llegaba a sentir horror de salir de su casa, y enfrentarse a aquella marea, dirigible, inculta, capaz de cosas peores que aquellas de 1936. Una suerte de ojos enjuiciadores a los que les era imposible substraerse y mirar altiva y guerrera, desafiándolos en su triste ignorancia. Uniformados para sentirse acompañados, “formando parte de”, cosa que ella, nunca conseguiría.
Pensó que se parecía al dios Shiva que vivía como un eremita lleno de cenizas y con cueros de animales, y a la vez con su esposa Durga, ataviada con ropas preciosas, y armada hasta los dientes para vencer al diablo-búfalo.
Al final había sido parida con una cabeza de elefante y una barriga blandita, como el hijo de ambos Ganesha, con su ratón leyéndole un libro, disfrutando de su infancia...

La fiera y la jaula.

lunes, 5 de diciembre de 2011

Amanecía mientras perdía al hermano...



Ya casi amanecía, cuando los genios de la rabia, por la falta de verdad en las palabras del hermano, que la habían herido en lo más profundo de su ser, la hicieron levantarse de la cama ante la imposibilidad de conciliar el sueño.
Decidió que era mejor, entonces rezar y consultar su amado Corán, que le daría la mejor respuesta, como siempre: la de Al Láh.
Extrañó la voz del muecín, que en Agadir a aquella hora, estaría llamando a la oración, en un tono bajo para no estorbar a los que duermen, y que para ella cuando los conoció fueron un alivio al saber que no estaba sola, que al fin existía un lugar en el mundo en el que un hombre entregado a su fe, a la confianza en sus semejantes, velaba por los que lo necesitasen. Nunca más deseó irse de allí, aunque extrañas circunstancias la hicieron marcharse para siempre de aquella ciudad, cuando estaba tramitando la residencia permanente.
Recordó como durante más de treinta días, lloró en soledad, sin que nadie la oyese ni la viese, por su desgracia y la de todo un mundo que se desmoronaba ante sus ojos. Como telefoneaba a su madre fingiendo que todo estaba muy bien y que se sentía muy feliz, cuando se sentía la persona más solitaria e infeliz del planeta Tierra.
Abandonada para siempre por el amor, al azar, de mano en mano, sintiéndose carne utilizada por el fraude y el engaño. Una mujer árabe más.... pensó.
Aún seguía mascullando en su interior las palabras de su hermano, que le volvían una y otra vez a la mente, no con odio ni con rencor, sino por sentirse defraudada por su amado hermano, que tenía tantas preocupaciones que hasta la maltrataba sin darse cuenta, ante su propia infelicidad. Sintió una compasión inmensa por él, y se despidió en silencio, pues jamás volvería a ser el hermano que la ilusionaba por la tecnología y la ciencia. Ahora era un miedoso más, que arremetía contra la que él creía el ser más débil de la Creación. Deseó llenar los bolsillos de su gabardina de piedras, como Virginia Woolf, y adentrase en el Océano para no salir jamás de allí, formar parte de un mundo de sirenas, ondinas, ballenas y medusas fluorescentes, ante lo mezquino de la vida humana y lo inocente que ella, a pesar de todo, continuaba siendo.


Fotografía Teresa Azcona, todos los derechos reservados.

miércoles, 30 de noviembre de 2011

¿Primavera árabe o glaciación islámica?


Todos hemos visto como las revueltas que comenzaron desde Layounne que han dado lugar al movimiento de los descontentos contra Mohamed VI, pasando por Túnez, Egipto, Libya han sido una maniobra de “quema de archivo” de la CIA de dirigentes que sabían demasiado reemplazados por supuestos islamistas cuando no por el propio y mismísimo ejercito, caso de Egipto. Han aprovechado la buena fe del pueblo que creía que al fin llegaba la ansiada libertad para tirarlas en brazos de normas más rígidas que las anteriores cuando no en un deterioro de un sistema “democrático ficticio” que mantuvo a Hosni Mubarak en el poder décadas.
El caso tunecino sea quizás el más dramático donde han pasado de la libertad, igualdad y fraternidad, en un país en el que el aborto estaba legalizado y de corte árabe pero en el que las mujeres gozaban de total igualdad, para acabar con el triunfo de los islamistas “moderados” en unas elecciones en las que la desconfianza total de los votantes, caso de las elecciones marroquíes del día 25 de Noviembre, han dejado el paso libre a fuerzas que causaron en Argelia 250.000 muertos al ser ilegalizado el tétrico F.I.S. en la guerra civil encubierta en la que el ejército miró para otro lado, cuando no colaboró en las masacres y apoyó al F.I.S. con la Ley del Perdón o reconciliación, aprobada por Buteflika, mientras los radicales fueron vencidos por la sociedad civil.
Será la Sociedad Civil la llamada a dirigir esta nave a la deriva de las “primaveras árabes” a buen puerto y no la clase política, mucho menos el ejército, empeñado en continuar con sus prerrogativas de los “años de plomo”para que el proceso no cristalice en una “Era Glacial islámica” en una región que reclamaba formar parte del siglo XXI y ha sido “obligada” a retornar al oscurantismo de los latigazos por llevar vaqueros, sumiéndose en una sima en la que por justicia no se merecían caer.
Nada cambiará. No esperen gran cosa de las elecciones egipcias en ciernes, y miren como la flota de la armada naval rusa se ha dirigido a apuntalar a Siria, animada por su cómplice China. Observen como los Reinos Wahabitas han desatado una “ola de modernidad” perdonando a una mujer que condujo un coche, para apuntalarse en el poder y observen como ha nacido la nueva Guerra Fría: de un lado EEUU, Israel y Europa arruinada para mantener hasta a su propio cuerpo diplomático y del otro al demonio “islámico” que años más tarde nos mostrará los “gulag” creados para reeducar a los díscolos que no quieran pasar por el aro de las nuevas dictaduras. Para acabar les recomiendo que vean el vídeo de la corresponsal de guerra Isabel Pisano, hablando con Jesús Quintero en Canal Sur Andalucía, de lo que se hizo en Libya y que nadie le quiere publicar en este mundo tan civilizado.

jueves, 17 de noviembre de 2011

Ojos, ojos, ojos....


Llevaba varios días observando los ojos de la gente que se cruzaba en su camino. Ojos agradables que le sonreían con comprensión, ojos que calculaban su valor económico y si valdría la pena engañarla por un triste cheque, ojos pintados, ojos achispados por alguna cerveza de más, que le sonreían desde dentro del alma.
Imaginó como verían los demás sus ojos, amarillos, de Egipto Clásico, pintados muchas veces con khool negro y verde.
Observó los ojos preciosos de un hombre en una librería que la observaban, admirados por su valentía de ser quién era y mostrarse tan naturalmente a los demás.
Ojos de asesino, que sólo pensaban en asaltar su escasa propiedad privada y esclavizarla, en todos los sentidos.
Ojos que aparecían en sus tazas de café cuando intentaba leerlas. Ojos que aparecían en el plomo fundido marroquí, para leer y quitar el mal.
Ojos, ojos y más ojos.
Imaginó como sería ser ciega, perderse toda esa magia de la mirada, como llegar a lo más profundo de un alma sin poder ver sus ojos: azules, verdes, negros.
Ojos que sonreían admirados de su experiencia vital, que le sonreían, viéndola como una verdadera mujer del desierto.
Lo peor son los ojos que no ven, que sólo se comunican a través de las palabras, que habían interpretado que seguía enamorada de aquella piltrafa, que le había costado un millón de quebraderos de cabeza que ni el mismísimo Hamburgo, con toda su pompa le pudieron quitar...
Sólo pudo descansar en los sinceros ojos azules del hermano, y vuelta a la pesadilla nada más aterrizar en África. Sólo deseaba mirar a unos ojos con dulzura y que estos le correspondiesen, día tras día, y en la más estricta intimidad, con la misma dulce sonrisa que sale del alma.

sábado, 12 de noviembre de 2011

Cortejo nupcial.


Contempló desde fuera el despliegue de plumajes, las vibraciones de las colas y demás cambios que dan los animales en su cortejo para aparearse, en los bares de la noche.
Revisó su idea de no competir jamás, y se sintió feliz de estar lejos de aquel ritual caduco, mientras centraba su atención en animales más interesantes que, naciendo macho, se van transformando en hembra para tener su propio hijo sin ayuda de nadie.... ¡Cuanto hubiera deseado formar parte de una de aquellas especies! Seguro le habría salido un bebé precioso, y lo hubiese educado en la mejor forma, la Universal.
Aborreció cualquier ambiente de pelanduscos, atiborrados de alcohol y drogas, para superar el miedo a quedarse solos, sin aparearse, y como, torpemente y aturdidos por el alcohol y los estupefacientes, sacudían sus plumas para atraer a la hembra de su especie.
Cuan afortunada se sentía, de no pertenecer ni a un bando ni al otro, y ni siquiera necesitaba ese despliegue de medios y vibraciones de cola. Mientras contemplaba aquel espectáculo agónico, pasaron una transexual y un gay, a pavonearse en un medio aparte, su propio “ghetto” apareador, ante la hostilidad de machos y hembras de su propia especie, y como uno de los machos contempló la silicona pegada al culo de la transexual.
Quién sabe si con un par de copas más, sería capaz de estafarla, como hacía con las hembras de su especie...
Deseó de nuevo ser Medea, y vengarse con toda su maldad perversa, de bruja redomada, ante tanta estafa, tanto sueño y promesa incumplido. Se retiró ante la única opción que le quedaba: expulsar a aquel gigante vikingo que se había instalado en su casa y se creía ya dueño de todo. A las seis de la mañana lo expulsó poniéndole sus pertenencias malolientes en la puerta. Él sólo atinó a decir: “no tienes corazón”, y ella deseó con todas las fuerzas de su alma que fuera cierto.

