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domingo, 22 de diciembre de 2013

Ella, el avión y la Libertad.



Desde muy niña se acostumbró al vértigo del levantar el vuelo de las aeronaves, en compañía de sus amorosos padres, que la mimaban hasta extremos insospechables.
Su primer despegue en aeroplano fue a los nueve años. Se dirigían a Gran Canaria a visitar a unos parientes muy queridos, magníficos anfitriones, prósperos familiares de su madre. Su padre siempre al tanto de las noticias, le prometió observar un eclipse de Sol que tendría lugar durante el corto viaje, que ella creía recordar en 1972.
Cuando la aeronave emprendió la veloz carrera para el ascenso, su estómago conoció una sensación nueva, una apoteosis de lo que más tarde se convertiría para ella en la Libertad. Se elevaron en el aire en un DC-9 de color ceniciento, decorado con un interior al estilo de la época .
Durante el momento en que vio el eclipse a través de un vidrio marrón de botella de cerveza, no pudo imaginar que vivía uno de los pocos momentos de total felicidad de su vida, y por ello jamás había olvidado la cálida presencia del padre, siempre amoroso y sensible con ella.
Ya en el aeropuerto, de regreso a casa pudieron contemplar el aterrizaje del majestuoso “Concorde” pintado de un verde muy suave, y ella y su padre no cabían en sí de tanta felicidad, asomados a la terraza del aeropuerto de Gando.
Años más tarde, y después de muchas sensaciones de despegue y aterrizaje que la hicieron amar las aeronaves, se encontraba por una aciaga casualidad, a bordo de un Fokker-27, pintado del mismo color ceniciento en su barriga y de azul en la parte superior. Subió muy tarde al aparato, la última pasajera en embarcar, rumbo a la paz que le daba la compañía de su padre. Amaba el ruido de las hélices de aquel remedo de pájaro que le hacía suspenderse hacia la nada, ausente de la realidad.
Ni  en sueños hubiera imaginado jamás que a los dieciocho años se enamoraría perdidamente y como nunca volvería a hacerlo.
Ya era Febrero, en 1985. Volaba desde Barcelona a Tenerife, vestida con ropas de lujo, joyas muy valiosas, sombrero de una tienda de antigüedades de las Ramblas de Barcelona. Estaba muy feliz, pero la congoja que sentía por el acompañante, un hombre burdo y tosco, que sólo podía darle dinero, ensombrecía su corazón.
 De repente se vio a si misma sola, en medio del Carnaval y tropezó con aquellos ojos de color miel, pintados con khool negro, mirándola de tal manera que la turbaron.
Le fue presentado por una amiga suya y ella le rechazó, por prejuicios infantiles, de los que se tienen a los dieciocho años, y de los que nunca se cansaría de avergonzarse.
A los pocos días recibió una llamada de teléfono de su amiga, y le pedía venir a su casa en compañía del hombre de mirada color miel. Ella presa de la turbación experimentada desde el primer instante en que él clavó sus ojos en los suyos, no pudo negarse, accediendo a la visita.
Estuvieron juntos en la casa familiar, fumando, y la humareda deliciosa se elevaba entre las llamaradas de sol que entraban por la ventana.
Su amiga inventó una excusa para dejarlos solos, dejándola aún más estupefacta que el efecto del humo.
Al final, los dos solos en la intimidad de su habitación acabaron besándose apasionadamente, ella ingenua y torpe, sin saber que ese sería el gran amor de su vida.
Entraron en un torbellino de amor, sensaciones mágicas y dulces abrazos juntos, a los que ella no estaba acostumbrada.
 Durante la adolescencia había sido muy maltratada por todos, ella ignoraba el motivo, que sólo conoció años más tarde, cuando los años y la experiencia acumulada le mostraron el elevado valor de su raciocinio, que avergonzaba a cualquiera que se enfrentase a su poderosa y desafiante mirada de ojos verdosos, heredados de su amado padre. En su mirar se podía ver la insultante verdad sin tregua.
Vivieron juntos, y ante la oposición de su madre a que aquel hombre viviera allí con ella, huyó de la casa, durmiendo al raso, con un magnifico techo de estrellas para acariciar su amor.
Pasaron momentos difíciles, todos superados después de sumergirse juntos en una bañera de agua caliente, llorando mientras se besaban, de puro amor.
Un día quedaron para viajar a la costa y ella decidió ir con unos amigos en su coche, diciéndole él que se encontrarían en la plaza de aquel lugarejo perdido entre turistas y gentes del pueblo, toscos y poco acostumbrados a una presencia tan avasalladora como la que ella tenía a los dieciocho años.
Pasaron las horas mientras lo esperaba, vencida, a cada hora que pasaba esperándolo, por la pesadumbre.
Al final se hizo la medianoche, y supo que él había desaparecido. Lo que jamás imaginó es que había desaparecido para siempre.
Desde entonces sólo le quedaba el amor de su padre, el vértigo del despegue de las aeronaves y la impaciencia como compañera en la Libertad.
Treinta años más tarde tropezó por casualidad con la sentencia de Jane Austen: “Soy aquella que amó y perdió”.

En esos treinta años hubo miles de despegues y aterrizajes, y su padre emprendió el viaje eterno, dejándola completamente sola y desconsolada, ante una sociedad arpía, en la que podía confiar en muy pocas personas. La vida no había cambiado mucho desde la Inglaterra de 1800…

miércoles, 4 de diciembre de 2013

El hermano, los mecanismos y el cuerpo.

