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miércoles, 14 de septiembre de 2011

Malditos, una y mil veces malditos.


Recordó, cuando aún siendo una niña cayó en las garras de aquel depredador, degenerado y maligno. Nunca más volvió a ser la misma. Se volvió una niña extraña, no comía, y se adentraba en la lectura de libros cada vez más gruesos, para alejarse de aquella tortura, de la que no tenía como escapar.
Andando el tiempo, cuando pudo huir de aquel infierno, siguió encontrándose con aquellos malditos seres repugnantes. Había sido bien entrenada para satisfacerlos por el peor. El mismísimo Diablo.
Vagabundeó por la vida bebiendo, drogándose y deseando que apareciera uno, lo bastante malvado para asesinarla, y dejar aquel mundo que ya no significaba nada para ella.
Ya no podía ser madre ni tener una familia, jamás podría confiar en el amor de un hombre sin recordar a cada segundo aquella tortura infernal, que duró desde los ocho años hasta bien entrada su madurez en la que por fin, llegó a las manos adecuadas y empezó a pensar de otra manera.
Con su vida destruida para siempre ,maldijo a cada uno de aquellos miles de diablos que habían abusado de su inocencia, de su entrega y su amor, que nada conseguían vencer.
Viajó sola por los lugares más peligrosos, convirtiéndose en Kamikaze de si misma, de su propia vida, deseando morir mil veces, una por cada una de las que la habían humillado y se habían reído de su amor y de su inocencia.
Maldijo a toda aquella gentuza, hombres que la habían dejado llena de amor a la vuelta de una esquina, hasta que llegada la noche, ella se daba cuenta de que nunca regresarían.
Vagó, siempre sola por el mundo con una sombría figura, llena de magnetismo, atrayendo a todo depredador posible.
El día que dejó de llevar aquella vida, aún venían a llamarla por teléfono, mientras vivían su asquerosa vida al lado de sus esposas, sacrosantas, mientras ella era el juguete de la ignominia. Con ella daban rienda suelta a lo que en realidad eran, depredadores libidinosos, incapaces de tener en cuenta su corazón destrozado en tres millones de pedazos, que empezaban a, lentamente, recomponerse...

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