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domingo, 2 de octubre de 2011

Girando en su propio centro...


Se había percatado en los últimos días, de lo lejos que se encontraba de ciertos comportamientos, estilos de vida y de millones de personas, que no significaban ni una mota de polvo para ella. No se sentía triste por eso, al contrario parecía que había vuelto a su eje, y el sol volvía a salir por dónde debía. Seguían engañándola, queriéndola hacer responsable de cosas que ella opinaba, como si de un Juicio se tratase. No lo consintió, y arrimó el hombro para encontrar su felicidad, alejándose de aquella panda de viejas urracas, que le habían picoteado la capa de oro, sin llegar ni siquiera a rasgarla.
Se apuntó a la reflexión en soledad, lo cual no le impedía salir hasta las 6 de la mañana, para descubrir una miríada de hombres infelices, que reconocían sin pudor que se marchaban, porque si no esa noche no tendrían sexo.
Se sintió vulnerable y herida en su sensibilidad próxima a Beirut, Agadir y Orán, malentendida por aquella panda de borrachos de ambos sexos, que salían a entrelazarse estupefactos por el alcohol y las drogas. Jamás imaginó que tuviera que contemplar ese espectáculo viejo, como la vida misma, y se sintió aterida, con un frío que le venia del alma, y deseó ser Perséfone, para marcharse al Reino oscuro durante seis meses, sin voluntad, raptada por el más oscuro de los reyes, que la entendiese y se emocionase con ella al oír la voz de Warda cantando con Asalah, mientras veían crecer los brotes de su plantación que la devolvería a la luz, una vez pasado el invierno.
La vida no parecía prestarse a colaborar mucho, ni siquiera en lo del rapto, y decidió fundir sus dos lados, el de hombre y el de mujer para comprenderse y amarse como jamás nadie lo había hecho ni lo haría. Se concedió la licencia de tener paciencia, de que la Hora llegase, de que los sucesos vinieran uno tras otro, sin buscarlos, más instintiva y animal que nunca, de raptarse a si misma.
Deseó estar al norte, refugiada en su hermano leñador tan dulce y bueno con ella, y lo echó en falta. Deseó abandonar aquella vida triste y vulgar, como decía Rita Lee, que llevaba junto a aquellos hombres que no sabían valorarla, o a los que ella no era capaz de mostrar su verdadero ser, escondido tras el velo, de tanto ser vapuleada.
Sabía todo: que era ella quién se prestaba a aquel juego, ella quién le abría la puerta de su corazón a aquellos estafadores de poca monta, ella, quién meneaba la cola ante la menor caricia, y deseó desechar todo ese material de chatarra de su vida. Pensó en como lo haría, una mujer tan práctica como ella...

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