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domingo, 2 de enero de 2011

Farah y la Playa de los Artistas.


La aeronave surcó con un estruendo el cielo de la ciudad para enfilar la bahía y alejarse en dirección al océano Atlántico. Deseó estar volando en dirección a Brasil. Recordó la luna llena lamiendo el mismo océano, en la Playa de los Artistas en Salvador de Bahía. Recordó las risas felices, el olor de la lluvia y sus sandalias planas del mercado de “Nazaré”. Recordó el “Campo da Pólvora”, la casa de María y su baraja de póquer minúscula, desde la que adivinaba todo. Cuando le contó que había visto un genio con corona de rey, al lado de una zarigüeya que se columpiaba con el rabo en un arbusto del bar “Mordomía”, subiendo la Ladeira da Barra, ni se inmutó. Le dijo que el rey había venido para darle lo que desease, mientras le preparaba un elixir de Flores del Doctor Bach.

Vivió con intensidad aquellos días, que al final resultaron dos años, y nueve idas y venidas en un avión trasatlántico. Aún tenía presente el olor de las hierbas quemadas para agradar a algún Orixá, la música estremeciendo las viejas calles de Pelourinho y el sabor de las mazorcas de maíz con mantequilla.

Recordaba las caras de tanta gente que se le aparecían de aquel río humano que es Brasil. Deseó el calor de cuarenta y seis grados centígrados y la humedad viscosa que se te adhiere a la piel. La gente oliendo a jabón de patchouly en el autobús, las miradas de sorpresa, de maldad, de deseo. Los buitres posados en la puerta de su trabajo, durmiendo en el dintel, esperando el amanecer.

Le pasó por la mente la fugaz imagen de un mendigo completamente desnudo, cubierto con solo un plástico transparente, que atravesaba aquella multitud de gente y su asombro ante la indiferencia de todos.

Soñó con la luz de la luna iluminando el mar lleno de metano de los manglares, de un color plateado. Mientras navegaba en un barquillo de cabotaje del “Recóncavo bahiano”y escuchaba las voces ajenas de mujeres, niños, hombres, todos deseando desembarcar y a la vez perdidos para siempre en aquel canal que separaba la ciudad de Valença de la isla de Morro de Sâo Paulo.

Recordó sus travesías en fin de semana en los ferrys que se llamaban “María Bethánia” y “Gal Costa” llevándola descalza a la isla de Itaparíca, acompañada de su amigo, vestido con pareo y sombrero Panamá...

2 comentarios:

  1. Es muy emocionante leerte. Hondura y textos maravillosos. Desde "Las mil y una noches" no recuerdo una lectura más apetecible y exultante. Espero ver las ilustraciones de cada relato. Gracias.

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  2. Las ilustraciones tardarán más, hay que encontrar a gente que no se escabulle, para trabajar en serio...

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