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martes, 26 de febrero de 2013

De Farah, espectadora del fin del Mundo podrido, Reina del poder indígena.




Observó por encima de las nubes, desde el Oriente hasta América del sur, contemplando como los estados-corporación se resquebrajaban, traicionados por sus acreedores, amos en fin de sus pocas argucias pestilentes.
Como, los Pueblos, despectivamente llamados “problema indígena” por Winston Churchill, se habían enfurecido en El-Aaiún, en Gdaim Izik, desencadenando una Revolución en todo el Orbe.
Al Pueblo saharáhui le costó setecientos heridos, once muertos y ciento cincuenta desaparecidos.
Túnez amaneció en llamas por la injusticia de un joven que se quemó a lo bonzo, ante lo irreparable de su Destino de miseria.
Les siguieron Egipto, Libia y Siria. Las mujeres saudíes comenzaron a dirigir sus automóviles.
Argentina y Bolivia expropiaron a las multinacionales euro-españolas, devolviendo los bienes saqueados a las clases populares, vistiendo de dignidad la denuncia del presidente de Ecuador ante el Tribunal de Estrasburgo, por los desahucios a sus ciudadanos en España.
La carne de caballo había sido comida por la refinada Europa, la de las normas exhaustivas. Todo había comenzando por los pepinos de Hamburgo, la bacteria “ercoli”, colapsando su credibilidad, rayana en el abismo por el Caos financiero que vivía el continente inexistente. ¿En que momento de la Historia se separó de los Urales?

El representante del Dios asiático-semita, adorado en Europa, dimitió por los escándalos, viéndose sin fuerza física para afrontarlos. El último que lo intentó fue envenenado, igual que Yassir Arafat, y todo aquel que se oponga a la maquiavélica maquina neo-colonialista, hegeliana, capaz de molerlo todo, en pos de una subida en la prima de riesgo, que jamás se daría por lo absurda.
Lxs ciudadanxs no se dejaron amedrentar por presidentes islamistas, ni por el ejército sirio, por el F.M.I.,las calles de España, Portugal, Grecia se llenaron de jóvenes rebeldes, de ancianos sin casas ni Derechos, y nació el nuevo indígena.

Digna hija de Tin-Hinan, la enorme mujer que se remonta a la Atlántida de Herodoto, Farah se sintió capaz de comandar un nuevo ejército de amazonas, que pasearía triunfalmente por calles desiertas, llenas de pertenencias abandonadas, en la precipitada huída de los ladrones, putrefactos seres, que detentaron el Poder durante más de doscientos años.
La cultura Náhuatl tenía razón, era el Fin de la esclavitud. La Era de lo podrido tocaba a su fin, y llegaban las Tribus, a celebrarlo bailando alrededor de un gigantesco fuego. En la Plaza Tahrir...

lunes, 4 de febrero de 2013

Carta a una Hermana Langosta.




Querida Hermana Langosta:
Supe por tus relatos, que las langostas mudamos el caparazón cada cierto tiempo, y es cuando nuestros vientres quedan al descubierto, sin protección de nuestro duro caparazón naranja.
Ahora, desde la debilidad de mi cambio de caparazón, te escribo, para decirte que me siento muy desprotegida, acongojada y débil, desde que abandoné aquellas aguas cálidas, arenosas del Banco Sahariano, en las que he vivido durante este último año.
Se me hace tarea árida, y casi imposible, resistir esta hipersensibilidad, ahora entiendo la tuya, y nada ni nadie me ayudan.
Miento, cuento con un variado grupo de crustáceas, y seres de todo tipo, que me asisten, pero se agiganta un vacío en mi interior que no sé como resolver. Quizás hicieras falta tú, Langosta experimentada que ya has dejado atrás varios caparazones. Para mi el más difícil de los procesos es dejar atrás el desencuentro, la falta de esperanza en los que creí “los míos”, y el abandono total en estas aguas heladas, invernales, de costa rocosa que yo no elegí.
Vine a parar aquí, no sé bien como, una cosa lleva a la otra... Un mal diagnóstico, quizás la aridez del personal de la costa receptora, quién sabe una guerra en ciernes en este espacio, antaño remanso de paz y de riqueza.
Lo peor de todo, es que deseo, con todo mi corazón, volver a aquellas aguas cálidas, serpenteantes, a aquel paisaje de desierto puro, luz de estrellas hiper-brillantes en medio de la noche solitaria. Sólo mi loba continúa siendo fiel, a mis cambios, adaptándose velozmente al frío, para no abandonarme. Ella es mi refugio y guía, de como se debe ser y actuar, en este Universo, ya jamás será “Pluriverso”, que se ha vuelto harto mezquino, maleducado, salvaje y grosero.
Veo extraños seres, pegados a las teclas de su individualidad, y su triste visión del Cosmos como algo ajeno, no un espacio único, precioso para compartir.
Veo como fingen, metiendo sus narices en libros que aparentan leer para no levantarse de sus asientos, cuando llega alguna Langosta muy vieja, con una pierna enferma, o familias con bebés-Langosta. Observo como se enchufan a los oídos algo extraño, que los aísla de la Naturaleza y que les dañará el cerebro, a ellos y sus crías, olvidando lo más esencial: creo que jamás han tenido una Hermana Langosta, como yo te tengo a ti.

 Para “Helen Lafloresta”, instructora de caparazones, retazos, cuentos e historias...