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viernes, 19 de mayo de 2017

“Como Dios manda”.



Él era un hombre con un peluquín pelirrojo, y caminaba jorobado, delante, con un papel, o sobre, en la mano.

Lo encorvado de su andar le hacía tener la mandíbula laxa, dejando entrever una dentadura postiza alargada, encía retraída.

Vestía el hombre chaqueta de paño de mala calidad, estilo años cincuenta, a cuadros escoceses.



Ella, ojeras inmensas, caminaba detrás. Lejos, a la derecha del jorobado.
Es vieja y enjuta, usa una chaquetilla de punto, tejida con creencias de resignación y obediencia.


Regentaban un bar de nombre canadiense, recuerdo de su emigración largo tiempo atrás, cerrado y recién reformado. También tienen una pensión.
Tienen todo perfecto, limpio y pulcro sobre las costillas de la mujer de grandes ojeras.


Viven esperando la vuelta de un hijo que quedó allá, en Canadá, para que “tome las riendas del negocio familiar”.


Pulcro y cerrado.


El hijo, dicen en el barrio, no quiere volver, y no me extraño.



Curiosamente, viste la pareja de colores claros, siempre con la misma ropa. Ropa de quehaceres cotidianos.


A veces, él gritaba algo incomprensible, desde delante, girando el peluquín pelirrojo en contorsión macabra.


Ella bajaba la mirada, rezongando una respuesta inaudible, con ojos vengativos. Era el único atisbo de Libertad que se respiraba entre la pareja, de jerárquica distancia, casi procesión.


Para  .


4 comentarios:

  1. Tremebundo. Muy bueno.Como bien dice el título: "Como Dios manda". Un abrazo

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    1. ¡Gracias, me alegro de que te haya gustado! Un abrazo.

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  2. Excelente. Gracias por escribir estas cosas que nuestra mente necesita mas que nada hoy dia . Saludos

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    1. ¡Gracias! Me encanta que la gente comente mis historias. Un abrazo.

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