Paul Gauguin 052


Vio sus propias arterias, huesos, cartílagos. Se adentró en sus glándulas, tropezó con una terminación nerviosa que hizo que su ceja izquierda se levantara, haciéndola mucho más atractiva. Quiso de esta manera, sanar al hermano mayor, haciéndole sentir en su sueño dolorido, cuanto le había dolido a ella todo el mismo proceso que le sumía en la niebla. La que está entre el sueño y la partida, aquella que conocía tan bien.
Deseó que supiese cuanto le admiraba en su afán de atesorar recortes de periódico, hoy día amarilleados por el paso inexorable de los años. Quería que supiera cuanto le agradecía haber conocido a Sir Arthur Conan Doyle, de su mano amorosa.
Aún resonaban en su tímpano aquellas maravillosas músicas que el hermano mayor ponía como banda sonora a su inicio por la senda de la vida, a bordo de un automóvil modelo años 30, a cuyos estribos había subido más de una vez.
De la mano de su amada, la Princesa del cabello oscuro, le habían abrazado e invitado a conocer trenes humeantes, aviones que surcaban el océano. Habían desvelado la magia de la imagen proyectada en un telón, en casa, haciendo que su mundo fuera infinitamente mejor y mucho más feliz.
Corrían los Años del Plomo, cuando la vida era gris, y el Hermano mayor y la Princesa de cabellos oscuros lo colorearon para ella, revelándole a Matisse y Gauguin, haciéndola bailar al ritmo de Chopin.
El tic-tac del reloj le hizo recordar que allá, lejos, el corazón del Hermano Mayor, latía apesadumbrado. En el fondo un “Hermano mayor” es como un padre, más si cabe ante la ausencia de este. Lo fue muchísimas veces y ella sólo esperaba que lo siguiera siendo por un largo tiempo, ahora que el padre ya no estaba.
Todos los mecanismos se pueden arreglar. El único y atesorado deseo que tuvo esa noche fue que se reparara el del Hermano mayor.

lunes, 30 de septiembre de 2013

"En pos de un bien mayor..."



Se arrellanó en su propia figura, para disfrutar de la visión de sí, y le gustó lo que contemplaba.
Cuestionada hasta la saciedad, su sed de conocimiento acababa justo dónde terminaban sus infinitas ganas de apurar la vida. Una vida llena de satisfacciones íntimas, solitarias y duraderas.
Finalmente estaba ante su soledad, compañera fiel, y se adueñaba de su vida, dejándola proseguir, libre.
Le sonreían sus errores, cometidos en la búsqueda del conocimiento auténtico. Hecho de experiencias propias, de fatiga. También de alegrías y placeres.
Se solicitó, ensimismada, el permiso para continuar su búsqueda, sin final, de la verdad concentrada. En silencio contó con el asentimiento de su cuerpo, señal inequívoca del rumbo correcto. Se alejó de la moral, con la certeza de la independencia que le permitiría ver con claridad el siguiente plazo. Un tiempo corto, un escalón más.
Sin nubes inquisitorias sobre su propio hacer o del ajeno, un día soleado se abrió en su razón, para equilibrar los nubarrones negros del pasado. Un pasado tropical, con lluvia de tarde, humedad concentrada por el propio pensamiento.
 Se tumbó en la sonrisa franca y las palabras sonrientes de una desconocida. Una joven muchacha. Parecía que eran para otra las tribulaciones de la inmadurez y la inexperiencia. Aguzó la vista, en lo más hondo de su corazón, y las palabras llenas de energía vital de la muchacha le hicieron saber cuanto había tardado en tener paciencia. Sintió un candor inmenso ante el cálido corazón de la niña-mujer, que le trajo recuerdos de ayer. Agradeció que se sentase lejana, en el transporte público. Una fugaz aparición que la llenó de confianza.La confirmación de que no estaba tan equivocada. La sosegada y banal charla sobre el horario, lo humano y la torpeza de transportarse.

Se contuvo, presa del síndrome “de un bien mayor”, y cayó víctima de la falacia de la recompensa futura…

lunes, 12 de agosto de 2013

VIEJA INFANCIA.



Miles de segundos de su vida se agolparon a su cerebro, conmocionado por la ignominia de la vida.
Segundos de infinita violencia, insultos, agresivas miradas, puños que chocaban contra su cara, contra su cuerpo…
Imaginó que ya nada de eso podía alcanzarla, llegado este instante de soledad, en Marte.
Suspiró por tanto amor no correspondido. Entregado al miedo a ser señalado. Sonrió ante tanta cobardía, pensando en lo fuerte y valiente que había sido, era y sería. 
Ella.
La luz de una pequeña lámpara roja de cristal le anunció el periodo marciano, extraterrestre, pues su amor no tenía cabida en un planeta tan mezquino.
Un Mundo lleno de vapor, caliente y mugriento le decía adiós desde lejos, cada vez más lejos. Las pequeñas heridas de sus pies la saludaron. Le sonrieron las uñas pintadas con esmalte de color lila.

Siguió, y nunca se sintió sola. Suspiraba por encender un cigarrillo. Apurarlo como se apura la juventud. Lo tomó entre sus labios, y lo encendió con su mechero de color turquesa. Aquel instrumento banal, icono de una vida plástica, también la saludó desde su pequeña llama. El humo la hizo saborear la Soledad. La disfrutó placenteramente, mientras observaba sus sucias sandalias de goma.
Un mundo femenino, mal mirado. Criticado hasta la saciedad. Aborrecido en lo más hondo de sus tripas. Vomitado y expulsado en forma de mucosidades. Tanto daño le había hecho que se había convertido en su hermano. Aquel hermano añorado, inexistente. Buscado en mil y una pieles humanas.
Le gustaba su compañía. Final de algún trayecto. Sin recorrido cierto, aún. Echó de menos los pies del amado. Acostumbrada a que le abrieran el camino. Triste, deshojada vida sin sus pies. Voz grave, voz melodiosa, voz…

miércoles, 3 de julio de 2013

Ella, los hermanos y las calles.


