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sábado, 10 de noviembre de 2012

De Farah, el agotamiento y la sexualidad rocambolesca.





Después de unos días exhaustivos, se sintió enferma, dolorida y con el augurio de necesitar la ayuda de la Doctora-duende. Ese día despertó con migraña, y toser hacía que su cabeza explotase de dolor.
La tarde anterior se sintió atacada por una jauría de chacales urbanos, de todas las edades, comenzando por los niños cuando ella reclamó su carabina cargada, dispuesta a fulminar a toda la jauría, de animales traicioneros y de técnica envolvente.
Habló con ellos, seres difíciles, y le fue recriminada su “elección de vivir así”, como si ella hubiese ido a una escuela para aprender a ser beduina, con aspecto humano, desenfadado y atractivo. Luego fue vejada, insultada y humillada por defenderse, y decidió llegar a un acuerdo con los chacales más jóvenes, los más fieros en el ataque, y así logró sortear la cuestión, sirviendo de advertencia a las alimañas de que ella no era presa fácil...
El día anterior había salido huyendo al galope de la tienda de su madre, al malentenderse ambas, y sufrir separadas el agotamiento, de ser mujeres, nómadas y no tener maridos, cosa ardua por aquellas tierras, pero al día siguiente, después de una pequeña tormenta de truenos a mediodía, discutieron y se gritaron, para acabar reconciliadas, abrazándose y besándose.
Tampoco fue un día fácil, al encontrarse a una de las mujeres, junto a otra de sus primas, oculta y sonriéndole como una zorra desde una esquina, agazapada, de su familia arpía y zafia, a la que capeó con soltura magistral.
Echó de menos a sus hermanos, la princesa y el príncipe de ébano, y a su maravillosa tropa de niños de todas las edades y en especial a su favorito, de nombre de Rey, y calmó su nostalgia hablando con ellos al anochecer...

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