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lunes, 19 de septiembre de 2011

De imsomnios, arte y democracia.


Andaba dando vueltas en la cama, como la noche anterior, cuando se acordó de que había recibido una carta, esta vez electrónica y no con la preciosa caligrafía de Edna Constant, en la que se alegraban de encontrarse de nuevo, y ella de tener un “Faraón” en su vida, palabra que ella colocaba con mayúsculas antes de mi nombre y dirección, en las cartas postales que le había enviado.
En un lugar tan deslocalizado y remoto como es Maceió, Estado de Alagoas que se segregó de Pernambuco, allá por 1889, encontrar un sobre y un papel, un bolígrafo para escribir una carta es tarea ardua os lo aseguro...
Durante mi estancia allí sólo vi una librería, instalada en un “shopping-center”, que estaba liquidando por la falta de ventas, en la que compré un libro de Lacan, que hablaba sobre Sherezade, que aún conservo.
En aquel paisaje indómito, rematado con una avenida litoral calcada en todas las ciudades brasileñas, mucho cocotero y lanchas de pedal para turistas, viví con mi amiga Adriana en su casa y conocí a la señora Edna, con la que tenía frecuentes conversaciones sobre arte, vida y milagros de la feminidad y supervivencia de una señora que regentaba, ella sola, un centro cultural, convertido hoy en institución estatal, en la que se exponían todo tipo de obras artísticas, desde pinturas a fotografías, dónde conocí al ilustre pintor alagoano Delson Uchoa, así como a profesores de la Universidad Estatal que daban clase sobre arte, y en las que ella siempre incluía al personal del barrio, sobre todo niños, llamado “Garça-Torta”y situado como a 20 Km. del centro de la ciudad, un antiguo poblado de pescadores, hoy en día invadido por mansiones al borde del mar con una puerta privada que da a la playa.
Aún así, todo el mundo esperaba la llegada de los pescadores a mediodía, que navegaban en jangadas, especie de balsa con vela triangular y que después de vender las piezas mejores, repartían entre los pobres todo lo restante.
Todo mi arte lo debo a aquella casita de dos plantas, que mi amiga Adriana había alquilado, y en la que me invitó a pasar un verano, inolvidable para mí. Todos mis dibujos los hice en aquella mesa de trabajo inventada por Adriana y Saulo, su marido, y mi escritura empezó a tomar cuerpo al ser guiado hasta Clarice Lispector por Cinthia, jefa del cuaderno de cultura del periódico “O jornal da tarde” de Maceió, comentando que las cosas que yo escribía le recordaban al lenguaje de la gran dama de las letras brasileñas.
Sólo mostrar mi agradecimiento eterno a todas aquellas personas que valorizaron mi trabajo y me dieron un espacio de convivencia, para desarrollarme plenamente como ser.

miércoles, 14 de septiembre de 2011

Frisson Elba Ramalho

Malditos, una y mil veces malditos.


Recordó, cuando aún siendo una niña cayó en las garras de aquel depredador, degenerado y maligno. Nunca más volvió a ser la misma. Se volvió una niña extraña, no comía, y se adentraba en la lectura de libros cada vez más gruesos, para alejarse de aquella tortura, de la que no tenía como escapar.
Andando el tiempo, cuando pudo huir de aquel infierno, siguió encontrándose con aquellos malditos seres repugnantes. Había sido bien entrenada para satisfacerlos por el peor. El mismísimo Diablo.
Vagabundeó por la vida bebiendo, drogándose y deseando que apareciera uno, lo bastante malvado para asesinarla, y dejar aquel mundo que ya no significaba nada para ella.
Ya no podía ser madre ni tener una familia, jamás podría confiar en el amor de un hombre sin recordar a cada segundo aquella tortura infernal, que duró desde los ocho años hasta bien entrada su madurez en la que por fin, llegó a las manos adecuadas y empezó a pensar de otra manera.
Con su vida destruida para siempre ,maldijo a cada uno de aquellos miles de diablos que habían abusado de su inocencia, de su entrega y su amor, que nada conseguían vencer.
Viajó sola por los lugares más peligrosos, convirtiéndose en Kamikaze de si misma, de su propia vida, deseando morir mil veces, una por cada una de las que la habían humillado y se habían reído de su amor y de su inocencia.
Maldijo a toda aquella gentuza, hombres que la habían dejado llena de amor a la vuelta de una esquina, hasta que llegada la noche, ella se daba cuenta de que nunca regresarían.
Vagó, siempre sola por el mundo con una sombría figura, llena de magnetismo, atrayendo a todo depredador posible.
El día que dejó de llevar aquella vida, aún venían a llamarla por teléfono, mientras vivían su asquerosa vida al lado de sus esposas, sacrosantas, mientras ella era el juguete de la ignominia. Con ella daban rienda suelta a lo que en realidad eran, depredadores libidinosos, incapaces de tener en cuenta su corazón destrozado en tres millones de pedazos, que empezaban a, lentamente, recomponerse...

martes, 13 de septiembre de 2011

Taroudant-Marruecos, escena grabada con teléfono móvil.

Video realizado por Mohamed Ait-Tajer en Tadnest, provincia de Taroudant, Marruecos

domingo, 11 de septiembre de 2011

Soñando, tirada en la cama, con el amor que ya fue.


Se resistió a dar el brazo a torcer, y se tiró boca arriba encima de sus almohadones rosa, de cachemir, soñando con todo el catálogo de amor que la había despreciado, por no saber lo que era el amor.
Confundir sumisión con amor, a veces, en la mayoría de los casos, nos lleva a tener un amor psicópata, inexistente.Los psicópatas no pueden amar ya que no tienen emociones.
 Soñó entonces, con un uniforme británico que la venía a rescatar de la invasión, traicionando a la patria por el gran amor que sentía por ella. La ayudó a escapar de Lisboa en los galeones británicos en los que huyó la corte de la invasión napoleónica, estableciéndose en Río de Janeiro. 
Una simple esclava no viajaría en los navíos de la realeza de Bragança, y se besaron apasionadamente, antes de que ella subiese a la chalupa que la llevaría a la nao.
Nadie imaginó el poder femenino de las esclavas al establecerse el acuerdo de Bragança, una vez superado el problema napoleónico y Juan VI, dejando en el poder al Emperador de Brasil, Don Pedro, con título de virrey....
Ella se sentía heredera de "Xica da Silva", esclava que casó con el contratador de diamantes Joâo Fernandes de Oliveira, teniendo trece hijos, a los que su padre dio su apellido, cosa extraña por aquella época con los hijos tenidos con concubinas negras.
Pensó en el amor de su navegante precioso, negro, con el que ejercía de concubina. Él le había dicho que estaba casado desde el primer día y se arrobó en su recuerdo, sintiendo el olor del perfume de su piel, su suavidad y su ternura, mezcla de fiereza, sinceridad y naturalidad ante todo. Esto lo hacían irresistible para ella, la esclava, al fin liberta.