Solía caminar sola, de noche, ansiando encontrar alguna cosa olvidada.
 Caminó de madrugada en ciudades diferentes, distintos continentes. 
Lenguas extranjeras, gentes coloridas, grisáceos rostros europeos. Hábitos norteafricanos, café con leche francés, te londinense. Cigarrillos italianos, bebidas francesas. Radios en todas las lenguas, la acompañaron en su periplo. Músicas, hoy pasadas de moda, habían alegrado su vida pretérita.

Conocer a los hermanos le devolvió el amor por lo nuevo, lo raro, lo extranjero. Hombres agradables, afables en el trato, cosa difícil por aquellos pagos. Sus sonrisas y rostros eran diferentes. Uno encantador y seductor, el otro tierno, infantil y melancólico. El vapor del narguile de uno de ellos animaba la conversación que iba de lo erudito a lo irrisorio, en un brillante ejercicio mental que les vino bien a los tres. 
Uno de los hermanos preguntó si era Filóloga. Ella respondió que gitana, escondiendo su Filoxénia griega, su amor por lo novedoso, sin importarle de donde viniese.

Recordó, más tarde, insomne en su lecho, el amor de horas antes. Cuatro horas de felicidad la había situado en su vértice, de nuevo. Y añoró sus calles.

Calles brasileñas, londinenses, parisinas y romanas. Calles majoreras y grancanarias. Palmeras, gomeras y herreñas.Calles de Arrecife de Lanzarote, Olinda Pernambuco. Barcelona, Madrid Guipúzcoa y Córdoba. Málaga, Algeciras. Tánger y Agadir.

Siempre, el eterno martilleo de sus tacones, incansables, a la saga de su instinto, esta vez con zapatos de madera, con sonido de leño musical, uñas de los pies con esmalte rosa, recorriendo las calles.


viernes, 7 de junio de 2013

فرح والجزيرة



Farah y la Isla.
Se sorprendió observada por los ojos negros enfundados en barba negra de aquel integrista de la moda, capaz de colorear su pelo a sabiendas de que no era lo que deseaba. Sintió su mirada clavada en la de ella, esperando a que le saludara, invitándola a conversar en el brillo de sus negras pupilas, llenas de ansiedad.
Al llegar a casa, después de una breve incursión en la Isla de realidad, sintió como un vahído de deseo la invadía, al recordar al muchacho alienado por la Moda. Le pareció todo confuso, formando parte de aquel ente, que había decidido denominar Al Djaza´ir, la Isla en árabe, para aclarar la confusión de su mente norteafricana. No podía pensar en nada sin sentir ahogo, una angustia beligerante que le hacían sentir la mayoría de las personas que decidían mirarla, por uno u otro motivo, ora desafiantes, ora despectivas.
La misma indecisión de su alma, la había probado en el alma del muchacho de negra barba, precioso, frágil e indefinido. Vio como él se disgustaba al no poder reanudar el diálogo iniciado por ella, con una excusa trivial, y que ambos habían disfrutado. Sus ojos se clavaron en el alma de Farah, expectantes, y ella pasó de largo, acongojada por la angustia del mínimo contacto con el rudo mundo que la observaba con extrañeza ante lo árabe de su tatuaje.
Culpada en silencio por la atrocidad de la masa Salafista, embozada en el dolor de la incomprensión, ajena a todo movimiento que no fuese el de aquellos preciosos ojos negros, rodeados por aquella preciosa barba, salvaje en su color negro por la juventud, que, en secreto, deseaba fundirse con su tatuaje en un beso afortunado, con Baraka. En fin, pensó ella, nunca había pensado algo tan disparatado como una barba joven y un tatuaje besándose.
Apartó aquel pensamiento, que le producía más angustia, si cabe. La Isla de lo externo no le ofrecía más que ilusiones pasajeras, irrealizables, como el sueño de Amina Tyler de ser libre en un Planeta gobernado por la sinrazón de la moral religiosa, sustituyendo a la cordura y al más mínimo asomo de sentido común.
Se refugió en aquel detalle negro, doblemente negro, erótico, y hasta libidinoso en su negrura salvaje. Los ojos y la barba del muchacho la seguían observando aún después, de estar en casa, ya sola y en paz. O eso creía ella…

martes, 7 de mayo de 2013

Farah, cabalgando de nuevo en su camello volador.



Se sintió llena de vida, cabalgando de nuevo junto a su pequeño Clan. Había visitado a su familia, y estar con su madre, sus hermanos e hijos, la llenaron de paz.
Abandonó el campamento familiar en compañía de todos ellos, que visitaron su tienda, y las de su nuevo Clan.
La vida nómada no permite agrupar a mucha gente en un mismo campamento. Permitió que la lejanía, y los errores, cometidos por el Clan anterior se disipasen, en una mirada fija a las llamas del hogar, en plena noche, insomne.
Desde que se había trasladado a Occidente sentía menos necesidad de dormir que antes, debería ser debido a la entrada inminente del verano, con su fuego que baja del Cielo de día, para refrescar la noche en aromas de humedad.
Abandonó la sintaxis, vieja e inservible, como un cacharro muy preciado pero agujereado en el fondo, dónde ya no se puede cocinar…
Los programas fueron barridos de su vida, y retuvo en su mente la imagen de Cheikha Rimmiti con gafas, cantando ya muy anciana, justo antes de morir en su largo periplo alegrando las almas de quienes escuchasen con atención su voz rasgada.
Los carteles se descolorieron, hechos jirones tras la larga temporada de lluvias que había animado el Desierto. Los libros, atesorados en su caja azul turquesa, fueron encinchados en las angarillas de su camella blanca, preparados para un vuelo a todo galope por el cielo, de un azul indescriptible, como sólo se ve en África.

sábado, 27 de abril de 2013

DE LA COBARDÍA, Y DE COMO FARAH SE CONVIRTIÓ EN UN SER SALVAJE.





Se sintió insultada, en su alma de noble guerrera, por la cobardía de vivir sin honor.