Caso "Angie" 4-F


http://www.desmontaje4f.org/

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Atenas, o la Justicia del buen gobierno.


Grecia, a través de su presidente, convoca un referéndum popular para saber que opina el pueblo de su esclavización por los bancos luteranos y francófonos.
La gruesa moral alemana, en boca, más bien bocaza, de su primera ministrucha, ha telefoneado a la Francia que lleva alzas en los tacones “para parecer más alta”, mostrando su complejo de enana.
¡Cuidado!-ha dicho la súper-ministrucha a su amigo el de los tacones alzados- nos van a joder el negociete los esclavos mediterráneos....
Jummmm-respondió al otro lado del teléfono el de los tacones alzados- no se lo pondremos tan fácil.....
¡Esto me costará perder 25 kilos más! ¡Estoy horrorizada!
Se nos han sublevado los esclavos, le seguirán Portugal, Irlanda y España, nunca debimos fiarnos de ellos con lo bien que nos iba en nuestro “club prerrogativo de Roma” allá por los años 50...
¿Como podemos admitir que una nación de oscuritos nos plante cara y pueda salirse de nuestro molino de euros?
¿Algo habrá que hacer no?
Espera, me llora mi Brunni y su bebé-dijo tacón alzado-voy a tener que colgarte y te llamaré de madrugada. Entonces tramaremos algo para que los oscuritos del Sur no se nos subleven, ¿Quizás otra Gran Guerra Europea? Vete pensándolo querida. Y colgó ante el enfado de la gran salchicha ministra.
Esta vez parece que no tenemos escapatoria, EEUU nos presiona, Israel nos desautoriza, ¿que haremos? Dijo mientras devoraba un struddel con semillas de amapola tras otro. Los oscuritos, ¡ya les daré yo referéndum a estos oscuritos!
Pensaré alguna guerra bacteriológica, o diremos que tienen armas tóxicas, pediré el auxilio de la OTAN, les diré que quieren imponer el burka, algo habré de hacer ¿que diría de mi Lutero si no lo hago?

viernes, 28 de octubre de 2011

Muertes de perro. La poeta (y 2), de Gregorio Morán en La Vanguardia


SABATINAS INTEMPESTIVAS

La amarga historia de Patricia Heras empieza como esos guiones de Hollywood, donde los policías mienten, los ciudadanos miran para otro lado, los jueces bostezan, los carceleros corrompen y los presos esnifan hasta los polvos de talco. Mientras, la víctima inocente contempla más allá de la desolación y el espanto, que se está “comiendo un marrón” del que apenas sabe nada, salvo que acaba de entrar en el infierno. Y que gritar la inocencia en una cárcel es como leer la Biblia en un prostíbulo; gimnasia intelectual.

Pero en las películas de Hollywood que tratan historias como la que le ocurrió a Patricia Heras en Barcelona siempre aparece, ya bien avanzada la cinta, un personaje positivo. Un abogado, un juez despierto, una periodista sagaz, incluso un funcionario de prisiones digno que asume “un exceso de celo” -desde que Talleyrand instituyó el “jamás demasiado celo”, el exceso de celo es de una radicalidad revolucionaria- defendiendo al inocente y sacando poco a poco, secuencia a secuencia, la verdad de la historia. Es entonces cuando la víctima del “marrón”, humillada y ofendida, recupera la normalidad y los espectadores pueden volver a casa con la sensación de vivir en una sociedad difícil, pero donde no cabe el pesimismo. Siempre me impresionó que los contratos de los directores de Hollywood tuvieran una cláusula sobre los finales de sus películas. Los decidían los productores.

Eso es el cine y la historia de Patricia Heras es la vida. Aquí no aparece un Gregory Peck que salva a la víctima injustamente acusada, sino al contrario, esta es una historia sórdida, de seguro que muchas veces repetida pero que tiene una componente que la convierte en singular. La protagonista, con toda seguridad, era un ser excepcional, sensible, independiente, inteligente y culta. Quizá insegura, pero hasta eso sería un síntoma de talento. La gente segura es peligrosa porque se aferra a las certezas, y las certezas, o son mentira o caducan.

Yo no tenía ni idea de quién era Cindy Lauper, jamás la había escuchado. Ahora lo sé, a mi pesar, gracias a Patricia Heras. Era una viernes, a principios de febrero de 2006, y entre broma y chiste a Patricia se le ocurrió que le cortaran el pelo a lo Cindy Lauper, pero pasándose; una cabeza de mujer en dados, cuadraditos, entre el dos y cero, con blancas y negras como el tablero de ajedrez, y vestirse en revoltijo, que se decía antaño, con una malla bajo el sujetador, y a gusto y placer. Si hay algo que afirman quienes conocieron a Patricia Heras es que “el vestirse, su apariencia, era un modo con el que nutría de significado su estar en el mundo”.

Y se fue de fiesta con su amigo Alex, y comieron, bebieron, fumaron e hicieron todo aquello que les apetecía hasta la madrugada, que agarraron la bicicleta y se pegaron un toba en esas zonas de la Barcelona-Sur-Mer que uno debe evitar a ciertas horas y ciertas noches. Un incidente, nada importante; una brecha en la cabeza, el chico, y algunos magulladuras ella, eso sí, con mucha sangre, tanta como para llamar a una ambulancia, que llegó algo tarde, como suele suceder, y que les trasportó con un detalle añadido de buena crianza, permitiéndoles meter la bicicleta dentro. Es importante la bicicleta, al menos yo se la doy en esta historia, porque desaparecerá con menos rastro que la inocencia.

Tienen la mala fortuna de que les lleven al Hospital del Mar y ahí da comienzo la pesadilla. Allí coinciden con varios detenidos tras los incidentes del desalojo de una casa de okupas en Sant Pere més Baix, y con los urbanos indignados porque varios de los suyos están heridos. Uno de ellos quedará parapléjico. En la sala de espera del hospital acaban todos sumados. ¿Acaso una chica con esa pinta no pertenece a la misma cuadrilla de okupas? El relato que ella misma hará de la situación en la que se ve metida pertenece al género de la picaresca trascendental. Patricia esperaba que le hicieran una radiografía para comprobar si el golpe había dejado secuelas, y acaba esposada y sin bicicleta.

Lo que viene luego es muy vulgar, tanto como la brutalidad. “De repente aparece un tipo con un pasamontañas tapándose le cara y cámara en mano me empiezan a grabar, dura unos minutos en robarme el alma y cuando termina de filmarme me da por hablar. De nuevo les explico que todo es un error, que nosotros hemos tenido un accidente de bici”. Ya no hay bicicleta, ni noche de farra y alegría, ni accidente fortuito sino una culpabilidad por homicidio, imagino que en grado de tentativa. Ya es reo de la justicia, da lo mismo que lo expliques en castellano, catalán o arameo. Estás perdido. ¡Y con esa pinta! “Mi corte de pelo es el más famoso de la ciudad. Parece increíble pero me acusaron de homicidio por mi pelo”. Entonces lo único que se te ocurre es poder salir de ese fin de semana terrorífico y poder irte a casa a duchar, a mirar por la ventana y a pensar que la pesadilla ha terminado. Pero no es así, por mucho que expliques la bicicleta y el golpe y la ambulancia y la sala de espera del Hospital del Mar, estás perdido. “Ahora pienso lo bien que me hubiera venido ver alguna de esas películas sobre juicios y menos ciencia ficción, ya me lo decía mi madre”.

Patricia Heras entró en la cárcel acusada entre otras cosas de haber lanzado una valla metálica a un policía municipal, cosa que nadie, con sólo ver su aspecto y su figura, podría creer. Pero la bola siguió y su historia de la bicicleta debió de convertirse en un chiste carcelario. Entró en la prisión de Wad-Ras y escribió un dietario impresionante por su lucidez irónica. La convivencia en una cárcel de mujeres contada por una chica que sabe escribir: “No he perdido mi capacidad asombrosa de abstracción con lo cual no he perdido la sonrisa ni el buen humor, sólo perturbado por un increíble atasco intestinal”.

Le cayeron tres años. El Supremo los confirmó. “Lo más duro son las entrevistas con la Junta de Tratamiento -la que debe aprobar si pueden concederle el tercer grado-. Duele escuchar que si no reconozco mi delito no tengo voluntad de reinserción, ni arrepentimiento; hoy me ha dicho el psicólogo que eso es propio de psicópatas”. Cuando le permiten salir e ir a dormir a la cárcel, no hay unanimidad en la Junta. La jurista del grupo le dice textualmente “te perdonamos que seas de Madrid”, y ella escribe, alucinada, “creo que con eso ya me lo dijo todo”. El que pone más pegas es el psicólogo, “que encuentra lagunas en mi vida”.

