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lunes, 4 de febrero de 2013

Carta a una Hermana Langosta.




Querida Hermana Langosta:
Supe por tus relatos, que las langostas mudamos el caparazón cada cierto tiempo, y es cuando nuestros vientres quedan al descubierto, sin protección de nuestro duro caparazón naranja.
Ahora, desde la debilidad de mi cambio de caparazón, te escribo, para decirte que me siento muy desprotegida, acongojada y débil, desde que abandoné aquellas aguas cálidas, arenosas del Banco Sahariano, en las que he vivido durante este último año.
Se me hace tarea árida, y casi imposible, resistir esta hipersensibilidad, ahora entiendo la tuya, y nada ni nadie me ayudan.
Miento, cuento con un variado grupo de crustáceas, y seres de todo tipo, que me asisten, pero se agiganta un vacío en mi interior que no sé como resolver. Quizás hicieras falta tú, Langosta experimentada que ya has dejado atrás varios caparazones. Para mi el más difícil de los procesos es dejar atrás el desencuentro, la falta de esperanza en los que creí “los míos”, y el abandono total en estas aguas heladas, invernales, de costa rocosa que yo no elegí.
Vine a parar aquí, no sé bien como, una cosa lleva a la otra... Un mal diagnóstico, quizás la aridez del personal de la costa receptora, quién sabe una guerra en ciernes en este espacio, antaño remanso de paz y de riqueza.
Lo peor de todo, es que deseo, con todo mi corazón, volver a aquellas aguas cálidas, serpenteantes, a aquel paisaje de desierto puro, luz de estrellas hiper-brillantes en medio de la noche solitaria. Sólo mi loba continúa siendo fiel, a mis cambios, adaptándose velozmente al frío, para no abandonarme. Ella es mi refugio y guía, de como se debe ser y actuar, en este Universo, ya jamás será “Pluriverso”, que se ha vuelto harto mezquino, maleducado, salvaje y grosero.
Veo extraños seres, pegados a las teclas de su individualidad, y su triste visión del Cosmos como algo ajeno, no un espacio único, precioso para compartir.
Veo como fingen, metiendo sus narices en libros que aparentan leer para no levantarse de sus asientos, cuando llega alguna Langosta muy vieja, con una pierna enferma, o familias con bebés-Langosta. Observo como se enchufan a los oídos algo extraño, que los aísla de la Naturaleza y que les dañará el cerebro, a ellos y sus crías, olvidando lo más esencial: creo que jamás han tenido una Hermana Langosta, como yo te tengo a ti.

 Para “Helen Lafloresta”, instructora de caparazones, retazos, cuentos e historias...

2 comentarios:

  1. querida hermana Farah,

    como hermana mayor, no te mentiré. Incluso puede que sea cruel. La verdad es que las caparazones cuestan muchísimo de regenerarse, y no deberíamos hacer la muda y salir al mundo hasta tener una nueva y dura coraza protectora. Y sobre todo, deberíamos hacer el regreso al mundo de la mano de una hermana.
    Pero no se puede tener todo.. ni hacer las cosas tan bien...

    Dices que nada ni nadie es capaz de que no siga creciendo el vacío en tu interior. Pues estamos igual... esa es la verdad. Rehuyo la compañía hasta de los seres queridos, temerosa de amar y mucho más de ser amada, me refugio en recuerdos, ausencias, vacíos... a veces (muchas) caigo en la auto-complacencia, en la auto-referencia constante. Un día me desperté con la frase (que era un grito) "sólo piensas en ti".

    es raro llorar como una niña pequeña (la misma soledad, el mismo desamparo) y saberse en un cuerpo que experimentó años de llantos. como si no hubiera pasado el tiempo más que para sumar contracturas musculares, úlceras y decepciones. a veces es así. y hay que esperar.

    esperar en la calma. por eso las langostas se refugian en los fondos marinos y no salen al mundo de teclistas sordos y comunicadores mudos. por eso prefieren alimentarse de deshechos a salir a la superficie.

    la vida tiene el ritmo de ciclos: siembra/creación; crecimiento/producción; cosecha/nacimiento; almacenamiento/hivernación.
    quizás, hermana langosta, se trata solo de cuidarnos durante la hivernación, ese momento de retirada, de sentarse alrededor del fuego, de nutrirse y dormir. Y de no mirar el vacío: ese es el secreto del trapecista: siempre mirar para adelante, nunca hacia abajo. Y no tener miedo a volar (dicen que el secreto de volar es no temer la caída)

    un abrazo sin pinzas

    h.


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  2. << Me siento como esos insectos que se despojan de la piel. Ahora he perdido la piel. El nombre de esa piel es Clarice Lispector.>>

    <>

    Yo aprendo según te leo vieja langosta, y cuanto mas te conozco mas te quiero.

    Una crustacea.

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