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miércoles, 20 de junio de 2012

De Farah, la sombra de la gaviota, y los tacones de madera en la playa.


Después de almorzar, como ya era habitual desde que ella y su loba fiel vivían al lado del mar, fuente de sal y prestigio para ambas, se fueron a dar un baño. Farah vistió tanga rojo de baño de Brasil y una camisa de tirantes transparente a modo de vestido, cono lo que se metía en el mar. Anudó un pareo que decía “Ordem e Progreso” con el dibujo de la bandera de Brasil, calzó sus tacones de madera de lunares blancos y negros y cogió un bolso retro de crema “Nívea”, terminando con una diadema lila y sus gafas a lo Kim Novak.
Descendieron la calzada y despertaron el estupor de los pre-púberes que chapoteaban en el agua al contemplar a Farah, cual fuese Sonia Braga en “Tieta do Agreste”.
Quitó el arnés de Habiba se desnudó y las dos se lanzaron al agua. Salió cual sirena despegándose las telas de su cuerpo mojado y se vistió mientras secaba la carita de su loba fiel, y juntas decidieron dar un paseo y explorar nuevos territorios. La sombra de una gaviota que aprovechaba la turbulencia de aire para quedar planeando en el cielo pasó por encima de las dos, y las hizo sentirse libres.
Entrada la tarde encontraron a la sirena preocupadísima, al vivir una situación difícil y no saber como resolverla. Farah intentó abrirle los ojos por enésima mil vez, recibiendo el rechazo y un portazo en la nariz que la dejó estupefacta.
Nada la haría cambiar de idea: los niños deben ser criados en Libertad sin impedirles que se desarrollen en la educación dentro de la Comunidad, y si sus padres fuesen un obstáculo para ello quedarían a cargo de la comunidad que velaría por sus intereses futuros, se dijo interiorizando y haciendo suyas las palabras de Bakunin.

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