Sé muy poco de Patricia Heras, que vino de Madrid a estudiar Filología en la Universidad de Barcelona, que se licenció, y la descripción que de ella hace una de sus profesoras: “Era de una sensibilidad y una lucidez que pocos más tenían dentro del aula. Además de persona extremadamente educada, había leído muchísimo y se había dedicado a reflexionar sobre las constantes humanas con refinamiento espiritual y rigor intelectual”. Lo había dicho ella misma a la juez de instrucción y al fiscal: “No soy okupa, no soy punki y no soy una desarraigada”. Pero se olvidó de añadir, “me visto y peino como me sale de los ovarios”. Mejor no haberlo dicho, la hubieran acusado de desacato.

Siguió así, saliendo y entrando de prisión, hasta que una tarde de martes, en ese momento que hay que ir preparando los bártulos para volver a la cárcel, abrió el balcón y se tiró. Fue el 26 de abril, el miércoles hará seis meses. Dejó versos, porque ya no quedaba otra cosa que dejar. “Mi reino está inerme y envenenado como todo mi ser… Me sé vencida”. La madre de uno de los procesados, Mariana Huidobro, escribió una carta a los responsables de su muerte, políticos y jueces, que llevarán sobre su conciencia, dice ella, este crimen impune. “Patricia era un ángel que necesitaba sus alas para volar y ustedes se las cortaron”. La conciencia de toda esa gente pesa menos aún que los artículos de periódico que nunca salieron para homenajear a una poeta muerta, con final de perro abandonado.

Written by Reggio's
Octubre 22nd, 2011 at 7:20 am
Posted in Derechos, Libertades, Sociedad
Tagged with Gregorio Morán

lunes, 24 de octubre de 2011

Mañana, siempre mañana...


Desechó todo debate intelectual, por estéril ante un mundo que había sido gobernado por Stalin, y donde las teorías bailaban un vals desacompasado. Escuchó a dos estúpidos, declarándose liberales republicanos, en la televisión del Estado, y le repugnó tanto la idea que tuvo que apagar la televisión, antaño fuente de inspiración y de glamour, pantalla llena con la cara de Bette Davis fumando, y hoy llena de expertos de la nada, que divagaban entre el relativismo cultural y la democracia representativa, montados en una máquina de vapor llamada Occidente, que, definitivamente, había caído ahogada en su propio humo, ante el gigante asiático, verdadero propietario de la economía mundial, durantes siglos y siglos.
Le alegró, en el fondo, saberse partícipe de aquella caída, por su gesto árabe de encarar la vida, y vio como Alemania estaba maquillada de puntualidad y eficiencia, más arruinada que Grecia, a la que acababa de rescatar.
Recordó el bellísimo rostro de María Callas, y deseó un final así para toda esta basura, con ese rostro imponente de Medea, y aquel torrente de voz, espantando a la democracia, para siempre, de la representatividad, dándole la bienvenida a la democracia participativa, que el pueblo, en todo el orbe, clamaba en las calles en pequeños estallidos, que acabarían siendo un volcán imparable.
Fijó su mente en la Tierra, dando vueltas placidamente alrededor de un astro incandescente, y se figuró a todos aquellos declamadores profesionales, que ofrecían recetas mágicas para solucionarlo todo, cual vendedores de elixires de los “westerns” en blanco y negro, ardiendo por las llamaradas del Sol, aborrecidos por el Cosmos.
La consoló la imagen de su amada cosmonauta “Valia” Tereshkova, engañada por el aparato soviético para su propaganda infinita, y pensó en las víctimas de toda la propaganda, lanzada al aire mil millones de veces al día, llenando el cerebro de gente sin preparación, para absorberlos y convertirlos en esclavos de supermercados, comidas rápidas y vida ajetreada. Esclavos al fin, que deberían emprender el cántico de la música de Nabucco y liberarse de aquella fantochada, que les separaba en categorías convenientes para los césares de la podredumbre. Construir un solo país humano, en el que no bastase un cartel y una huella para votar, lleno de escuelas y hospitales, con jardines y dunas de arena...
Un país único llamado Tierra en el que la vida fuera algo más que esclavizar o ser esclavizado.
Recordó la cara de Muammar Gaddafi, abofeteado por una masa informe de incultos, que se llamaban a si mismos demócratas y cuyo dirigente máximo había sido ministro de justicia del ahora dictador, antes líder de Libia, linchado y muerto por la turba. Almacenó, en su mente, la cara de Saddam Husseín, encontrado escondido en un agujero, la imagen del cadáver del hijo de Gaddafi, y los millones de muertos por la hambruna de Ucrania en 1930, apilados desnudos, para ser retirados en trenes y enterrados en fosas comunes. La cara y el discurso de Helena Ceaucescu antes de ser fusilada
Tanta barbarie en una sociedad que presumía de haber conquistado el Espacio exterior, utilizando a la Comandante “Valia”, para la propaganda de su barbarie, y la justificación de la nada más absoluta.
Las mujeres, siempre esperando a ser liberadas, como decía Wassyla Tamzali, mañana, siempre mañana, nunca hoy...
¿Cuando dirigiremos el mundo? ¿Cuando extirparemos esta barbarie, con nombre de hombre, que se extiende de norte a sur y de este a oeste?
Mañana, siempre mañana....

sábado, 15 de octubre de 2011

Apartada del mundo.


Se sintió bien, después de que todo se torciera y la economía no le favoreciese. Volvió a sentirse en sus cabales y desechó toda relación con el mundo, por impropia, descentrada y manipuladora. Al contrario que otras veces, no sintió la necesidad de correr al teléfono a solicitar ayuda en forma de voz. Discutió desgarradamente sobre lo fácil que es presuponer de alguien a quien no se conoce. Escuchó la voz gitana de África y quedó en paz, al encontrarse en su mundo, que cada vez se recolocaba más, una vez destruido aquel vacío relativista de la Globalización, basado en la Tiranía y la mentira.
No quiso asistir a fiestas, ni tumultos acusadores de falta de Democracia, la “monstrua marroquí” a la que todos nombran pero ninguno ha visto jamás... “Haguza”. La trompeta elitista la rechazó, y recordó la felicidad que le daba vivir en el Nordeste de Brasil, dónde todo se arreglaba al borde del mar, lleno de cocoteros y palmeras imperiales, alrededor de una música popular cualquiera, sin tanta exigencia intelectual falsa y vacía de contenido.
Relleno de alcohol, el trompetista se sentiría en New York de los años 30, sin saber que estaba en una ciudad provinciana del norte de África, que ni era colonia ni era nada, llegado aquel momento de la historia.
Seguiría el domingo, repleto de almas inmigrantes en día libre para asistir a su servicio religioso evangélico, Biblia en mano, con rostro indígena y mirada de odio al blanco. Parejas embobadas se cogerían de la mano en aquel infra-tempo que el Capitalismo les daba para volver a la esclavitud del lunes.
Postergó el amor para otra civilización, y se dispuso a tender su lavadora, una vez lavados los platos. No sentía angustia ni falta de nada, y eso la hizo respirar satisfecha, en su infinita soledad.

miércoles, 5 de octubre de 2011

De la chatarra y su poder corrosivo.


La mayoría de las veces, nuestras vidas van quedando llenas de “chatarra espacial”, como la que circunda la Tierra, y que hay que vender o deshacerse de ella, pues llega a convertirse en un lastre insoportable. Estafadores emocionales, que te han hecho creer que la vida es engañar y ser engañada, a fuerza de entregarte al yunque y al martillo del falso amor.
Pueden ser estafadores ocasionales, “descuideros” llamémosles así, o verdaderos profesionales que te hacen un agujero en el alma, difícil de cerrar.
Se da la paradoja de que el verdadero estafador, al final es el único estafado, pues una vez cometido el delito queda flotando alrededor del alma de una, como si de chatarra espacial se tratase, girando para siempre en nuestra órbita, debiéndonos algo que nunca podrán pagar.
Bonito castigo el de quedarse adherido a un planeta radiante de luz, sin poder acercarte nunca más, y sólo poder mirarlo de lejos, como una tuerca perdida, o un destornillador que se escapó de la mano de cualquier astronauta.
Podemos llamar al viento Ruh, que hará que se hielen de frío, o llamar a los ángeles, que les aterrorizarán con su colosal tamaño al topar con seres de corazón podrido, convertidos en tuercas y tornillos retorcidos, pero la mejor solución es cambiar la órbita, y que se precipiten para siempre en el negro vacío, a la espera de ser tragados por algún agujero negro.
Para variar la órbita, hay que tener un instinto animal muy fuerte, buenos asistentes-lobos y cernícalos servirán- con agudas garras y dientes, para que te ayuden a despedazar al enemigo-chatarra, y así seguir felizmente tu trayectoria cósmica, de manera más leve, sin tanto imán pegado que casi no te dejaba dar vueltas sobre ti misma, para poder contemplar la belleza majestuosa de tu atmósfera, el mar que te recubre, el magnetismo de los satélites que te influyen, y poder contemplar de nuevo una aurora límpida, ésta vez, sin chatarra...

domingo, 2 de octubre de 2011

Girando en su propio centro...


