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miércoles, 29 de agosto de 2012

De Farah, hablando a solas con las olas.


Se sintió sobrecogida ante el viento nocturno de la Luna de Shawal. Oía golpear las olas contra el malecón, y cada ola le traía una tristeza, un agravio, una traición, y pensó que antes de llegar a aquel puerto mágico, sólo deseaba morir. No quería vivir más, en aquel interminable caminar con su loba y su cernícalo.
Sintió como no pudo vivir su primer amor, ya que a los 19 años ya era viuda, para siempre. El resto fue un peregrinar de mano en mano de hombres malos y crueles, cada uno con su interés personal, sin tenerla en cuenta jamás. Aborreció esa vida y ahora, la condenaba a desparecer. Haría un conjuro en el Aïd Al-Kabir, para enterrar toda esa basura, y sentirse por fin libre y soberana. Dueña al final de su Reino en el que sólo podían participar pájaros, lobos, peces...
Deseó poder volar en una alfombra mágica para recorrer el desierto y contemplar la belleza de las estrellas. Pensó que pronto llegaría su hermano, el buen leñador, llenando el espacio por completo, con su sonrisa. La sola idea la llenó de felicidad.¡Su amado hermano!
Compartirían desierto, camella, loba y cernícalo, regalos de su padre, al ser nombrada ella jefa de Clan. Su hermano no era muy dado a estas cosas folclóricas, y se sentía un ser libre, lleno de energía, y leve como la espuma de las olas. 
Le gustaron los dibujos del jardín ciclópeo que había construido en el País del Silencio y que le había hecho llegar, junto con lavanda y viruta de madera olorosa, al que ella viajaría en invierno, para entregar los documentos elaborados el año anterior. Disfrutaría de su amor por el olor a cedro, abedul, paja fresca y barro. Amor a las piedras, a los circuitos de agua al estilo de Tenoxtitlán, la bella...

 Fotografía: Mrs Ruiz. "Fotorama".

lunes, 20 de agosto de 2012

De cuando Farah recordó a su bisabuela Carolina Rodrigues...



Mujer de facciones morenas, natural de Madeira, para mas señas “monteira” de Santo Antonio, casada con Antonio Correia, al cual ella disculpaba su alcoholismo diciendo que “él siempre fue un hombre bueno hasta que le echaron raspaduras de uñas en el vino...”
Vinieron de Madeira con sus hijas mayores ya nacidas y no pensaban quedarse en Canarias, sino continuar viaje a Brasil.
Mi abuela Carolina era una buena partera, y era llamada de los más recónditos lugares de la ciudad, trasladándose en burro con un candil, para asistir a un parto en la montaña que circundaba esta.


Mi abuela Teresa, hija de carolina y Antonio se casó, con la desaprobación de la madre de su marido, que le pegaba y les hizo la vida imposible. Ella, mi bisabuela paterna era de Navarra, carlista muerta por las guerras y las hambrunas; llegó a Canarias viuda, con su “hijito del alma” que hacía todo lo que ella quería, ya que ella era ciega, manipuladora y mala. Apellido de descendencia hebrea, corroborado por la nariz, tez y color del pelo de mi abuelo
La única vez que vi una foto suya, sentí tal horror que la tiré inmediatamente a la basura.

Mis abuelos Teresa Correia Rodrigues y Secundino Azcona Bueno, se fugaron a Brasil y regresaron ya casados. Tal fue el enfado de la ciega, de nombre Nicolasa Bueno, que se compinchó con el cura, también navarro de apellido Santaromana, para que los hijos de mi abuela Teresa figurasen como hijos naturales de mi abuelo, borrando toda presencia de sangre madeirense, esotérica de tez olivácea con ojos verdes.

Nunca pudo separar a mis abuelos y tuvieron nueve hijos, entre los cuales mi padre, el hombre más bueno que , yo Farah Azcona Cubas, he conocido nunca.
Dicen, que mi bisabuela Carolina, cuando fue muy vieja, se negó a hablar en español, y que tenía una piedra de imán, a la cual le ponía vino, pequeños pedazos de metales, oro, plata, clavos, y que la piedra lo devoraba y bebía todo... Dicen, que mi abuela Teresa curaba el mal de ojo rezando, y una hermana suya se dedicaba a hacer magia negra con huesos de cementerios... Dicen.....

viernes, 10 de agosto de 2012

De Farah, bisabuelas, tatarabuelas y “caracolillos” en la frente.




Desde niña había visitado a su bisabuela, y su tía abuela, de nombres antiguos, Quiteria, la bisabuela vestida con hábito del Carmelo por la muerte de dos de sus nueve hijos, y Sebastiana, su tía abuela, mujer guapa y elegante. 
Recordaba la sonrisa pícara de su bisabuela, apodada “la chiquita”, para orientar a los niños con su abuela, Dolores, mujer trabajadora y honrada, que cantaba zarzuelas mientras hacía sus quehaceres.

Quiteria gustaba de tomar su café con lo que ella denominaba “mantequilla”, que no era otra cosa que un pizco de coñac “Sherry”, el de la redecilla amarilla...

Siempre había en casa de su bisabuela, “la chiquita”, unas galletas o pan bizcochado, con el que obsequiarla, al ser hija de su nieta favorita, su madre.
Le gustaba aquella casa, semi-arruinada, con un patio central, con una parra para la sombra, lleno de plantas, una tortuga terrestre, gatos y perros.

