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miércoles, 1 de agosto de 2012

De Farah, “la noche de los cristales rotos” y la salamandra en la escalera.




Transcurrió la semana de la luna creciente, la de Ramadán, en una desazón terrible. Agotada por su traslado a la Gran Ínsula en su camello volador, había retornado extenuada, añorando el batir de las olas contra el malecón de su pueblo en la ribera del canal sahariano. Puso su corazón en desaliño, tropezó con todo tipo de desaprensivos, a los que fulminó con un simple “no me llames más”, al que ellos preguntaban si era eso lo que habían oído...El siguiente paso fue el agotamiento del fin de semana, en el que se vio atacada en su casa primero con frutas, y luego con piedras, cual bufón que debe morir pues ya ha caído en desgracia.
Denunció a los agentes del Qadí de lo que estaba sucediendo y las vecinas, todo el mundo, se puso de su lado. Nunca más su vida sería la misma, después de “la noche de los cristales rotos”, en la que las Juventudes hitlerianas y la milicia del partido, habían roto todas las vitrinas de los negocios de judíos, y quemado sus pertenencias, pasando a la historia del terror. Ella jamás conocería ese terror. No sabían los proyectos de nazi de su pueblo, de lo que ella era capaz, una vez enfurecida al grado máximo, cuando solo lo estaba al 0, 003 %....
La sirena retornó de su descanso, y su compañía sosegada y llena de actividad, la animaron, a seguir adelante, cuando las dos al separarse para cada una vivir en su mundo, vieron una salamandra recién nacida, que huía de la luz de la escalera...

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