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lunes, 10 de enero de 2011

Farah mirando a la Luna.

La loba Habiba había recuperado sus ganas de corretear, ladrar y gruñir, y se sentía feliz de poder compartir con ella la vida. La miraba con grandes ojos saltones desde la alfombra del baño, mientras esperaba a que terminase de leer sentada en su trono de marca”Roca”. Leyó a Jane Bowles que se aprovechaba de un personaje de “Camp Cataract” para hacer una declaración de libertad: “...soy una gran admiradora de los nómadas, los vagabundos, los gitanos y los marinos...Me importa un bledo el sentirme parte de una comunidad, te lo aseguro...”

Aprovechó lo leído para asir su libertad y su feroz forma de conservarla. Contempló el armario que había terminado de pintar la tarde anterior. Se había pasado la puesta de sol contemplando la Luna, en su creciente, rodeada de un halo de humedad fantasmagórica. Intentó fotografiarla con su mini-cámara pero salía muy lejana, como si huyese de Farah.

Pensó, llena de presagios, en que esa tarde empezarían de nuevo sus clases, después de las vacaciones católicas a las que había asistido impasible, cual muñeco de nieve con una zanahoria por nariz. Deseaba estar con su compañera Marina para seguir su conversación eterna, que había comenzado el mismo minuto en que se conocieron. Pensó en los rudimentos de la frase, la colocación del tiempo verbal y se recogió en si misma, cual ermitaña.

Escuchaba un disco de Silvio Rodríguez, un disco muy viejo “Mujeres”, y su mente bailó con la entrada a la guitarra de “Río”, “hoy se que no hay nada imposible, anoche supe la verdad...”

Se sintió agotada en la espera de algún vaquero que la llevase a explorar el desierto de Nevada. Renunció a si misma tres veces, y comprendió que la mañana era su aliada para pintar, escribir, cocinar y salir a correr con la loba Habiba, su fiel compañera. Esperaría la noche para dirigirse a su instituto a enfrentarse a su destino, en forma de alumno despechado e inseguro, en forma de libro odiado y manoseado, en forma de profesor sin autoridad para contener aquel raudal de vagabundos, gitanos y marinos que su alma arrastraba desde la eternidad.

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