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lunes, 23 de mayo de 2011

De cuando Farah viajo al pais del silencio, lleno de flores y de pajaros

Allá estaba Farah en el país del silencio, donde la gente, hasta que la Luna no cambio de signo, no sonreía. Contemplaba ella la infinidad de pájaros, cuervos, ocas, gallinas de agua y la mayor concentración de flores que jamás había contemplado en una ciudad, ella una mujer del desierto, acostumbrada a lo árido y aspero del paisaje norteafricano.
Hablo con personas interesantes, libero a cuantos pudo de sus cliches y sobre todo desconcertó a todo el que pudo con su simple presencia.
Debatía con fiereza en cuanto al feminismo islámico se refería, y tuvo varios encontronazos graves, virtuales gracias a Al Láh, pues si hubiesen sido cara a cara, hubiese abofeteado a mas de una.
Agradeció aquella calma reinante en el país de la organización férrea, el silencio y el cambio de actividades, no sin echar de menos su vida en el norte de África.
La presencia de la rata masculina se difuminaba entre el silencio, las flores y la impagable compañía del leñador amable. Soñaba con un amor con el mono azul magnético, que el rechazaba, asustado por la impaciencia de Farah.
No deseaba ser mirada por ningún hombre mas. Nunca mas. Solo tendría sexo lúdico, siempre y cuando los atletas cumplieran sus normas, se convertiría en la Tirana sin Bulgaria, capital de un Estado inexistente que aun estaba por nacer. 
Desde el Mediterráneo la animaban las marchas primaverales que reclamaban una Democracia real, ya. 
Tutelados durante treinta y cinco anos por el Neo-franquismo, los ciudadanos de España habían tomado la calle al asalto, y prometían extender la Primavera árabe al Norte, cada vez mas al Norte, y Farah se sentía  a la vanguardia de aquel tipo de pensamiento liberador, que ya no deseaba mas hipocresía de Estados con el corazón podrido.
Aquel país silencioso, en el que permanecería solo por unos pocos días mas, era el principal usurero de las hecatombes de Grecia, Portugal y finalmente, ella lo veía venir gracias a su Baraka, sobre España, donde el gobierno permanecía silencioso a la espera de la noticia del colapso total de su sistema estatal.
El poder Supranacional, por fin había conseguido su ultimo fin: gobernar el planeta por entero, desde su veneno, que desarmaría hasta la mas gigante de las amapolas.
Deseo estar en los brazos del hombre tatuado que le daba tanta amistad y confianza, pero deseo aun mas. Deseo un marido que la acompañase en aquella revolución que nunca jamas podría ser un deporte sexual sin compromisos. Y armada de paciencia, hasta los dientes, espero la aparición de aquel hombre inexistente, por ahora...

2 comentarios:

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