Emplumó sus orejas, a la manera Guaraní, tatuó su barbilla, según la tradición Touareg, y se dispuso a despedazar la cobardía con sus propios dientes, si 
fuese necesario.

Un animal salvaje, desconocido, furioso, brotó de lo más hondo de su ser, ante la deshonra continuada. Añoró sus tierras, “las tierras malas”, que nadie quiso, y que ella amaba con pasión.


El recuerdo de aquella tierra roja, venturosa y feliz que le había devuelto la felicidad y la fiereza, la acarició. Pensaba que ya todo estaba perdido, cuando llegó 
allí, de la mano de su compañero, de mil lágrimas derramadas, melancólicos los dos por un mundo que ya no existía.


 Deseó volver a recorrer aquellos páramos que la hicieron feliz. Aquel desierto amado, arenoso en los Jables, y pedregoso en la Hamada. Su mente tenía 
grabada cada cima de cada montaña, cada sendero, cada gavia.

Sin amor, sólo deseaba ser mecida por el rumor del mar y la música del viento. Caminaría sin descanso, para siempre, en un eterno peregrinar. Como golondrina de 
África, volaría de nuevo a aquellas tierras, jamás abandonadas, sólo por un instante, el mismo instante en que fue desafiada, de manera brutal. Se juró no soportar más aquel despropósito de ignorancia, y tornó a ser salvaje, nómada mezcla de navegantes portugueses, cristianos nuevos del Reino de Navarra. 

Su sangre africana se mezcló con sus orejas emplumadas, a la moda guaraní, tupí, y emprendió el camino para no regresar jamás.


martes, 23 de abril de 2013

Farah en el Planeta de las Calabazas.



De repente había aterrizado en el Planeta en el que todo se transformaba en calabaza.

Recordó un cuento, le costó, ya que odiaba ese cuento con todas sus fuerzas de mujer.

Hablaba con personas que encontraba, y tras un par de sucesos vividos junto a ellas, se transformaban en calabaza.

No era a medianoche, como en el cuento odiado, era así, a cualquier hora del día o de la noche. Con Sol radiante, nubes o lluvia. Con Luna creciente o menguante. Todo se tornaba calabazas.

Se sintió maravillada, estupefacta, al comprobar que el cuento de su infancia, en cierta manera se volvía realidad, ¿o la realidad se tornaba cuento?

Se sintió desvariar, la música de Roberto Carlos sonaba en su cerebro desde hacía dos días, y la vio reflejada en una pantalla, carretera adelante. Camión de carga, Brasil adelante.

Aparecieron ante sus ojos Petrolina, Lençois, Mucurugé, para luego volverse calabazas, de una vida pasada en la felicidad de la inconsciencia de lo que estaba por venir, cuando sus pies pisaron aquellos parajes, realmente, y no en la pantalla-calabaza.

Hablaba con amores-calabaza, que no resistían ni hasta la medianoche, desapareciendo la bandada de corazones rojos, apareciendo en su lugar calabazas que reían crueles, de ella, mientras 
cocinaba.

Observó la felicidad de la loba Habiba, durmiendo en su lecho de color verde, regalo de su tía Calabaza, que se había desmoronado ante ella dos días atrás, casi llorando, implorando una compasión obtenida.

Farah era fiel, amaba a sus amables y desconfiaba de tanta calabaza…
Alguna cosa extraña estaba sucediendo en su vida, pero no vio un mal signo en todo aquello. 

Muy al contrario, observó como una nueva realidad se abría ante sus ojos. ¿Muro de Berlín? ¿Primavera árabe? Sólo un montón de calabazas, y sonrió para sí misma, acostumbrada a aquellas historias de magia del Norte de Brasil…

miércoles, 17 de abril de 2013

TARO, EL ECO DE MANRIQUE.

Del Silencio, la ausencia de nación y otras incertezas.






Decidió dejarse invadir por el Silencio, de sus tripas, su corazón latiendo, sus huesos estallando por el frío que se resistía a abandonarla. Desde hacía días  se sentía de ningún lugar. Recordó las palabras del cantante, que decían que las cosas no llegan a realizarse como uno las imaginó en su origen.
Esta declaración la convirtió inmediatamente en Ciudadana del Planeta irrealizado, desechando, por demasiado obvias, nacionalidades, fronteras, banderas y ejércitos, por demás inservibles.
El Silencio de las tripas le permitía escuchar el llanto, la agonía de todas las personas atrapadas por sistemas, fueran nacionales, transnacionales o internacionales. Y decidió continuar en aquel Silencio un día más, por recomendación del Aire.
Áspera, se desprendió de cualquier sutileza que no fuera la voz que cantaba, primitiva en su origen, elaborada en su modernidad.
Continuó ásperamente esculcando, arguyendo y sospechando, de cualquier cosa que no fuera animal, planta o piedra. Excluyó, por supuesto, a la “Hermandad de los que saben”, por hallarla cierta, segura e incorruptible.
La sonrisa de la radio le acarició el oído. Hablando de “diques secos”, educación femenina, ¡oh, al fin alguien pensó que existimos!
 En su pensamiento escachado, por miles de años de Civilización errónea, incierta, Imperial o Republicana…

domingo, 7 de abril de 2013

LOS NIÑOS...