Se había percatado en los últimos días, de lo lejos que se encontraba de ciertos comportamientos, estilos de vida y de millones de personas, que no significaban ni una mota de polvo para ella.
 No se sentía triste por eso, al contrario parecía que había vuelto a su eje, y el sol volvía a salir por dónde debía.
 Seguían engañándola, queriéndola hacer responsable de cosas que ella opinaba, como si de un Juicio se tratase.

 No lo consintió, y arrimó el hombro para encontrar su felicidad, alejándose de aquella panda de viejas urracas, que le habían picoteado la capa de oro, sin llegar ni siquiera a rasgarla.

Se apuntó a la reflexión en soledad, lo cual no le impedía salir hasta las 6 de la mañana, para descubrir una miríada de hombres infelices, que reconocían sin pudor que se marchaban, porque si no esa noche no tendrían sexo.

Se sintió vulnerable y herida en su sensibilidad próxima a Beirut, Agadir y Orán, malentendida por aquella panda de borrachos de ambos sexos, que salían a entrelazarse estupefactos por el alcohol y las drogas. 

Jamás imaginó que tuviera que contemplar ese espectáculo viejo, como la vida misma, y se sintió aterida, con un frío que le venia del alma, y deseó ser Perséfone, para marcharse al Reino oscuro durante seis meses, sin voluntad, raptada por el más oscuro de los reyes, que la entendiese y se emocionase con ella al oír la voz de Warda cantando con Asalah, mientras veían crecer los brotes de su plantación que la devolvería a la luz, una vez pasado el invierno.

La vida no parecía prestarse a colaborar mucho, ni siquiera en lo del rapto, y decidió fundir sus dos lados, el de hombre y el de mujer, para comprenderse y amarse como jamás nadie lo había hecho ni lo haría. 
Se concedió la licencia de tener paciencia, de que la Hora llegase, de que los sucesos vinieran uno tras otro, sin buscarlos, más instintiva y animal que nunca, de raptarse a si misma.

Deseó estar al norte, refugiada en su hermano leñador, tan dulce y bueno con ella, y lo echó en falta. Ya no le hablaba.

Deseó abandonar aquella vida triste y vulgar, como decía Rita Lee, que llevaba junto a aquellos hombres que no sabían valorarla, o a los que ella no era capaz de mostrar su verdadero ser, escondido tras el velo, de tanto ser vapuleada.

Sabía todo: 
Que era ella quién se prestaba a aquel juego, 
ella quién le abría la puerta de su corazón a aquellos estafadores de poca monta.
 Ella, y solo ella quién meneaba la cola ante la menor caricia, y deseó desechar todo ese material de chatarra de su vida. 

Pensó en como lo haría, una mujer tan práctica como ella...


Fotografía: @FarahCubas 

lunes, 19 de septiembre de 2011

De imsomnios, arte y democracia.


Andaba dando vueltas en la cama, como la noche anterior, cuando se acordó de que había recibido una carta, esta vez electrónica y no con la preciosa caligrafía de Edna Constant, en la que se alegraban de encontrarse de nuevo, y ella de tener un “Faraón” en su vida, palabra que ella colocaba con mayúsculas antes de mi nombre y dirección, en las cartas postales que le había enviado.
En un lugar tan deslocalizado y remoto como es Maceió, Estado de Alagoas que se segregó de Pernambuco, allá por 1889, encontrar un sobre y un papel, un bolígrafo para escribir una carta es tarea ardua os lo aseguro...
Durante mi estancia allí sólo vi una librería, instalada en un “shopping-center”, que estaba liquidando por la falta de ventas, en la que compré un libro de Lacan, que hablaba sobre Sherezade, que aún conservo.
En aquel paisaje indómito, rematado con una avenida litoral calcada en todas las ciudades brasileñas, mucho cocotero y lanchas de pedal para turistas, viví con mi amiga Adriana en su casa y conocí a la señora Edna, con la que tenía frecuentes conversaciones sobre arte, vida y milagros de la feminidad y supervivencia de una señora que regentaba, ella sola, un centro cultural, convertido hoy en institución estatal, en la que se exponían todo tipo de obras artísticas, desde pinturas a fotografías, dónde conocí al ilustre pintor alagoano Delson Uchoa, así como a profesores de la Universidad Estatal que daban clase sobre arte, y en las que ella siempre incluía al personal del barrio, sobre todo niños, llamado “Garça-Torta”y situado como a 20 Km. del centro de la ciudad, un antiguo poblado de pescadores, hoy en día invadido por mansiones al borde del mar con una puerta privada que da a la playa.
Aún así, todo el mundo esperaba la llegada de los pescadores a mediodía, que navegaban en jangadas, especie de balsa con vela triangular y que después de vender las piezas mejores, repartían entre los pobres todo lo restante.
Todo mi arte lo debo a aquella casita de dos plantas, que mi amiga Adriana había alquilado, y en la que me invitó a pasar un verano, inolvidable para mí. Todos mis dibujos los hice en aquella mesa de trabajo inventada por Adriana y Saulo, su marido, y mi escritura empezó a tomar cuerpo al ser guiado hasta Clarice Lispector por Cinthia, jefa del cuaderno de cultura del periódico “O jornal da tarde” de Maceió, comentando que las cosas que yo escribía le recordaban al lenguaje de la gran dama de las letras brasileñas.
Sólo mostrar mi agradecimiento eterno a todas aquellas personas que valorizaron mi trabajo y me dieron un espacio de convivencia, para desarrollarme plenamente como ser.

miércoles, 14 de septiembre de 2011

Frisson Elba Ramalho

Malditos, una y mil veces malditos.


Recordó, cuando aún siendo una niña cayó en las garras de aquel depredador, degenerado y maligno. Nunca más volvió a ser la misma. Se volvió una niña extraña, no comía, y se adentraba en la lectura de libros cada vez más gruesos, para alejarse de aquella tortura, de la que no tenía como escapar.
Andando el tiempo, cuando pudo huir de aquel infierno, siguió encontrándose con aquellos malditos seres repugnantes. Había sido bien entrenada para satisfacerlos por el peor. El mismísimo Diablo.
Vagabundeó por la vida bebiendo, drogándose y deseando que apareciera uno, lo bastante malvado para asesinarla, y dejar aquel mundo que ya no significaba nada para ella.
Ya no podía ser madre ni tener una familia, jamás podría confiar en el amor de un hombre sin recordar a cada segundo aquella tortura infernal, que duró desde los ocho años hasta bien entrada su madurez en la que por fin, llegó a las manos adecuadas y empezó a pensar de otra manera.
Con su vida destruida para siempre ,maldijo a cada uno de aquellos miles de diablos que habían abusado de su inocencia, de su entrega y su amor, que nada conseguían vencer.
Viajó sola por los lugares más peligrosos, convirtiéndose en Kamikaze de si misma, de su propia vida, deseando morir mil veces, una por cada una de las que la habían humillado y se habían reído de su amor y de su inocencia.
Maldijo a toda aquella gentuza, hombres que la habían dejado llena de amor a la vuelta de una esquina, hasta que llegada la noche, ella se daba cuenta de que nunca regresarían.
Vagó, siempre sola por el mundo con una sombría figura, llena de magnetismo, atrayendo a todo depredador posible.
El día que dejó de llevar aquella vida, aún venían a llamarla por teléfono, mientras vivían su asquerosa vida al lado de sus esposas, sacrosantas, mientras ella era el juguete de la ignominia. Con ella daban rienda suelta a lo que en realidad eran, depredadores libidinosos, incapaces de tener en cuenta su corazón destrozado en tres millones de pedazos, que empezaban a, lentamente, recomponerse...

martes, 13 de septiembre de 2011

Taroudant-Marruecos, escena grabada con teléfono móvil.

Video realizado por Mohamed Ait-Tajer en Tadnest, provincia de Taroudant, Marruecos
video

domingo, 11 de septiembre de 2011

Soñando, tirada en la cama, con el amor que ya fue.


Se resistió a dar el brazo a torcer, y se tiró boca arriba encima de sus almohadones rosa, de cachemir, soñando con todo el catálogo de amor que la había despreciado, por no saber lo que era el amor.
Confundir sumisión con amor, a veces, en la mayoría de los casos, nos lleva a tener un amor psicópata, inexistente.Los psicópatas no pueden amar ya que no tienen emociones.
 Soñó entonces, con un uniforme británico que la venía a rescatar de la invasión, traicionando a la patria por el gran amor que sentía por ella. La ayudó a escapar de Lisboa en los galeones británicos en los que huyó la corte de la invasión napoleónica, estableciéndose en Río de Janeiro. 
Una simple esclava no viajaría en los navíos de la realeza de Bragança, y se besaron apasionadamente, antes de que ella subiese a la chalupa que la llevaría a la nao.
Nadie imaginó el poder femenino de las esclavas al establecerse el acuerdo de Bragança, una vez superado el problema napoleónico y Juan VI, dejando en el poder al Emperador de Brasil, Don Pedro, con título de virrey....
Ella se sentía heredera de "Xica da Silva", esclava que casó con el contratador de diamantes Joâo Fernandes de Oliveira, teniendo trece hijos, a los que su padre dio su apellido, cosa extraña por aquella época con los hijos tenidos con concubinas negras.
Pensó en el amor de su navegante precioso, negro, con el que ejercía de concubina. Él le había dicho que estaba casado desde el primer día y se arrobó en su recuerdo, sintiendo el olor del perfume de su piel, su suavidad y su ternura, mezcla de fiereza, sinceridad y naturalidad ante todo. Esto lo hacían irresistible para ella, la esclava, al fin liberta.

sábado, 27 de agosto de 2011

Decisiones, gravedad y peso.