Recordaba a su bisabuela de pelo blanco níveo, con un moño hecho por ella misma, precioso, arreglado con peinillos de carey. Vestía siempre aquel hábito marrón, de la Orden del Carmelo, con cordón amarillo a la cintura, y se sentaba en una silla próxima a la cocina, a la fresca del patio.
A veces les recibía en la salita, en la que había unos sofás color azul turquesa, un momento mágico para Farah.
Vivió ciento cinco años, y escribía con una caligrafía esplendorosa, con la que enseñó a sus nueve hijos a leer y escribir, allá, en los Llanos de Hospinal, en Antigua, isla de Fuerteventura. Jamás usó gafas.

Farah nunca conoció a su bisabuelo Sebastián, marido de Quiteria, hasta que, muchos años después, regresó a la isla de su familia y ésta, le mostró una foto de su luna de miel, en 1913, que pasó en Tenerife, a tenor del nombre del estudio fotográfico en el que fue tomada la imagen.
Su madre se llamaba Úrsula Jordán, la que tejió un mantel en telar  manual, que su bisabuela regaló a la hermana de Farah, por haberle hecho conocer a su primer tataranieto. Quiteria siempre decía “un hijo es una bendición”, y tenía mucha razón...

Su abuela Dolores se casó con el hijo de Quiteria, Juan, y llevaba el pelo con trabas negras, a lo Imperio Argentina, vestida de luto eterno, por su madre, su padre, su hermana. Trabajó como una leona, regentando la cantina de un cine, y dos años antes del estreno de “Morena Clara”, protagonizada por Imperio Argentina y Miguel Ligero, nació su hija, madre de Farah, la mujer más amorosa que había conocido en toda su vida, capaz de perdonar toda ofensa, verdaderamente dada a compartir, en el ejercicio de su comunismo subconsciente. 
Todas, mujeres, que sacaron adelante a sus hijos, prácticamente solas, debido al rol masculino de la época de los rizos, caracolillos, en la frente. Amaba a las mujeres de su familia.

jueves, 2 de agosto de 2012

De Farah en el pueblo nazi, animada por la violencia y a punto de empezar a remar.




Tomó un baño, después del día de calor asfixiante, pensando en la paz que había vivido con el locuaz Edipo y la Reina  Sirena, comiendo y disfrutando del Olympo. Habló con su hermano, el que le había mostrado las vías del tren en Hamburgo, dónde ella recordó que por aquellas mismas vías de aquel país maléfico, habían transportado en vagones de ganado a seis millones de humanos para exterminarlos. La sorprendió tanto pues, quizás, ya intuía que le tocaría vivir la subida del poder Fascista en su país, y que tendría que llevar una estrella, esta vez de color verde y en forma de pentáculo en la que se leería debajo “Al-Magreb”.
Al salir a ver la Luna llena del Ramadán, fue insultada, perseguida por una horda adolescente, cual Juventudes hitlerianas, que la amenazaron, incluso con pegarle, espetándole un soez: “Vamos a arreglar esto tú y yo en la arena...”.
Ella ni se sintió capaz de responder a nada, y sólo advirtió que no se le acercase nadie, marcando el número que la Gendarmería Real le había facilitado la noche anterior al contarles el caso. Sólo escuchó el sonido de un teléfono desconectado... Sintió asco y decepción a la vez.
Llegó a su casa con la respiración entrecortada y su primera reacción, de temor, fue cerrar todas las ventanas y apagar las luces, intentando refugiarse a través del hilo del teléfono, en sus hermanxs...
Pasado el asunto, calmada su alma por la voz triste de la Reina Sirena, pensó en que al día siguiente iba a tomar contacto con la navegación y a aprender a remar, y esto sació su sed asesina de venganza. Jamás permitiría que la volvieran a meter en un vagón para ganado.

miércoles, 1 de agosto de 2012

De Farah, “la noche de los cristales rotos” y la salamandra en la escalera.




Transcurrió la semana de la luna creciente, la de Ramadán, en una desazón terrible. Agotada por su traslado a la Gran Ínsula en su camello volador, había retornado extenuada, añorando el batir de las olas contra el malecón de su pueblo en la ribera del canal sahariano. Puso su corazón en desaliño, tropezó con todo tipo de desaprensivos, a los que fulminó con un simple “no me llames más”, al que ellos preguntaban si era eso lo que habían oído...El siguiente paso fue el agotamiento del fin de semana, en el que se vio atacada en su casa primero con frutas, y luego con piedras, cual bufón que debe morir pues ya ha caído en desgracia.
Denunció a los agentes del Qadí de lo que estaba sucediendo y las vecinas, todo el mundo, se puso de su lado. Nunca más su vida sería la misma, después de “la noche de los cristales rotos”, en la que las Juventudes hitlerianas y la milicia del partido, habían roto todas las vitrinas de los negocios de judíos, y quemado sus pertenencias, pasando a la historia del terror. Ella jamás conocería ese terror. No sabían los proyectos de nazi de su pueblo, de lo que ella era capaz, una vez enfurecida al grado máximo, cuando solo lo estaba al 0, 003 %....
La sirena retornó de su descanso, y su compañía sosegada y llena de actividad, la animaron, a seguir adelante, cuando las dos al separarse para cada una vivir en su mundo, vieron una salamandra recién nacida, que huía de la luz de la escalera...