Los niños de El Salvador eran arrastrados por la tropa asesina, entrenada por los EEUU, para convertirlos en niños 
soldado. Los niños de Liberia, Afganisthán, y de todos los países del mundo, os maldecimos. A vosotros, ladrones de 
sueños, repugnantes arrebatadores de sonrisas e inocencia.
Los niños que ahora mismo duermen en las calles de Bombay, con toda su familia en un cartón, por el que han de pagar alquiler, las niñas casadas con viejos malignos en Mauritania, las niñas mutiladas en Gambia, os maldecimos, por desgraciados y perpetuadores del horror, de la tristeza, y 
por cambiar la felicidad de la infancia por llantos y gritos de terror.
Los niños de Palestina, de Israel, de Iraq, os maldecimos por asesinos, por habernos tirado misiles y bombas incendiarias, cuando no gas nervioso, minas anti-persona que nos han dejado sin brazos o piernas, quemados los sentimientos, la vida y las ganas de ser personas felices.
Los niños de la calle de Brasil, que serán masacrados a miles antes de la Copa del Mundo o de las Olimpiadas, también escupen en vuestra cara, porque habéis perdido la vergüenza, el honor y la dignidad, peor aún, quizá nunca la habéis conocido, convirtiéndoos en meras réplicas de 
vuestros maltratadores, abusadores, masacradores…
Nunca me borraréis la sonrisa, ni olvidaré que fui feliz, siendo niña, aunque me lo pusiérais muy, muy difícil.
Las niñas y niños del Sáhara…

domingo, 31 de marzo de 2013

Presentación de "Marfea" y "Encajes" por Felicísima Martín Capote


Creo que la valoración literaria de la obra de Jesús Azcona Cubas la dejo en manos de Ángel Morales, experto en estas lides, ya que para mi es difícil ser justa en las apreciaciones pues no soy una especialista en crítica literaria. Si voy a hablar de lo que creo que Suso intenta transmitir como persona.
En este mundo tan dado a idolatrar y muchas veces a denigrar a las personas, he tenido la gran oportunidad de conocer a alguien a quién no le importan estas valoraciones siendo fiel a si mismo. Así he podido conocer el lado más humano, más crítico y más versátil de Jesús y también a su mundo, un mundo creado a fuerza de vivir y luchar.
No es de extrañar que en sus libros plasme aquellas situaciones que acontecen en la vida cotidiana, pero no la vida cotidiana de un espacio reducido como es el de nuestras islas, sino que como buen universalista que es, se ha encargado de observar y aprehender modos de vida, costumbres, tradiciones y a ser respetuoso con ellas sin perder un ápice de su libertad y de su independencia,independencia física y de pensamiento, capaz de expresar con absoluta claridad lo que es mundo hecho de mentiras, engaños, desprecios, decepciones, corrupción pero también capaz de expresar sentimientos de respeto, de amor por la cultura, de apoyo y confianza para los demás, de luchar para mejorar la vida de los otros y todo ello desde una perspectiva comprometida, una perspectiva transmitida por unos padres con convicciones políticas igualitarias, por unos amigos con los que ha compartido su ideario de libertad y justicia, sabiendo que la vida es algo efímero pero que mientras tengamos recursos no dejaremos de luchar y compartir, porque compartiendo hemos crecido y hemos trabajado para que los valores, al menos de los que nos rodean, sigan firmes e intactos en esta sociedad.
Hemos compartido las experiencias de nuestros viajes, del teatro, de los amigos comunes, ha participado en mis tareas docentes y a la misma vez hemos crecido juntos. Esta experiencia de compartir sus puntos de vista, que a nadie dejan indiferente, muchas veces me han hecho pensar si todavía somos los jóvenes que salíamos de casa juntos para ir de fiesta, los jóvenes que amaban la libertad de expresión y la igualdad social. Aquellos que luchaban frente a los conflictos y compartían las huelgas tanto como podíamos compartir una ranchera de la revolución de Pancho Villa como de la revolución cubana en la casa de Ángel Morales. Hoy se bien porque estoy aquí, y creo no equivocarme, quizá el autor haya querido compartir esta bella ocasión con alguien que, como él, nunca ha aceptado este mundo de falacias, donde lo vivido, el ser no es tan importante, para dejar un espacio cada vez mayor al envoltorio. Puedo decir con entera libertad que Suso se ha dedicado a desmontar todas estas falacias desde el punto de vista psicológico, antropológico y sociológico. Conocedor de muchos países y estudioso de varios idiomas, le ha posibilitado no ceñirse a un patrón establecido, sino vivir con la mayor autenticidad y extraer lo mejor de cada parte. Por eso el mundo de Suso se encuentra en un punto muy alto si lo medimos por el rasero de este y quizá sea conveniente encontrar en su literatura, en las heroínas de nuestras conversaciones, valga de ejemplo Valentina Tereshkova o Mary Kingsley o tal vez en sus sueños de paz, igualdad y justicia la posibilidad de hacerle una buena crítica literaria.
Espero que sus aportaciones literarias tengan el éxito y el justo reconocimiento que merecen.
Felicísima Martín Capote

lunes, 18 de marzo de 2013

Presentación de "Farah y los Clones" en Fuerteventura.


Exposición de fotografía "Fuerteventura: hábitat, desierto y océano"

"Librería de Mujeres de Canarias" C/ Sabino Berthelot, 42 Santa Cruz de Tenerife.



Geología, fotografía y pensamiento.

Durante el “Pleistoceno”, hace alrededor de cincuenta millones de años, se abrió lo que hoy llamamos Estrecho de Gibraltar y se inundó el área del Mar Mediterráneo.
Fuerteventura, al ser una de las islas geológicamente más antiguas en su formación, se bamboleó al crearse un vacío por el caudal de agua oceánica que formo el mediterráneo, dejando la cara de Barlovento más elevada y zonas que estaba sumergidas quedaron en la superficie, dando origen a las “Solapas” o “Solapones”, que con la erosión y el paso del tiempo nos han dejado estas caprichosas formas en los acantilados de Pájara, Betancuria, Puerto del Rosario y La Oliva, siempre en la costa de Barlovento.