El rapapolvo que se había llevado de su madre por publicar la vida de su Tía y de su Bisabuela, que ni siquiera pertenecían a su linaje, por mucho que las conociera, la incitó a sospechar en la influencia en la opinión de su madre, de alguien próximo, que no tenía por que leer algo si no le apetecía.
Le molestó gravemente la intromisión en su literatura, con mayúscula, de prejuicios conservadores que no creía capaces de valorar tamaña obra, y se sintió halagada por el amor incondicional de su loba que se subió con ella al sofá y la besó con cariño, como una hija besa a su madre.
A veces el exceso de celo en el amor de una madre por una hija hace que, éstas se confundan a la hora de tomar decisiones, y escojan el rumbo equivocado.
Ella no se sentía equivocada en nada pues desde que fue púber decidió no tener hijos cosa que la alegraba profundamente, ya que había sido una decisión libre.
Andando los años tuvo que criar muchos hijos de madres en apuros o simplemente irresponsables y no echó en falta no tener hijos propios.
Amaba contemplar una amapola gigante y el aroma del patchouly, cosa extraña en aquella época, que llevaba toda la tarde observando en los anuncios de la televisión, con fruición de socióloga, describiendo problemas y sin tener la obligación de resolverlos. Los niños presumían en los anuncios comerciales de tener mucho que enseñarles a los mayores, de sentirse libres a la hora de tomar decisiones sin haber alcanzado la pubertad, de una independencia falsa que les daba el Capitalismo, en nombre del consumo y de la producción industrial de masas.
 Se le quitó un gran peso de encima, y atesoró con cariño los buenos momentos vividos al lado de sus amantes, a la manera de su tía, reconociéndose en ella, y en su abuela, comadrona de profesión en unos tiempos en los que no existían los antibióticos, ni la penicilina y en los que no había tiempo para prestarle a los psicóticos.
Se sintió aliviada al saberse fuera de la sociedad de clases, descrita por Marx hasta la saciedad, y se alegró, al reconocerse en sub-clase, según los Neo-marxistas. Era tan pobre y estaba tan apartada del pastel económico, que ni siquiera formaba parte de una clase, y por tanto quedaba fuera de la Lucha.

jueves, 25 de agosto de 2011

Del corazón de piedra y de la avioneta al desierto.


Andaba animada, haciendo planes, hasta que se topó con el colmo de su desgracia. Deseaba ir sola, en una avioneta al Sáhara y quedarse allí una semana, para poder pensar con claridad, en todas las decisiones que la habían tomado al asalto desde el pasado febrero, obligándola a actuar, a poner un parche aquí, coser con sutura allá.
No se sentía víctima para nada, e incomprendida tampoco, solo deseó que su corazón se convirtiera en piedra. Deseó alejarse de sus amigos, de su familia, y pasó quince días sola, encerrada en su casa, con la única compañía de la red, que a veces la saturaba, y de su loba fiel, pues los cernícalos aprovechaban el buen tiempo para anidar.
No podía evitar sentir aquel dolor tan grande que le partía el corazón en mil pedazos, hasta que se le quedó hecho una piedra de hielo.
Deseaba estar viva y desear, también sentir, pero pensó si le compensaba todo aquel maltrato, que ella misma permitía y buscaba.
Colocó henna en su cabello, cuerpo y manos, preparándose para el final de Ramadán y pensó, con quién podría compartir la fiesta del Aïd-Al- Kabir. Llegó a la conclusión de que la pasaría sola, como siempre, y asumió para siempre lo que pensó una vez en Alagoas-Brasil: “demasiado puta para las putas, y demasiada señora para las señoras”.
A partir de ahí, deseó estar sola para siempre, evitar cualquier tipo de compañía, e incluso retirarse de su propia familia.
Se topó de repente con un dolor espantoso que no quería compartir con nadie y que sólo deseaba conservar con ella, para saber para siempre lo malvada que es la Humanidad, y la Vida en cualquiera de sus aspectos.

martes, 23 de agosto de 2011

Los vampiros malolientes, que deseaban aumentar su sufrimiento.

Una noche escuchó una conversación entre un hombre y una mujer, y el hombre le pareció muy atractivo, casi magnético.
No pudo evitar entrometerse en el debate, que versaba sobre la salud, dadas las miradas que el hombre le lanzaba, llenas de fuego, y dijo: “Hay que saber leer entre líneas”, sólo eso, eliminando de un plumazo a la interlocutora del hombre.
Pasaron los días, y lo volvió a encontrar, como por casualidad, más tarde supo que no era así y que todo pertenecía a un plan urdido por el hombre, al que al final de la noche eterna descubrió como un joven, envejecido y maloliente.
Cuando la tuvo desnuda y rendida a su masculinidad, le sacó un contrato de teléfono, y ella se desilusionó de tal manera, que vino a llorar una semana después. 
Fingió no darse cuenta de que estaba siendo utilizada por un mentiroso compulsivo, que sólo hablaba de filósofos misóginos europeos, y ella, en contrapartida y para zanjar tal despliegue falso de intelectualidad, le dijo que sólo le interesaban los clásicos rusos, como Pushkin, Tólstoi y toda la miríada de buenas obras que su familia había puesto a su alcance, mientras era una niña.
Había sido educada como una niña pesimista, una buena rusa, que seguía al dedillo el refrán soviético, que decía que “un pesimista es un hombre bien informado”.
Pasaron los días y él continuaba mintiéndole, y diciéndole que deseaba volver a encontrarse con ella en la intimidad, pero esto era ya imposible, por la trama descubierta entre brumas de endorfinas, que nublaban su mente al entregarse a aquel amante, lujurioso y desesperado.
Al final ella armó una verdadera estrategia de contra-choque digna de Josef Stalin, y desarmó todo lo pactado con respecto al contrato supuesto, diciéndole a él que confiaba en él al 3500%...
El vampiro abandonó su casa a la una de la madrugada diciéndole que “tenía que trabajar....”
Lloró a la mañana siguiente, por no poder abandonar su estrategia bélica, y tener que continuar siendo desconfiada y maligna, cosa que aborrecía.
El vampiro maloliente, tuvo la osadía de llamarla, para decirle una serie de excusas balbuceantes, que ella no se tragó, Le hizo probar de su propia medicina y añadió a la conversación, para finalizarla: “ no me llames más, por favor”...

miércoles, 17 de agosto de 2011

De la Justicia y la conturbación.

Tuve una tía, que ya ha muerto, que en su juventud fue llamada puta, allá por los años 40, cogió un adoquín de la calle y le sacó un ojo al tipo que se lo había dicho. He llegado a la conclusión, hablando con mi madre de que soy idéntica a ella, salvaje, indómita pero sobre todo LIBRE.
Fue condenada a un año de cárcel franquista, una mujer, por sacarle el ojo a aquel hombre podrido y cobarde, y lo cumplió.
Pasaron los años, y fue denunciada por abortista, en una época en la que los anticonceptivos estaban prohibidos, y hallados en su casa los instrumentos para realizar aquellas prácticas “ilegales”. De nuevo fue condenada y pasó de nuevo un tiempo en la cárcel.
Jamás la vi dudar de su libertad y tenía un amante, al que llamábamos en mi familia “Landrú”, pues tenía un mostacho de gitano e iba lleno de joyas. Fue la pareja más estable que tuvo, pero él era casado y así vivieron su vida. Recuerdo que el amante de mi tía tenía una moto muy bonita, y que me sonreía con sinceridad, pues veía en mi inocencia al escucharle un verdadero interés por sus palabras, sin juicios, tendría yo unos nueve o diez años. Recuerdo haberle preguntado por una extraña moneda que llevaba colgada al cuello y me explicó que era una ficha de un casino de Niza, metálica y que su valor era muy alto.
Jamás vi a mi tía afectada por los sucesos violentos que la obligaron a defender su independencia y pasar esta vida tan azarosa, nunca se conturbó, pues sabía que la verdadera Justicia, la de la libertad y la solidaridad, estaba de su lado y fue feliz.
Cuando murió, su casa, para mi era un misterio, y heredé el San Antonio de Padova que habían traído mis abuelas de Madeira, al emigrar y establecerse en mi ciudad. También una silla en forma de camello, que su hermano trajo de El Cairo, y en la que me gustaba sentarme cuando era niña e iba a visitarla.
Ella fue mala con su madre, le robó dinero, y escapó con ese capital a Barcelona a vivir la vida, mientras su hermano agonizaba en un hospital de tuberculosis, Su abuela Carolina fue partera allá por el principio del siglo XX y asistía los partos a lomos de un burro para trasladarse a un lugar al que hoy se llega en automóvil en diez minutos. He conocido a mujeres de cerca de ochenta años que me han dicho que mi bisabuela portuguesa las trajo al mundo y me siento orgullosa de venir de esa estirpe de mujeres libres solidarias y llanas. Mi bisabuela se negó siempre a hablar español y siempre hablaba portugués, como si todo el mundo la entendiese. Yo y mi sobrino mayor somos los únicos que hablamos esa lengua hoy día...

domingo, 14 de agosto de 2011

De los sueños, el mal humor y la tristeza.


