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lunes, 17 de abril de 2017

Oh, Nabil… يا نبيل



Una vez más, el fraude al que llaman amor tocó a la puerta de mi corazón.

Sin saber, pobre fraude, que mi cerebro ha abrazado a mi corazón…

Me lo ha enseñado una profesora de nívea cabellera, ojos negros de khool…

Las letras me protegen del amor de Egipto, por muy creativo que sea el fraude, no me lo compro, es caro.

Mujer política, imposibilitada para seguir esa estafa neurótica, adornada con corazoncitos rojos, infantiles.
Siento que tengo tres mil años de antigüedad frente al burdo merchandising.

Mi amor, atesorado en las pinturas de la Reina Hatshepsut, en las músicas de la Diosa Hathor.
Al final mi amor no es más, ni menos, que una vaca con disco solar entre los cuernos.

Amor de África. Brasil, Marruecos y el Sáhara.
Amor agrietado en Italia, Alemania y Francia.
Amor ebrio de alcohol en Inglaterra.

¡Detente fraude! Aléjate con tu maldición, ya sé que después de los corazoncitos viene el mercado de barbitúricos y el suicidio.

Muerte probada, sabor metálico de juventud, ¡aléjate de mis cabellos de fuego!

Tatué mi cara para lanzarte al abismo, y siempre pides más. Siempre una nueva estrategia para acabar en lo descarnado del sudor, la carne desnuda y las lágrimas.

Eternamente el mismo crimen, de Raskolnikov, sin castigo. Mi alma pura frente al hacha ensangrentada. La usurera y su inocente hermana, asesinadas por el marketing-de-la-Revolución-actuando.

Para nada.

Simple mezquindad y deseos vanos, ay Epicuro

Omega dijo, que mi mente científica, de Aquarius, lo resolvería todo.

Tenía razón.

Mi cerebro vive abrazado a mi corazón, para siempre.

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