Por último reseño un fragmento escrito por Susan Sontag que dice”...Podemos apresar el mundo entero en nuestras cabezas. Coleccionar fotos es coleccionar el mundo. El cine y la televisión iluminan paredes y desaparecen. En la fotografía la imagen es un objeto, liviano, barato y fácil de almacenar.
Fotografiar es apropiarse de lo fotografiado. Significa establecer con el mundo una relación determinada que sabe a conocimiento...”.
Sólo me resta explicarles que el estudio de la arquitectura en ruinas, demuestra la cultura amazigh de Canarias, una vez realizado un estudio comparativo entre las regiones del Anti-Atlas-Marruecos, Agadir-Souss-Massa, Taroudant y Ouarzazate, con las estructuras habitables más antiguas de Fuerteventura, con la inestimable colaboración del “Archivo Histórico del Cabildo Insular de Fuerteventura”, por la ayuda prestada para la realización de esta investigación.


Regalo, para un solemne estúpido.....



Hay un estúpido, solemne en su envidia, y al que le hago dudar de "su identidad ficticia".
 Ignorante de raíz, que dice "pertenecer al mismo tronco familiar" que yo, jajajajajajajajajajaja, que me acosa, persigue, comenta cualquier cosa que haga, o noticia en la que aparezca alguna de mis creaciones. Soy AFRICANA, mestiza, hija de aborígenes mezclados con conquistadores, emigrantes de aquí y de allá, y ese es mi mayor orgullo: pertenecer al MUNDO. ¡Pobres de aquellos que para tener IDENTIDAD se sienten amenazados por la mía!  jajajajajajajajajajajajajaja
Mi única familia son lobos y cernícalos. Tengo hermanas Langostas,crustáceas, resistentes, de aguas cálidas y arenosas como yo... ¿A que familia se referirá este huevo frito?

martes, 5 de marzo de 2013

Mi corazón: una tormenta en el Océano.




Así, como había visto el Océano aquella tarde, revuelto, con una fuerza capaz de arrastrar toda la Tierra hacia las profundidades abisales, estaba su corazón. Removido, como las grandes rocas que aquellas olas bravas, gigantes, bamboleaban en el fondo.
Miles de emociones se agolpaban en su cerebro, incapaz de asimilar tanto cúmulo, tanto desparpajo, capaz de arrastrar un pedazo de costa, de una mordida de ola marina.
Personas, animales, objetos, flores, puertas arrancadas y barcos bamboleados. El resultado de aquella marea infernal, casi de fuego, si no fuese por lo gélido de las aguas del Atlántico en aquellos primeros días de Marzo...
Contempló como las nubes viajaban a velocidad de vértigo, cambiando de dirección, rolando de norte a sur, de sur a norte, y de repente aquel sol, iracundo, cuando estaban en el centro del ciclón. Duraba una media hora, empezaba a llover.
Un aguacero, por todas las lágrimas derramadas a lo largo de toda su vida, que en media hora hacía invisible el camino, arruinaba su ropa seca, y la hacían totalmente frágil. Como aquella hojarasca, a merced del viento huracanado. Como aquellas ropas tendidas que se agitaban como látigos infernales.
En medio de aquella tropelía, que era la vida, vivía su corazón.
Maltrecho a veces, feliz otras.
Como aquellas tazas de café, halladas en medio de las ruinas, blancas, relucientes, esperando a estar llenas, con el delirante aroma de café, infusión sanadora, compañera del olvido, de la soledad. Sorbo, que arrastraba sinsabores de años.
Arañas esperando, a que amainase el aguacero. Para seguir tejiendo, y devorando, tejiendo, devorando... Por toda una vida, de araña.
La sorpresa, de un día de aventura, en compañía de los hermanos, Mariposa, enamorada de una cucaracha, y Luciérnaga de ojos azules, brillando de alegría, de ser aprehendidos en comunidad los tres, en medio de la tormenta, que azotaba el Océano.... Por la Vida.

martes, 26 de febrero de 2013

De Farah, espectadora del fin del Mundo podrido, Reina del poder indígena.




Observó por encima de las nubes, desde el Oriente hasta América del sur, contemplando como los estados-corporación se resquebrajaban, traicionados por sus acreedores, amos en fin de sus pocas argucias pestilentes.
Como, los Pueblos, despectivamente llamados “problema indígena” por Winston Churchill, se habían enfurecido en El-Aaiún, en Gdaim Izik, desencadenando una Revolución en todo el Orbe.
Al Pueblo saharáhui le costó setecientos heridos, once muertos y ciento cincuenta desaparecidos.
Túnez amaneció en llamas por la injusticia de un joven que se quemó a lo bonzo, ante lo irreparable de su Destino de miseria.
Les siguieron Egipto, Libia y Siria. Las mujeres saudíes comenzaron a dirigir sus automóviles.
Argentina y Bolivia expropiaron a las multinacionales euro-españolas, devolviendo los bienes saqueados a las clases populares, vistiendo de dignidad la denuncia del presidente de Ecuador ante el Tribunal de Estrasburgo, por los desahucios a sus ciudadanos en España.
La carne de caballo había sido comida por la refinada Europa, la de las normas exhaustivas. Todo había comenzando por los pepinos de Hamburgo, la bacteria “ercoli”, colapsando su credibilidad, rayana en el abismo por el Caos financiero que vivía el continente inexistente. ¿En que momento de la Historia se separó de los Urales?

El representante del Dios asiático-semita, adorado en Europa, dimitió por los escándalos, viéndose sin fuerza física para afrontarlos. El último que lo intentó fue envenenado, igual que Yassir Arafat, y todo aquel que se oponga a la maquiavélica maquina neo-colonialista, hegeliana, capaz de molerlo todo, en pos de una subida en la prima de riesgo, que jamás se daría por lo absurda.
Lxs ciudadanxs no se dejaron amedrentar por presidentes islamistas, ni por el ejército sirio, por el F.M.I.,las calles de España, Portugal, Grecia se llenaron de jóvenes rebeldes, de ancianos sin casas ni Derechos, y nació el nuevo indígena.

