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miércoles, 4 de julio de 2012

De Farah, el corazón fósil y la Luna de Capricornio.



Vistió su mono de miliciana, y de buena mañana fue a enrolarse en la Marina. ¡Había estallado la Revolución!
Al doblar la esquina se tropezó con dos toxicómanos que la insultaron salvajemente, no por ello logrando amedrentarla, sino más bien al contrario. Ella eligió el tono más amenazador, más vil e insultante que encontró para responder al insulto y hasta amenazó a las dos piltrafas humanas. Continuó su camino, no sin antes proferir un vociferante “¡Voy a dónde me da la gana!”
Su vida era un triste deambular, ante la dureza del desierto y sus habitantes, para lo cual estaba pronta. De pronto tropezó con una Cica Revoluta, con un corazón fósil, como el suyo, muerto hacía millones de años pero que mantenía a la planta viva en su esplendor. Pensó en las millones de veces que le ponían la zancadilla, y ella volvía a levantarse; en como su corazón, por milenario, se recomponía rápido con un buen abono y un lecho de bosque del Cuaternário.
Pensó en cuantos hombres se cruzaban en su vida y su sed de amarla, y ella rodeada de unas hojas espinosas, que alejaban a los “bichos” de su corazón milenario.
Al anochecer salió a deambular con su fiel Habiba, para ver la Luna, en el signo de Capricornio, brillando en un mar de plata, respirar el aroma de las olas, pasatiempo favorito de la loba y Farah en los últimos tiempos, y volvió a casa sola, otra noche más. Y deseó estar en el Trópico de Capricornio, allá por Río de Janeiro...

2 comentarios:

  1. Ha habido momentos desde el 20 de junio en los que pensé que no ibas a a escribir más en el blog.

    Estaba enfadada porque no encontraba, no podía leer mi ansiado relato. Cuando escribes, compruebo que la vida de Farah, como la nuestra, no es un triste deambular, es un deambular entre seres tristes que no han encontrado la oportunidad de conocerte y leerte.

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  2. Ha habido momentos desde el 20 de junio en los que pensé que no ibas a a escribir más en el blog.

    Estaba enfadada porque no encontraba, no podía leer mi ansiado relato. Cuando escribes, compruebo que la vida de Farah, como la nuestra, no es un triste deambular, es un deambular entre seres tristes que no han encontrado la oportunidad de conocerte y leerte.

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