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lunes, 17 de diciembre de 2012

Farah, la carne urgente y la danza caníbal.




Continuaba Farah perseguida por el deseo, de la carne urgente, armada con su yelmo de Planeta Tierra, adornado con dos plumas de faisán.

Que si eres encantadora, que si me enseñas una foto tuya, que si mándamela, que si tienes cámara, que si vengo esta noche, que si vengo mañana... Y ya, llegado aquel punto le resultaba ridículo, a una verdadera antropófaga rebelde como ella, tanto canibalismo de Hiper-mercado.

Armada con ropas de Ogúm contempló la noche del Viernes en Babilón, en la que todo se compra y se vende, en la que si no bebes, fumas marihuana o tomas coca, o sabe Al-Láh que más tomarán, eres aburrida, anecdótica o cuando no, motivo de mofa y de chanza.


No deseó más palabrería sobre un sexo libidinoso, adornado con bonitas palabras, del que podía sostenerse en pie, o del de la mano al culo directamente, para no pensar, saturado de Hashísh, eso decían ellos ya que ella los veía fumar una mezcla de aglomerado de madera con peste a “Valvuline” de motor de motocicleta, y con un corte de heroína para tener un mínimo de efecto. 

Acostumbrada por su cultura beduina al olor del verdadero Hashísh, que daba náuseas a quién no gusta de él, sabía a la perfección que todo aquello era un soberano embuste. De Su Majestad allá por el Continente.

El nauseabundo olor  marihuana conmovió su cerebro, y bailó sin otra cosa que hacer, porque así mantenía lejos a aquella horda de desarrapados, tristes, humillados y en manos de cualquier cosa que ofreciera lo inmediato. 

Bailó en secreto la Danza Caníbal, en la que se decía desde tiempos remotos: “Mírame o te devoro” como los niños de la calle de Salvador da Bahía, con el cuerpo, la actitud y los movimientos, mezcla de danza egipcia, samba, jazz que se misturaban en un extraño cóctel globalizado, como Farah, Babilón y los Neo-caníbales inconscientes.

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