Digna hija de Tin-Hinan, la enorme mujer que se remonta a la Atlántida de Herodoto, Farah se sintió capaz de comandar un nuevo ejército de amazonas, que pasearía triunfalmente por calles desiertas, llenas de pertenencias abandonadas, en la precipitada huída de los ladrones, putrefactos seres, que detentaron el Poder durante más de doscientos años.
La cultura Náhuatl tenía razón, era el Fin de la esclavitud. La Era de lo podrido tocaba a su fin, y llegaban las Tribus, a celebrarlo bailando alrededor de un gigantesco fuego. En la Plaza Tahrir...

lunes, 4 de febrero de 2013

Carta a una Hermana Langosta.




Querida Hermana Langosta:
Supe por tus relatos, que las langostas mudamos el caparazón cada cierto tiempo, y es cuando nuestros vientres quedan al descubierto, sin protección de nuestro duro caparazón naranja.
Ahora, desde la debilidad de mi cambio de caparazón, te escribo, para decirte que me siento muy desprotegida, acongojada y débil, desde que abandoné aquellas aguas cálidas, arenosas del Banco Sahariano, en las que he vivido durante este último año.
Se me hace tarea árida, y casi imposible, resistir esta hipersensibilidad, ahora entiendo la tuya, y nada ni nadie me ayudan.
Miento, cuento con un variado grupo de crustáceas, y seres de todo tipo, que me asisten, pero se agiganta un vacío en mi interior que no sé como resolver. Quizás hicieras falta tú, Langosta experimentada que ya has dejado atrás varios caparazones. Para mi el más difícil de los procesos es dejar atrás el desencuentro, la falta de esperanza en los que creí “los míos”, y el abandono total en estas aguas heladas, invernales, de costa rocosa que yo no elegí.
Vine a parar aquí, no sé bien como, una cosa lleva a la otra... Un mal diagnóstico, quizás la aridez del personal de la costa receptora, quién sabe una guerra en ciernes en este espacio, antaño remanso de paz y de riqueza.
Lo peor de todo, es que deseo, con todo mi corazón, volver a aquellas aguas cálidas, serpenteantes, a aquel paisaje de desierto puro, luz de estrellas hiper-brillantes en medio de la noche solitaria. Sólo mi loba continúa siendo fiel, a mis cambios, adaptándose velozmente al frío, para no abandonarme. Ella es mi refugio y guía, de como se debe ser y actuar, en este Universo, ya jamás será “Pluriverso”, que se ha vuelto harto mezquino, maleducado, salvaje y grosero.
Veo extraños seres, pegados a las teclas de su individualidad, y su triste visión del Cosmos como algo ajeno, no un espacio único, precioso para compartir.
Veo como fingen, metiendo sus narices en libros que aparentan leer para no levantarse de sus asientos, cuando llega alguna Langosta muy vieja, con una pierna enferma, o familias con bebés-Langosta. Observo como se enchufan a los oídos algo extraño, que los aísla de la Naturaleza y que les dañará el cerebro, a ellos y sus crías, olvidando lo más esencial: creo que jamás han tenido una Hermana Langosta, como yo te tengo a ti.

 Para “Helen Lafloresta”, instructora de caparazones, retazos, cuentos e historias...

martes, 29 de enero de 2013

Farah, la catástrofe y los depredadores.



Contempló con horror como la historia del manicómio de Bagdad durante los bombardeos de 2003, se volvía a repetir en Aleppo, Siria en 2012. Esto le dio la pista de que el Horror Mundial, llevado de la mano del Terror, que ejercían ejércitos convencionales en pos de una “Democracia caduca”, versus Terrorismo de guerrillas, continuaba su esperpéntica labor genocida.
Confundida, veía las imágenes de soldados franceses, vistiendo máscaras de muerte para liberar a Mali de la “horda islamista asesina”. Contempló vídeos, de los que llegaba a dudar de su autenticidad, de amputaciones de manos por robo, en Azawad, el sueño Touareg, que había durado un suspiro. Son más importantes los recursos franceses de Uranio en el Sahel que la vida de una tribu anterior al siglo VII después de Cristo.
Corroída su voluntad de hacer nada, devastada por el cúmulo cada vez mayor de despropósitos, dictaduras capitalistas disfrazadas de “Buenismo”, encabezadas por la cristianísima Angela Merkel y su repugnante Alemania, y finalizadas con Obama y Michelle bailando encima del escudo de la “Casa Blanca”, mientras en Egipto, Siria, Libia o Afganistán, morían cientos de miles de personas a diario.
¿Como era posible que el clamor de los locos del manicómio de Aleppo, abandonados allí desnudos, sin comida ni recursos, alimentados por la humilde gente del barrio bombardeado por el ejército de Al-Assad, y cuidados por dos celadores fieles, no parase aquel vals macabro de los Obama?
Ahora más que nunca se deben revisar las Teorías de Bakunin, Marx y celebrar la presencia en la Humanidad de Emma Gooldman, ángeles, que fueron enviados para ser utilizados, cuando no masacrados como Trotsky, cuando su verdadera función era elevar el nivel de lo humano que ronda en la ferocidad de las bestias que circulan hoy día, por las calles de nuestras ciudades.

lunes, 21 de enero de 2013

De Farah, remontando las escarpadas cimas de la Hammada.




