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miércoles, 3 de agosto de 2011

De Farah rendida a los pies del amor...


Cuando vio a aquel hombre por primera vez, y contempló como le sonreía con los ojos, nunca pudo imaginar que acabarían deseándose tanto, sólo por cruzar tres frases, en las que ella eclipsó por completo a su acompañante femenina. A los pocos días ella llegó a la casa de sus hermanas, y allí estaba él esperándola, dispuesto para atrapar la gacela.
Ella se sintió estúpidamente diciendo si a todo lo que él pedía, y acabaron en su cama, de la que salieron solo para bañarse mutuamente y desearse más y más. El sueño del amor más virginal que ella había conocido en toda su vida, acabó a las veinticuatro horas, y empezó una especie de tropiezos con los genios, que les impedían acercarse, comunicarse durante más de unos dos días, que a ella le parecieron tres mil. Observaba su cara, su sonrisa y su rotunda nariz que le hacían amarle profundamente. Cenaron juntos la primera noche de Ramadán y él se tuvo que marchar a trabajar de improviso, quedando Farah desconsolada y aliviada al mismo tiempo. Ella aún no sabía que pensar sobre sus intenciones, pero cuando él la interrogó acerca de su confianza en él, ella dijo que al mil cuatrocientos por cien...
Continuaron una pequeña batalla, para ella conseguir que se quedase con ella y él para irse a su trabajo, que acabó perdiendo ella. Hubo un instante violento, en el que todo podía haber finalizado, pero parecía que el mes sagrado les impedía hacerse daño y darse sólo bienes.
Sólo le restaba rendirse a los pies del Amor de nuevo...

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