Escuchaba el Taqsim Bayati mientras pensaba en el extraño día que le había tocado vivir.
Había soñado con un hombre árabe y estaban los dos en una ciudad de Marruecos, probablemente Agadir, y hablaban y caminaban. La situación era de una familiaridad rayana al matrimonio, y se sintió muy bien a su lado. Era un hombre más bajo que ella de estatura, con una voz grave que le hablaba en idioma Chlou, Vestido con aquellos pantalones clásicos que tanto le gustaban a los hombres árabes y camisa de botones. Ella caminaba a su lado y sintió la felicidad presente, Se había dormido comiendo almendras tostadas y se despertó en un reguero de almendras sin comer, y triste porque sólo fuera un sueño. Quería sentir a ese hombre a su lado al despertar y hacer te para los dos...
Se miró al espejo, y vio sus ojos sin desmaquillar pintados de turquesa y marrón. Contempló sus cabellos de henna revueltos por la cama. Observó su tatuaje en la barbilla, y se sintió apesadumbrada, y hasta abrumada, por el peso de su feminidad tan poderosa, que hacía que necesitara tener a ese hombre por la mañana en el baño con ella, ducharse juntos....
Tomó café y te y no lograba despertarse y llamo a su amiga, heredera de los que degollaron al tirano Hernán Peraza, que inmediatamente, a través del sonido de su voz, le transmitió la calma necesaria para afrontar todo aquel peso.
Cocinó, lavó, estudió y aún así, sentía el peso de la falta de aquel hombre de sus sueños, en su vida, en su casa, en aquel mismo instante.
Fue sincera consigo misma y se dirigió al baño, ¡nada
como un buen Hamam para sacar todo lo malo...!
Escuchó la música dedicada a Hathor la diosa-vaca con un disco solar entre los cuernos, y se sintió mejor al lavar su cabello y enjabonar su cuerpo con jabón de argán.
Fumó un cigarrillo después del baño y se dirigió a su triste vida en espera de dormirse y soñar de nuevo....

miércoles, 10 de agosto de 2011

De cuando Farah encontró el traje de astronauta, y se preparó para el largo viaje.

Farah preguntó al director del templo por la aproximación de Saraswaty y Tara a su vida, y él le respondió amablemente que lo miraría, y le daría una respuesta. 
Dobló la esquina y allí estaba, su traje de astronauta en una vitrina, como si se vendiese, y ella decidió comprárselo para partir de una vida de dolor profundo hacia el espacio cósmico de la felicidad.
Muchos quedarían atrás definitivamente pues no habría viaje de retorno, y se despidió agriamente de recriminadoras, sucios y mezquinos, como asegurándose de que así su viaje sería un éxito total. A la mañana siguiente acudió al Programa Espacial y contempló en la lista como había sido aceptada para realizar el viaje sin retorno que tanto ansiaba. Sería la primera cosmonauta musulmana y feminista que llegase al planeta de la Felicidad y así lo pensó, sonriendo para si misma, para luego decírselo al director de viva voz....
Pasó la mañana entre brumas. No es fácil partir para tan larga travesía después de tantos años de arduo entrenamiento, levantándose en las madrugadas frías para seguir fielmente su propósito, inculcado desde la infancia por su padre, al mostrarle la foto de la Comandante “Valia”, Valentina Tereshkova, convertida en la primera mujer cosmonauta.

Su padre le dijo: “un día quiero que seas la primera musulmana que vaya al espacio, y que vivas en la Libertad que yo te he dado, para siempre, de ser lo que desees”, y ella lloró abrazándolo, pues era la única persona que había comprendido su sueño, apoyándola en todo. Contempló el hiyab negro de encaje que le había dado para poner debajo de su casco espacial y lloró de emoción, ante la partida que su padre ya no podría contemplar. Él viajaría con ella, a través del velo bordado que le había comprado en una tienda muy cara, teniendo que soportar los gritos de su madre cuando llegó y lo mostró a Farah, cogiéndola entre sus brazos....

texto y foto originales de Farah Azcona Cubas.

jueves, 4 de agosto de 2011

El Hiyab desciende sobre Medina Mujeres - 15/04/2002 0:00 - Autor: Fátima Mernissi - Fuente: webislam