Se sintió agotada al pie de aquella escarpada cima que llevaba el nombre de Guajara. Sólo de mirarla decidió acampar en la llanura emocional, sin sentimientos, a prepararse para subir con su camella aquel sendero en compañía de su loba y su tortuga, en espera de la aparición de los cernícalos, que le dieran la orden de partida.
Había decidido repudiar su clan familiar, desafiando el amor que un día decidió tenerles, y vivir sola, sin clan, sin tribu, una mujer sola en la Hammada, desierto rocoso de escarpados volcanes apagados, allá por el Cuaternario.
Se sintió triste y vacía, y lloró en soledad, amargamente, al saber que no vería nunca a su clan.
Decidió, de una vez por todas que su tribu era de lobas y tortugas, seres más compasivos y solidarios, y eliminó toda duda sobre su solución. Cerró sus círculos mágicos para ellos, y jamás volvería a abrirlos, pasara lo que pasara.
Recordó de golpe todos los desaires, las humillaciones infantiles, por su aspecto moreno diferente al de sus hermanos, sus modales majestuosos, tildados de “amanerados” por su masculina hermana. Le dolió en lo más hondo de su corazón la falta de noticias de su hermano, y decidió borrarlo de su vida para siempre.
Con su madre la guerra venía de lejos, desde que ella naciera a gusto de su padre y no respondiera a ninguna de sus expectativas, siempre fracasadas de antemano.
Ella y su victimismo hebráico... Siempre con lágrimas falsas prestas a acudir a sus ojos, hinchados por la mentira de siglos. Manipulando desde antes de nacer, deseando que Farah fuera como ella quería, sin aceptar ser el arco que la disparara a la vida, fuese como fuese, aceptándola, siempre tarde y de mala manera. Pensó en que jamás, ni una sola vez la había escuchado decirle: Perdóname Farah, estaba nerviosa, me equivoqué... Siempre, fingiendo a las dos horas, que nada había pasado... Pero esta vez, todo había cambiado, se había roto finalmente un cordón umbilical envenenado que la ataba a ella, y a su venenosa actitud.
Los Derviches la había enseñado, ¡a ella una mujer!, a no manipular ni dejarse manipular, a estar siempre en sintonía con la Naturaleza, y eso no permitiría que se lo arrebatase familia ni clan alguno.
Sintió insomnio, ganas de tomar café y de disfrutar de su sabor, de su aroma mirando las estrellas, como sólo se ven en el Sáhara.



Una "Hamada" o "Hammada" es un tipo de paisaje de 

desierto pedregoso, caracterizado en gran parte por su

paisaje árido, duro, de mesetas rocosas y con muy poca 

arena



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martes, 8 de enero de 2013

De Farah, el agravio, el silencio y la soledad.



Se sintió agredida, en lo más íntimo de su ser, por los insultos de aquella arpía con cuerpo de hombre, desagradable, sin pelo, y completamente intoxicado por el alcohol.
Después de escuchar toda la noche los lamentos de un  lobo torturado por el encierro, se dispuso a acechar. 
Con el fusil en la mano, agazapada en su lecho, esperó a que algo sucediese, y así fue.
El desagradable ser, mitad hombre-mitad arpía, soltó su lengua de mujerzuela, al verla encañonarlo con su fusil. La insultó e intentó atemorizarla, huyendo al galope, dando gritos de cobardía, amedrentándola, mientras se alejaba.
Nada fue igual desde aquella noche, y unas ganas irrefrenables le atenazaban la garganta, sin poder estallar en un llanto reparador, hirviendo por dentro de la rabia. 
Deseó ser anónima, en un desierto nuevo, esta vez sin habitante alguno, y pensó que este lugar sólo podría encontrarse en el más allá.
 Por un instante atisbó la idea de prender su fusil, dirigir el cañón hacia su boca, y acabar con todo de una vez. Fieramente, como había sido todo en su vida. No le restaba nada más que escuchar, mezquindad alguna a la que asistir, desengaño al que no se hubiera expuesto...
Finalmente, optó por forzar su llanto, y la grave presencia de la compañía impuesta la atenazó, como si de la mano de un estrangulador se tratase, haciéndole faltar el hálito. Su poder vital se resquebrajaba, y nada deseaba hacer, más que disolverse, en una nueva mar de nada. 
Una mar de recuerdos atesorados, de amores antiguos y pasados en compañía. Negándose el placer de la nueva posibilidad.
Jamás creyó que el sufrimiento la pudiese llevar a lugar ninguno, y detestó con todas sus fuerzas la maldad humana, que la hacían perecer y nacer, una y mil veces, en un interminable carrusel.
Una vez ahuyentado el maltratador de lobos, no pudo restar en paz, sólo esperar el siguiente ataque, recordando que la vida en el desierto es así.... dura, despiadada y tremendamente solitaria.


"Farah y los Clones"

jueves, 3 de enero de 2013

De Farah, a la búsqueda del amor bajo las estrellas.


Farah pasaba los días entre la incertidumbre de la llegada del resto de su tribu, que traería algunas pertenencias del campamento, y el amor en solitario.
Amor prometido, bajo las estrellas, en mitad de la nada, con la pobreza como distintivo y las ansias de amar por bandera.
Intentaba evadirse, para no pensar en el bello hombre árabe que le había explicado su manera de amar y entender la vida, interrumpida ahora su comunicación por una tormenta de arena gigantesca, que los había alejado más de cuatro días. La incertidumbre la mataba, y a pesar de conocer hombres interesantes y guapos, sólo podía pensar en él.
Ya no podía prestar atención a nada ni a nadie. Conturbada su alma, por el amor disuelto en mil granos de arena roja, se sentía vacía, llena al mismo tiempo de satisfacción por haber encontrado un hombre que la comprendía y que, aparentemente, estaba dispuesto a compartir algo más que una noche con ella.
Una y otra vez, se debatía entre los que querían utilizarla, sin comprometerse a nada, occidentales todos, y su verdadero amor árabe. Sólo él alcanzaba a entender el alcance de su compromiso, con ella misma, con la vida y con el amor. Sólo él comprendía las noches en el desierto, una tienda y nada más, el cielo por casa y las estrellas por luz.
Se sintió desangelada y con frío, muchísimo frío. Sin él, pensando que todo había sido un engaño de los Djins.