El Islam, militarmente maltrecho y contestado por los civiles medinenses, sacrificará a las mujeres esclavas para proteger a las aristócratas. Cuando las mujeres, de toda condición, comenzaron a ser acosadas en las calles y perseguidas por hombres que las sometían a la humillante práctica del ta'arrud, literalmente «cruzarse en el camino de una mujer para incitarla a fornicar», a cometer la zina, el problema del Profeta ya no era liberar a las mujeres de las cadenas de la violencia preislámica, sino sencillamente garantizar la seguridad de sus propias esposas y de las de los demás musulmanes, en una ciudad desenfrenada y hostil.
Para resolverlo, comenzó informándose de las causas inmediatas del fenómeno y procedió a una investigación, siguiendo su método habitual: enviar emisarios que se informen entre los que así actúan. Que expliquen su comportamiento: «Sólo practicamos el ta'arrud con las mujeres que creemos esclavas» (1), especulando sobre la confusión de la identidad de las mujeres que abordaban. Por ello, Alá reveló la aleya 59 de la azora 33 en la que aconseja a las mujeres del Profeta que, con el fin de que se las reconozca, desplieguen por encima de ellas sus yalabib (yudnaina alayhinna min yalabibi‑hinna). Así pues, no se trataba de un nuevo elemento de la vestimenta, sino de una manera nueva de ponerse el antiguo, de distinguirse mediante ese gesto. (2) Según el diccionario Lisân al‑'arab, el yilbab es un concepto muy vago, que puede designar muchas prendas de vestir, de la simple camisa (qamis) a un tejido, pasando por una especie de sobretodo (milhafah). En una de las definiciones de este diccionario, el yilbab se describe como una tela muy amplia que lleva la mujer, en otra, como una tela que la mujer utiliza para cubrirse la cabeza y el pecho.
Que las esclavas fueran reducidas a la prostitución es un hecho establecido por el propio Corán, espejo de la vida social y de las prácticas preislámicas. La aleya 33 de la azora 24 (an‑Nur, «La luz») que aborda el problema de la zina, el desenfreno moral, constata la existencia de una prostitución organizada en Medina. «No forcéis a vuestras esclavas a prostituirse (al‑baga ) para obtener bienes de la vida de este mundo cuando ellas quieran ser honestas.» (3) Al-lâh aconseja a quienes se entregan a esa clase de comercio «redactar un contrato de emancipación para vuestros esclavos que lo deseen». (4) La Isaba, la colección de biografías de los primeros musulmanes, nos da detalles sobre la vida de Umaima y Musaika, dos esclavas de Abdalâh b. Ubayy, «a las que forzaba a prostituirse, y que fueron a quejarse al Enviado de Al-lâh [nos dice b. Hayyarl. Para responder a su queja, Al-lâh reveló la siguiente aleya: “No forcéis a vuestras esclavas a prostituirse...” ». (5)
Abdal-lâh b. Ubayy es el hipócrita de la tribu de los Jazraj que hizo correr las calumnias sobre Aixa y Saflian, el joven que la había llevado al campamento cuando el asunto del collar. Estaba acostumbrado a ejercer la violencia y la coacción sobre sus esclavas: «Abdal-lâh b. Ubayy pegaba a Musaika para forzarla a que se le entregase,. con la esperanza de preflarla y disponer después del hijo que naciera de esa unión.» Ibn Hayyar insiste sobre el hecho de que «los bienes de la vida de este mundo» que Abdal-lâh b. Ubayy buscaba a través de Musaika eran, por encima del placer sexual, el hijo esclavo que podría nacer. (6) Como Musaika era musulmana, Al-lâh tuvo que intervenir a través de esas aleyas que condenaban a la vez la prostitución y la violencia contra las mujeres esclavas. Musaika «se negaba a prestarse al acto que la forzaba a cumplir Abdal-lâh ». Así se comprende por qué ese hombre se ensañaba tanto contra Muhámmad y era uno de los jefes más virulentos de la oposición medinense. Las ideas de Muhámmad sobre la concesión a las mujeres de los mismos derechos que a los hombres privaban a los Abdal-lâh-s b. Ubayy de importantes recursos financieros procedentes de la esclavitud de las mujeres. El Islam sólo podía constituir una ruptura con relación a las costumbres de la época politeísta si lograba romper las prerrogativas de la aristocracia tribal y se oponía a la esclavitud de ambos sexos, logrando que la noción de individuo en su calidad de creyente fuera no sólo lógica, sino necesaria.
Esa nación de iguales, la Umma musulmana, no podía emerger sin condenar la esclavitud, y especialmente la esclavitud de las mujeres, en la que se producían abusos manifiestos. Pero había una razón mucho más pragmática que llevaba al Islam a cambiar la condición social de la mujer esclava. La familia musulmana constituía una novedad en la medida en que imponía restricciones a la gran libertad sexual que existía antes. Resulta francamente difícil comprenderlo, ya que la familia musulmana nos parece, en la actualidad, una célula particularmente permisiva con el hombre, marido polígamo y poseedor de ese milagroso derecho de repudiar sin pensárselo dos veces a su mujer, que no tiene más que pronunciar las palabras «te repudio» para que el juez consigne por escrito su deseo. Pero el hombre preislámico tenía una sexualidad tan permisiva que las dos reglas musulmanas, la de idda (período de viudedad que se impone a la mujer divorciada o viuda para que no vuelva a casarse antes de un número determinado de meses) y la de la paternidad, que establece el parentesco del hijo con el genitor, parecían unas restricciones enormes. Aunque el conocimiento sobre el período preislámico deja mucho que desear, podemos avanzar que prácticamente toda mujer que no fuera aristócrata, ni contara con una tribu que pudiera rescatarla en caso de guerra y, en la vida cotidiana, con la protección de un marido que utilizara el sable con destreza, era una mujer en perpetuo peligro. Peligro de ser capturada, peligro de ta'arrud, peligro de ser sometida por su raptor a esclavitud. El Islam no podía instaurar la familia musulmana patriarcal, en la que la regla mínima es saber quién es el padre de la criatura, sin tener en cuenta la suerte de las esclavas. Insisto en ello porque estimo que el haber recurrido al hiyab como método de control de la sexualidad y de protección de una cierta categoría de mujeres en perjuicio de otra, pone de manifiesto esa mentalidad y permite que se perpetúe, que continúe.
Si el hiyab es una respuesta a la agresión sexual, al ta'arrud, es a la vez su propio espejo, condensa y refleja esa agresión al reconocer que el cuerpo femenino es ‘awra, literalmente «desnudez», cuerpo vulnerable y sin defensa. El hiyab de las mujeres, tal como lo definió Medina en plena guerra civil, es de hecho el reconocimiento de que la calle es un espacio donde la zina está permitida. El término ta'arrud contiene la idea de violencia, presión y coacción: «A las esclavas [cuenta b. Saad] que estaban en Medina, las provocaban los insensatos, que las abordaban en la vía pública y las agredían. En aquellos días, a la mujer libre que salía a la calle, y cuyas ropas no se distinguían de las de la esclava, la confundían con ella y sufría el mismo trato.» (7) B. Saad es uno de los pocos historiadores de los primeros siglos en el que encontramos una cierta distancia con relación a la materia sobre la que trata y un intento de síntesis. Distingue más allá del incidente en el que el hiyab fue revelado, la boda de Zaynab, las causas profundas que condujeron al legislador, el propio Alá, a recurrir a una solución tal.
No puede comprenderse la decisión de recurrir al hiyab si no se entiende lo que representaba zina, esa sexualidad «ilícita» contra la que luchaba el Islam, y si no se vuelve a la época preislámica y a sus leyes. Bujari enumera cuatro tipos de matrimonio preislámico. «El primero se hacía como el matrimonio actual: el hombre dirigía su petición al tutor de la mujer o a su padre, le asignaba una dote y consumaba después el matrimonio. La segunda clase tenía lugar de la manera siguiente: el hombre decía a su mujer: 'Cuando te purifiques de tu menstruación, manda que le digan a fulano que quieres cohabitar con él'. El marido entonces se aislaba de su mujer y no la tocaba hasta que no mostrara síntomas de embarazo resultado de la cohabitación con ese hombre [ ... ]. La tercera clase de matrimonio se practicaba así: un grupo de individuos, un máximo de diez, tenían relaciones con una misma mujer. Cuando la mujer quedaba encinta y paría, una vez pasados unos días después del parto, mandaba llamar a esos individuos, y ninguno podía eximirse de acudir. Luego, cuando estaban todos reunidos con ella, les decía lo siguiente: 'Ya sabéis que es lo que ha resultado de vuestras relaciones conmigo, acabo de tener un hijo. Y esta criatura es hijo tuyo, oh fulano, ponle el nombre que quieras' [ ... ]. La cuarta clase de matrimonio se practicaba así: muchos individuos tenían relaciones con la misma mujer, que no se negaba a ninguno de los que se presentaban. Estas prostitutas colgaban en su puerta una bandera que les servía de enseña. Todo el que lo deseara podía entrar. Cuando una de ellas quedaba encinta y paría, todos sus clientes se reunían en su casa. Se convocaba a los fisonomistas, que atribuían el hijo a aquel que juzgaban que era el padre.» (8) Bujari emplea el término matrimonio sin que sepamos si lo opone al de unión y no proporciona ninguna indicación sobre la importancia social de esos matrimonios ni sobre el origen social de las interesadas, aunque las dos últimas categorías sin duda tienen que ver con la prostitución. Por ejemplo, ¿la relación de Abdal-lâh b. Ubayy con Musaika era considerada «matrimonio»? Muchas preguntas permanecen todavía sin respuesta, por lo que las futuras investigaciones deberían aclararlas para que el Islam vuelva a ser lo que aspiraba en un principio: una experiencia que quiere ser científica, es decir, arraigada en lo real, en la que el conocimiento desempeña un papel importante. Cierto es que la investigación científica es muy molesta para el Islam oficial, pues algunos jefes de Estado musulmanes prefirieron gravar con impuestos la prostitución en lugar de prohibirla y perseguirla, con gran estupor de los alfaquíes. Tal fue el caso de la dinastía fatimí, por ejemplo. (9)
El Islam, como sistema coherente de valores que rigen el comportamiento de una persona y una sociedad, y todo el proyecto igualitario de Muhámmad reposaban de hecho sobre un detalle que muchos de sus discípulos, con Omar a la cabeza, consideraban secundario: la emergencia de la voluntad de la mujer como instancia con la que tenía que contar la organización de la sociedad. Para Omar, la solución era sencilla: «Omar ansiaba (mahibbatab shadidah) que se instituyera el hiyab para las mujeres. Decía continuamente al Profeta: 'Enviado de Al-lâh, recibes en tu casa a cualquiera, a honestos y a perversos. ¿Por qué no ordenas el hiyab para las Madres de los Creyentes?'» (10) El Profeta se empeñaba, a pesar de todos los ataques, en no ceder al hiyab, pues no tenía la misma problemática que Omar. Éste era valiente, justo, honesto, desinteresado y piadoso, pero no compartía con Muhámmad la creencia en virtudes tales como la dulzura y la no violencia, como práctica y teoría, elementos claves del nuevo mensaje, de la nueva religión. Como práctica, se trataba de urbanidad y cortesía en la vida cotidiana. Como teoría, de la emergencia de un individuo sede de la voluntad sagrada, que convierte en ilegítima la violencia y en superflua la vigilancia. Muhámmad insistía en la cortesía. El mismo era muy tímido (haya ); varias aleyas nos dan noticia de ese aspecto de su carácter, que, ante la ausencia de delicadeza de los hombres de su entorno, lo forzará a adoptar el hiyab. Tener el domicilio abierto al mundo, consideraba, no significa necesariamente que lo invadan. El hiyab suponía todo lo contrario de lo que había deseado poner en marcha, era precisamente la encarnación de la ausencia de control interno, el velo de la voluntad soberana, fuente de discernimiento y orden en la sociedad. Omar no podía comprenderlo, nunca había reflexionado en el principio de individuo sobre el que insiste la nueva religión. Pensaba que la única manera de restablecer el orden era poner barreras y ocultar a las mujeres, esos objetos de deseo. Para desgracia del Islam igualitario, el conflicto y el debate que suscitaba tuvieron lugar al final de la vida del Profeta, cuando ya era mayor, militarmente malparado y discutido en la ciudad en la que él hubiera querido realizar todas sus aspiraciones. Omar, para quien la barrera era la única forma de contener la violencia, reaccionaba como la horda, que constituía el pilar de la ética de la Arabia de la ignorancia (al‑yahiliya). Pese a su amor por el Profeta y Al-lâh, al que servirá con una integridad que será la admiración de todos, no podía visualizar el sueño del Profeta. Luchador y guerrero, como la mayoría de los hombres de acción, no se paraba a reflexionar sobre el impacto de cada gesto ni en las reacciones que podía producir en el enemigo. Se cuentan numerosos ejemplos en los que el Profeta, cuando consultaba a su entorno antes de tomar una decisión, el primero que hablaba era Omar y daba una opinión tan ridícula y peligrosa, desde el punto de vista estratégico, que el Profeta se contentaba con dirigirse hacia los otros discípulos para pedirles que continuasen reflexionando y considerando el conjunto de puntos de vista. Así, en la batalla de Honain, Omar aconsejó matar a los prisioneros, mientras que el Profeta, que veía más allá, pensaba en utilizarlos como arma de persuasión para forzar al enemigo a convertirse y a adoptar el Islam de religión.
El Islam de Muhámmad destierra la idea de vigilancia, de sistema policial de control, así es como se explica la ausencia de clero y el estímulo para que todos los musulmanes se las apañen solos para comprender el texto. La responsabilidad individual interviene para equilibrar el peso del control aristocrático, haciéndolo finalmente inútil, en una Umma de creyentes, cuya conducta obedece a reglas precisas e interiorizadas. Reconocer a la mujer una voluntad inalienable entraba, pues, en esa estrategia de responsabilidad global. Abdalá b. Ubayy sabía muy bien que no podría seguir forzando a sus esclavas si Aixa y Um Salma continuaban reivindicando la liberación de las mujeres y ellas mismas circulaban libremente por las calles, símbolos de la libertad y la autonomía que reivindicaban para todas. Abdal-lâh b. Ubayy estaba en lo cierto: si la voluntad de la mujer se imponía, dejaría de ser un objeto sexual privado al que se rapta, cambia, roba, vende o compra. Para impedirlo había que agredir a las mujeres del Profeta y demostrar que éstas no podían escapar al destino femenino inmemorial, el de un ser privado de discernimiento y voluntad, un objeto sobre el que se ejerce la voluntad de otro.
La filosofía del velo que preconizaba Omar era clara: cuando se pidió a los hipócritas, que agredían a la mujeres, que se explicaran, dieron como justificación que «las habían tomado por esclavas», y «Al-lâh ordenó a las mujeres cambiar su vestimenta (zayyahunna) para distinguirla de la de las esclavas, alargando el yilbab». (11) Era necesario encontrar un medio de separar a las esclavas, que podían ser puestas en situación de zina, de las mujeres libres, esposas de aristócratas y de hombres poderosos con quienes tales actitudes estaban prohibidas. Las mujeres libres «se hacían reconocer para que no las agrediesen. Era mejor para ellas que las reconocieran. La mujer se cubría el rostro con un velo, y sólo dejaba un ojo al aire». (12) La aleya descenderá enseguida del cielo y velará a las mujeres libres. «¡Oh, Profeta!, dile a tus esposas, a tus hijas y a las mujeres de los creyentes que se ciñan bien sus velos (yalabib). Será el medio más sencillo de que las reconozcan y no las ofendan.» (13)
En la batalla entre el sueño de Muhámmad en una sociedad donde las mujeres puedan circular libremente en la ciudad, pues el control social será la fe musulmana que disciplina el deseo, y las costumbres de los hipócritas, que sólo imaginan a la mujer como objeto de violencia y concupiscencia, vencerá esta última visión. El velo es el triunfo de los hipócritas: las esclavas seguirán siendo violentadas y agredidas en las calles. Desde entonces, el hiyab separará la población femenina musulmana en dos categorías: las mujeres libres, contra quienes está prohibida la violencia, y las mujeres esclavas, contra quienes está permitido el ta'arrud. En la lógica del hiyab, la ley de la violencia tribal reemplaza a la razón del creyente, que el Al-lâh musulmán considera indispensable para discernir el bien del mal. El Islam se afirma como la religión de los ayat, que habitualmente se traduce por aleyas, pero que literalmente quieren decir «signos», en el sentido semiótico del término. El Corán es un conjunto de signos que han de descodificarse por el 'aql, la razón, una razón que responsabiliza al individuo y lo hace soberano de sí mismo. Para que Al-lâh pudiera existir como instancia de poder, de ley y de control social, era preciso que la instancia que garantizaba antes esas funciones, a saber, el poder tribal, desapareciera. El hiyab restablecía la idea de que la calle estaba bajo control del safih, el insensato, aquel que no controla sus deseos, que necesita un jefe tribal para neutralizarlo.
El Profeta, en las circunstancias de crisis militar de Medina de los años 5, 6 y 7, no tenía mucha elección para enfrentarse a la inseguridad de la ciudad: o asumir, aceptar y vivir esa inseguridad, esperando que la nueva fuente de poder, Al-lâh y su religión, arraigara en las mentalidades, o reactivar la tribu como sistema de policía de la ciudad. (14) En la primera opción, había que vivir la inseguridad, esperando que Al-lâh manifestase su poder por medio de una victoria militar. En la segunda, la tribu garantizaba la seguridad inmediatamente, pero Al-lâh y su comunidad desaparecerían para siempre, al menos en su perspectiva originaria. El mensaje de Muhámmad, su sueño de una comunidad donde se respeta al individuo, que tiene derechos, no porque pertenece a una tribu, sino sencillamente porque es capaz de creer que existe un lazo entre él y Al-lâh, dependía del papel que la tribu estaba llamada a desempeñar en esa fase transitoria. El poder tribal era el peligro, tolerarlo bajo cualquier forma, como medio de control, constituía un grave compromiso para el ideal musulmán de un ser humano 'aq¡l, sensato, que se autocontrolara.
La solución de Omar, la del hiyab‑cortina que oculta a las mujeres, en lugar de cambiar las mentalidades y forzar «a los que tienen una enfermedad en el corazón» a actuar de manera diferente, va a ocultar la dimensión del Islam, como civilización y reflexión sobre el individuo y su papel en la sociedad. Reflexión que en sus comienzos hizo de Dar al‑Islam (la tierra del Islam) una experiencia pionera en materia de libertad individual y democracia, pero el hiyab cayó sobre Medina y truncó la memoria de ese impulso de libertad. Quince siglos después, será la violencia colonial la que, paradójicamente, fuerce a los Estados musulmanes a reconsiderar el tema de los derechos del individuo y de la mujer. Todo debate sobre la democracia pasa por ella y por ese ridículo pedacito de tela, a menudo de delicada muselina, que los integristas reivindican en nuestros días como la esencia misma de la identidad musulmana.

Notas
(1) B. Saad, at‑Tabaqat, op. cit., vol. VIII, p. 176. Para este capítulo sólo daré las referencias exactas en b. Saad, pero existen más o menos las mismas en Tabari, Bujari y todos los demás cuando abordan la cuestión de la azora del Hiyab y sus aleyas. Cito únicamente a b. Saad por la sencilla razón de que me gusta. Me gusta cómo se aproxima al texto, su estilo, su finura, su sensibilidad y su detallismo. Más allá del hombre de ciencia, tiene la prestancia de un hombre que no despreciaba su feminidad, cosa que no puedo decir de los demás. Pero, para quedarme con la conciencia tranquila, daré una única vez las referencias sobre el Hiyab en las otras fuentes clásicas utilizadas en este trabajo: Tabari, Taflir, vol. XXII, p. 45 y ss.; Bujari, Sahih, vol. III, p. 254 y ss.
(2) B. Saad, ibídem.
(3) El Corán aleya 33 de la azora 23, que, recuerdo, es medinense, traduc. de Masson, p. 463.
(4) Ibídem.
(5) B. Hayyar, al‑lsaba, cp. cit., vol. vil, p. 517; para la biografia de Unaima (nº 10869); vol. VIII, p. 119; para la biografía de Musaiba (nº 11756), cuyo verdadero nombre era Mu'ada.
6) B. Hayyar, ídem, vol. VIII, pp. 120 y 121, biografia nº 11756.
(7) B. Saad, al‑Tabaqat, cp. cit., vol. VIII, pp. 176 y 177.
8) Bujari, Sahih, op. cit., vol. III, p. 248; traduc. francesa de Houdas, p. 566. Ya me propuse comentar este texto en Beyond the Veil, un ensayo sobre la sexualidad durante los primeros decenios del Islam. Este trabajo fue publicado con el título de Sexe, Idéologie, Islam, en Éditions Tierce, París, 1983. Pero en aquel momento no hice la pregunta clave sobre este texto: ¿qué origen social tenían las mujeres que practicaban esos tipos de matrimonio? Sería necesario poder examinar minuciosa y sistemáticamente las biografias de los primeros musulmanes, sobre los que poseemos una voluminosa literatura que, hasta la fecha, ha sido objeto de muy pocos análisis.
(9) Véase el análisis que, sobre las costumbres sexuales en el siglo IV de la hégira y especialmente el desarrollo de prácticas referidas a eunucos, pederastia e institucionalización de la prostitución, hace Adam Metz en el capítulo «Éticas y costumbres» de su Al‑hadar al‑islamîya fî al‑qarn 'arabî' al‑hichriy (La civilización musulmana, durante el siglo IV de la hégira), traducción árabe, Maktabat al‑Janyi, El Cairo, s/d, vol. II, pp. 157 a 208.
(10) Nisaburi, Tafsir garaib al Quran, op. cit., vol. XXII, p. 9.
(11) B. Saad, at‑Tabaqat, op. cit., vol. VIII, p. 177.
(12) Ibidem.
(13) El Corán, aleya 59 de la azora 33, traduc. de Blachere, p. 453
(14) Véase el excelente texto de Ignace Goldziher, «The ‘arab Tribus and Islam», en Muslim Studies, S.M. Stern Aldine, Publishing Co., Chicago, 1966, p. 40 y ss.
* (El harén político, ed. del Oriente y del Mediterráneo, capítulo X, pp. 203-212)